Monday, December 17, 2007

Atonement


Después de ver “Atonement”- la película protagonizada por Keira Knightly y James McAvoy que arrasó con las nominaciones de los Golden Globes - sentí, como ocurre cada vez que veo películas ambientadas en alguna mansion en la elegante campiña inglesa de los años treinta, una profunda nostalgia por mi niñez.

No, no crecí en alguna zona rural británica con un nombre terminado en “sford” o “shire”, sino en el santiaguino barrio de La Reina, que para efectos dramáticos y con absoluta libertad literaria llamaremos de aquí en adelante The Queen.

Mi familia y yo vivíamos en la calle Carlos Dickens, a pocos pasos de Príncipe de Gales, y esas coordenadas sin duda ayudaron a que siempre sintiera una profunda y genuina sintonía con todo lo “british”.

Igual que la familia de Keira en la película, la mía celebraba el “tea time”. Las suyas con scones y sandwiches de pepino. Las nuestras con leche con plátano, nescafe y marraquetas tostadas con palta.

De vez en cuando mi madre, como la de Keira, se encerraba en el baño, se ponía su mejor vestido, armaba su pelo en un nido de laca tratando de imitar el estilo de Saby Kamalich en “Simplemente Maria”, y bajaba las escaleras para recibir a sus invitados en el “living”.

Su maquillaje era definitivamente “Swinging London”. Twiggy via Pamela Grant.

Si Keira tuvo su Segunda Guerra Mundial, yo tuve mi Golpe de Estado, y ese día, mientras los aviones sobrevolaban el barrio rumbo a La Moneda o la casa de Allende en la calle Tomas Moro, corrí en pantalones cortos por la calle buscando refugio igual que cualquier inglesito durante el bombardeo de Londres.

Billy Elliott in a hurry.



En mi casa, lamentablemente, no existió la tensión sexual del “upstairs downstairs” que abunda en las películas inglesas de época.
El servicio era reducido, y nuestra “nanny”- como llaman ahora a las empleadas de entonces- tenia el atractivo de un camión de mudanzas. Ni bajo pena de muerte habría tocado la puerta de su pieza junto al garaje.

Si hubiera habido un “gardener in-house”, quizás las cosas habrían sido distintas.

Eso no significa que en Carlos Dickens no hubiera secretos. Mi madre tenia los suyos. Mi hermana también. Y los míos comenzaban y terminaban con Miguel Bose cantando “Amante Bandido’.

Eso hizo que todos termináramos excomulgados. Excomulgados pero felices.

Hmmm, ¿En que estábamos?....

Ahh, si...Keira muere en la película sin consumar su romance, algo que, hasta donde sé, nunca ocurrió en nuestra casa de The Queen. En mi familia todos hemos tenido, a mucha honra, suficiente amor para cubrir ciento treinta horas de celuloide de Bertolucci.

O Almodóvar, en mi caso.

Pero aunque en nuestro hogar no abundaran las sabanas limpias, siempre mantuvimos esa distinguida tradición inglesa de lavarlas y plancharlas en casa, como si nada hubiera sucedido.

Keira y James tienen su primer- y único- encuentro amoroso en la biblioteca, con la melodía de pianos y violines.
No recuerdo donde fue el mío- seguro que no en una biblioteca- pero si recuerdo los acordes de “How Deep is Your Love” de los Bee Gees y, de ahí en adelante, mas hits que los publicados en Billboard.

Al final de “Atonement”- y sin ánimo de arruinar la película para potenciales espectadores- Vanesa Redgrave se lamenta de lo que pudo suceder y no sucedió.
Ese es un lamento que nunca conocí.
Todo lo que quise, todo lo que soñé, todo lo que pensé que nunca sucedería, sucedió.

2 comments:

Pamela said...

Bien por esa familia tuya que sabe VIVIR. Todo mi respeto y admiración. Eres cada vez más mi ídolo!!! besos navideños

Manuel Santelices said...

Gracias Pamela...Feliz navidad para ti tambien!! Un beso