Tuesday, May 27, 2008

The Other Life


Ayer comencé a leer un libro llamado “From Paris to the Moon”, escrito por Adam Gopnik, un periodista de “The New Yorker’ que decidió vivir los últimos cinco años del siglo pasado- de 1995 al 2000- en París junto a su mujer y su hijo recién nacido.

Es un libro fascinante, no solo porque habla de la vida cotidiana parisina vista desde la perspectiva de un neoyorkino- tan inocente y tan sarcástica a la vez-, sino porque ofrece un vistazo a las enormes posibilidades de la decisión, tomada sin grandes planes ni razón, de comenzar una nueva existencia en un lugar que no es el propio.

Si uno va a saltar al vacío, pocos vacíos son mas seductores que París, claro.

Sentado bajo un árbol en el parque, en uno de esos gloriosos días del comienzo del verano, leí a medias. La mitad de mi cabeza concentrada en las aventuras de Gopnik; la otra mitad pensando en que habría sucedido, como habría sido mi vida, si en vez de haber abordado un avión a Nueva York, lo hubiera tomado a Londres, mi plan “B”, o a Buenos Aires, mi plan “C”.

¿Qué habría pasado si me hubiera quedado en Santiago?

Una de las razones por las que me fui de Chile, quizás la mas importante, fue que, a los 30, tuve una idea mas o menos clara de lo que venia hacia delante. Y lo que vi, a pesar de todos sus atractivos, me pareció insoportablemente aburrido.

Si jugaba bien mis cartas, podría haber llegado a ser editor. A tener un auto mas grande. Un departamento mas cómodo. Y, ¿Quién sabe? Hasta una casa en la playa.

Pero ni el puesto, el auto, el departamento, ni la casa en la playa me parecieron recompensas adecuadas frente a la tortura de levantarme cada mañana sabiendo, exactamente, como seria el día que comenzaba.

Así como algunos culpan a sus madres, yo culpo al cine de todas mis tragedias. La impaciencia de vivir el perfecto guión, la falta de tolerancia frente las menudencias de la rutina, el inevitable grito que lanzo cada vez que se quema una ampolleta, se cae la Internet o mis gatos- mis adorados gatos- descubren que no hay mejor baño que la alfombra, todo deriva de lo que he visto en la pantalla.

La realidad sale siempre perdiendo cuando se compara con el cine.

Según Gopnik hay dos tipos de viajeros. Uno que viaja, ve lo que ve, lo absorbe y lo guarda. El otro, que ya tiene una imagen de lo que va a ver- Paris, Nueva York, Shanghai- y hace increíbles esfuerzos para acomodar la realidad a su fantasía.

El dice que los primeros lo pasan mejor que los segundos. Y yo estoy de acuerdo.

Sentado bajo el árbol, leyendo “From Paris to the Moon”, me imaginé la otra vida.
La que no tuve.

Me imaginé aterrizando en Heathrow con dos maletas en 1992. Me imaginé buscando un departamento en el East End, caminando asustado y fascinado por calles que nunca conocí, buscando trabajo, viviendo aventuras, enamorándome, y tratando de encontrar, a final de cuentas, la misma vida cotidiana que había abandonado en Santiago.

Me imaginé hablando inglés, pero con otro acento.

Me imaginé en mi departamento en San Telmo.

Gopnik cuenta que un amigo, un ilustre intelectual, le dijo que su libro no era sobre Paris, sino sobre Nueva York.

No es raro.

Todo lo que escribo, todo lo que digo y todo lo que siento está filtrado por la ciudad donde crecí. Sigo mirando el mundo desde la esquina de Apoquindo con Tobalaba.

Pasa el tiempo, y Nueva York se siente cada día mas como mi casa y Santiago cada día mas como una ciudad extraña, mezcla de Lima y Los Angeles.
Hay barrios completos que no conozco, y podría entrar a una de esas nuevas autopistas que cruzan de La Dehesa al aeropuerto y no salir jamás.

Hablo con mis amigos en Santiago, y la mitad de las referencias quedan perdidas. Pero lo mismo pasa con mis amigos en Nueva York.

Decir que no soy de aquí ni soy de allá seria un cliché inexcusable, pero prefiero dar excusas antes que pensar en una frase mejor.

Gopnik volvió a Nueva York igual como yo, creo, volveré algun día a Santiago.

“¿Cuándo?”, me preguntó una amiga hace poco.

“No sé”- le contesté- “Cuando tenga 60, 70”

“Vas a volver a morirte entonces”, me dijo ella, sin ninguna compasión.

No. No voy a volver a morirme. Voy a volver a buscar aventuras en un lugar que me parece remoto, seductor, e irresistiblemente desconocido.

5 comments:

Anonymous said...

El hombre frente a su circunstancia.
Si escogiste vivir en NYC será por algo. Well, a lo que voy, el lugar es importante pero lo es más el individuo.
Comentario aparte lo de El Mercurio este sábado era idea tuya, o escribes con otro nombre ...
Saludos
Desde el lluvioso norte de Chile.
RR

Manuel Santelices said...

Hola RR,
Completamentede acuerdo, uno se arrastra a donde vaya y donde este...
Lo del sabado es lo que George Lois? Lo vi, meencantaria pensar que sacaron la idea del blog, pero no se....
Un abrazo desde SPRING NY!!

Sol said...

Qué lindo post. Sigo tu blog de hace tiempo, a veces inclusive me voy en busca del autor/libro/revista que citas. Gracias por compartir tus escritos. Saludos,

Pamela said...

¡Por qué me haces esto! no tengo tiempo para leer tanto libro y ahora quiero éste. Por suerte vivo lejos y los libros tardan bastante en llegar por este fin de mundo llamado Montevideo. Donde ¡vaya casualidad! vivo hace diez años. El próximo volveré a Chile, pero no a morirme, sino, como diría Neruda, a vivirme. Espero verte algún día...

Daniel said...

"mezcla de Lima y Los Angeles" jajaj eres genial !!!