Thursday, July 5, 2007

Let's do Drinks in the Library


Una de las ventajas de cambiarse de casa, como hice este 4 de Julio, es la oportunidad de empezar una nueva vida con todo fresco y nuevo.

Esa era al menos la idea.

52 cajas, 16 bolsas, cinco maletas, 2 gatos, David y yo cruzamos el East River de Manhattan a Brooklyn en un gigantesco camión, y a solo un día el nuevo departamento ya tiene ese aspecto cansado y en desorden de un closet olvidado al final del pasillo.

“David, ¿Necesitamos estos cables?”- le pregunté el día de la mudanza, sosteniendo una medusa de enchufes, alargadores y conexiones telefónicas cubiertos de polvo.

“Hmmmm…Llevémoslos, por si acaso…”.

Ahí están ahora, en una bolsa en el armario, seguros de que han encontrado un hogar para la próxima década. Por si acaso..

Las buenas noticias es que ahora tenemos una habitación extra que servirá de oficina, estudio, sala de televisión, pieza de alojados y biblioteca.

Si, biblioteca.

Nunca antes tuve una biblioteca. Solo libros desparramados por todos lados.

“No seria agradable tomar cocktails en la biblioteca y después pasar al comedor cuando tengamos invitados”, sugirió David, que, me temo, ha visto demasiadas obras de Noel Coward. “Let’s do drinks in the library”.

Considerando que la biblioteca estará a la a vista de cualquiera que visite el nuevo departamento y que, como sucede en las películas de Woody Allen, todos pasearán sus ojos por nuestros títulos mientras sostienen un Martíni en la mano, decidí que las repisas debían tener un aspecto elegante y cuidado, y reflejar el amplio espectro de nuestras inquietudes intelectuales.

Abrí la primera caja marcada “books”.

“Gay Guide to the USA” fue el primer titulo que apareció.

Hmmm…Lo puse a un lado, sin saber que hacer con él.

“The Bridget Jones Diaries” venia inmediatamente después, y aunque es uno de mis libros favoritos no me pareció que seria el mas adecuado para impresionar a Andrea, nuestra amiga profesora de Columbia, ambientalista, interesada en política y derechos de la mujer, que en su propia biblioteca tiene una colección de escritos de filósofos alemanes

Estoy seguro que en alguna parte vi un libro de Kant. ¿En qué caja vendrá?

Uno a uno, comenzaron a aparecer los libros de mi propia colección. “The Man Who Was Vogue”, de Carolina Seebohm; la autobiografía de Kitty Carlyle; “Model”, de Michael Gross; “Vogue Dialogues”; “Chic Savages” y “The Fashionable Savages” de John Fairchild; “The Fashionable Mind” de Kennedy Fraser; las biografías de Christian Dior, Halston, Anna Wintour, Jackie Kennedy Onassis, Barbara Hutton, Liz Tilberis, Slim Keith, Irving “Swifty” Lazar; los diarios de Cecil Beaton, de Andy Warhol, de Paris Hilton….

Siguiente caja.

Mi corazón se detuvo cuando vi las cuatro copias de “DV”, la autobiografía de Diana Vreeland; dos en tapa dura, dos en “paperback”, por si pierdo alguno. ¡Cómo amo este libro! …

”I Loathe Nostalgia”, dice el primer párrafo, “One night in Santo Domingo at Oscar de la Renta’s, Swifty Lazar, the literary agent, turned to me and said, “The problem with you, dollface”- that’s what he always calls me- “is that your whole world is nostalgia”. “Listen Swifty, “ I said, “we all have our own ways of making a living, so shut up”.

Puse los cuatro libros en la cuarta repisa de la estantería, el lugar principal, a la altura de los ojos cuando uno se encuentra de pie con un Martini en la mano.

“Four Blondes” y “Sex & The City” de Candace Bushnell venían inmediatamente después, seguidos de “The Mansions of Limbo” de Dominick Dunne, “Circus of Ambition” de John Taylor, y “The Beautiful People” de Coward McCann, los tres dedicados a la sociedad de Nueva York en los ochentas.

¡¿Dónde esta Kant?!

La siguiente caja era de “paperbacks”.

“Snobs” de Jullian Fellowes acumulaba polvo junto a “Los Diarios de Briget Jones” (de nuevo, en paperback, para llevar en los aviones); “Las Brujas de Eastwick” de John Updike, “The Philosophy of Andy Warhol”, y novelas de Jaime Bayly, Pedro Lemebel, Manuel Puig y Alberto Fuguet. Al fondo de la caja había una copia de mi propia novela, “Que Sabe Nadie”, y dos de “Sheila Levine is Dead and Living in New York City”, de Gail Parent, el libro mas importante de mi juventud.

Me senté en el suelo y leí la primera pagina: “A few years ago, on the East Side of Manhattan, not far from Bloomingdale’s, a man set up a business where he sold diet shakes, delicious chocolate milk shakes having only 77 calories…The man was investigated by the Food and Drug Comimission (or whoever it is who does that sort of thing). There were more than 280 calories in those diet shakes!
“I’m commiting suicide. DO YOU WANT TO LIVE IN A WORLD WHERE A MAN LIES ABOUT CALORIES?”.

Solo Dios sabe que vi en Sheila, una solterona gorda, judía, de Nueva York que decide suicidarse porque no encuentra marido. Lo único que se, es que fue mi mas fiel compañera de juventud.

Puse las dos copias junto a la autobiografía de Diana Vreeland, y, para efecto decorativo, instalé entre ellos la foto de “Kitty”, mi adorado gato que se sentaba entre mis pies mirando la ventana mientras yo trabajaba en mi antiguo departamento de la calle 22, en Chelsea.

Kitty murio el 2000.

La siguiente caja era de “coffee table books”, esos gigantescos libros de tapa dura hechos mas como objetos decorativos que como material de lectura: Richard Avedon, Roxanne Lowitt, John Galliano, Lilian Bassman, Chanel, Grace Kelly, Ron Galella, Annie Leibovitz, Faros de Nueva Inglaterra, Departamentos Parisinos, Clubes y Bares, New York 1960, Paris Mon Amour…Un libro detrás de otro, mas pesados que mi “box spring”.

Encontré uno rarísimo, que luce aburrido a pesar de su prometedor titulo: “On the Passage of a Few People Through a Rather Brief Moment in Time”.

Debería revisarlo.

Llego al final del día y aun no había terminado con las cajas de “books”.

“Se que en algún lugar tengo un libro importante”- pense.

“David, ?No teníamos un libro de Kant en alguna parte’?”- David estaba instalando los cables de los televisores en el living y el dormitorio y no contestó.

Hmmm. Abrí una nueva caja y me encontré con una portada que mostraba una cigüeña en diamantes, rubíes, esmeraldas y zafiros bajo el titulo “The Secret Life of the Duchess of Windsor”.

Lo puse en la cuarta repisa, a la vista de todos.

6 comments:

Jimena said...

Manuel, querido, eres un encanto. Y te adoro por eso.
Debo haber tenido 20 años (o quizás 21) cuando, sabiamente aconsejada por ti, lei "Sheila Levine está muerta y ahora vive en NY". Desde luego la devoré: era una novelita aguda y divertida, oscura en su estilo, completamente tuya, tan encantadora como tú mismo.
Sin duda, "Sheila..." es un libro que no he olvidado, ni olvidaré. Lamento no poder decir lo mismo de... ¿cómo se llamaba?... Ah, sí, claro, wikipedia me lo recuerda: "Crítica de la razón pura", del gran Inmanuel, un trabajo tan interesante y profundo como el sueño que me provocó cuando, obligada por circunstancias universitarias (no siempre las mejores consejeras), debí leerlo.
Espero poder algún día echar un buen vistazo, con el respectivo martini en la mano (más ahora que la gran Leonor Varela lo promueve), a esa soberbia biblioteca de la cultura pop de la que eres dueño.
Lo reitero: eres adorable. Salud por ti.

Jimena said...

Fe de erratas:
don Kant se llama Immanuel. No Inmanuel.
Seguro que la culpa es de Emmanuel.
:$

abner said...

Me gusta este blog, más que por el contenido, es por cómo está escrito.

No sería malo seguir leyendo anécdotas o historias..

Atte, lector chileno

Pamela said...

I wanna have all your books! (not the coffee table ones, anyway). Me encantó este tu blog. Será de hoy en más tu devota lectora. Besos y abrazos desde el frío!

andrea said...

Un solo ejemplar de tu propia novela?? Pero, hombre, tan modesto tú siempre. Hay que arreglar eso... beso
A.

Adriana said...

estoy feliz con tu blog!!! (a parte me dijiste que nadie lo leía y eres super popular JA!) me encanta lo que escribes.... 5 estrellas para ti! :)