Sunday, June 1, 2008

Yves


Yves Saint Laurent murió hoy, en París, a los 71 años.

El mayor genio de la moda francesa en la era post-Christian Dior, fue un hombre frágil desde su adolescencia.
Desde que a los 21 años se hizo cargo de la maison Dior, su existencia estuvo plagada de excesos, depresiones y flirteos con las drogas y el alcohol. Su estado emocional fue en ocasiones tan precario que parece un milagro que haya sido capaz de construir un imperio bajo su nombre, una hazaña que, sin duda, se debe en gran parte al apoyo y el afecto de Pierre Bergé, su fiel y leal compañero en su vida profesional y privada durante casi cinco décadas.

En los ultimos anios de su vida diseñador fue tratado con la misma devoción y respeto que un monumento histórico en Francia; un ícono, una imagen que a pesar de su influencia y poder parece cosa del pasado. El único diseñador que se acerca a su altura es Karl Lagerfeld, un creador que, a diferencia de Yves, se niega mirar hacia atrás y está haciendo extraordinarios esfuerzos para mantenerse vigente.

Ambos son los protagonistas de “The Beautiful Fall: Lagerfeld, Saint Laurent and Glorious Excess in 1970’s Paris” (La Hermosa Caída: Largefeld, Saint Laurent y el Glorioso Excesos de París en los 70), un libro donde la autora Alicia Drake retrata esa década dorada en la capital francesa, cuando los dos diseñadores eran dos estrellas que tenían al resto del mundo- celebridades, magnates, socialites y la prensa- danzando a su acelerado ritmo de decadencia y lujo.

En esa época, Saint Laurent había dominado por un tiempo- y gracias a las drogas- los demonios de sus niñez, y pasaba sus días trabajando arduamente en su atelier de la Avenue Marceau y sus noches en los clubes de moda, como Club Sept y Les Baines Douches, siempre acompañado de un ejército de ambiguas bellezas y sus dos musas, Loulou de la Falaise y Betty Catroux.
Bergé, siempre el responsable y maduro en esta relación, encerraba a su amante en su habitación, pero Yves, hambriento de aventuras y excitación, se escapaba por la ventana y no regresaba hasta el día siguiente envuelto en el dulce aroma de la cocaína y el Moet & Chandon.

París en la era de Saint Laurent fue una ciudad mágica, creativa y autodestructiva. Inspirado en la Duquesa de Guermantes de Proust y la Violetta de Verdi, el diseñador decidió desde temprano beber su vida en un sorbo, dejar que su cabeza diera vueltas y esperar, semidormido, el fin.
Nadie, y él menos que todos, pensó jamás que su último acto sería tan largo y doloroso, o que un delgado, pálido y trágico genio como él viviría hasta dar sus primeros atisbos a la senilidad. Ese no era el plan, y su longevidad resultó ser una cruel broma del destino.


El dinero nunca fue un objetivo para Yves, y aunque sus magnificas casas en París, Nueva York y Marrakesh podrían indicar lo contrario, lo que le interesaba no era el esplendor de gigantescas habitaciones cubiertas de tesoros bizantinos y vistas al Central Park o el Sahara, sino ese muro protector que le ofrecía un oasis alejado del resto del mundo.

A pesar de ser uno de los hombres mas célebres del planeta, Saint Laurent llevó siempre la más anónima de las existencias. Sus paseos favoritos eran en los barrios alternativos, las zonas de inmigrantes, los caserones de artistas, sitios donde podía recordar sin remordimientos su infancia en Algeria y su juventud en París.

Como corresponsal de Cosas estuve junto a Saint Laurent en dos ocasiones, y en ambas el poder de su presencia y la delicadeza de su salud fueron evidentes.

La primera fue en 1994, cuando lanzó su perfume “Opium” con una gran fiesta en la estatua de la Libertad en Nueva York.
Aunque Nan Kempner, Bill Blass, Oscar de la Renta, Lynn Wyatt, Chessy Rayner, C.Z. Guest y los Molyneux estaban ahí, Saint Laurent fue, por supuesto, el centro de todas las miradas, una atención que recibió con una mezcla de entusiasmo y terror. Cada vez que alguien se acercaba demasiado o que una conversación se alargaba mas allá de lo deseable, Pierre Bergé, protector, corría a salvarlo y lo escondía hasta que Yves recuperaba su compostura.

La segunda vez fue en París, un par de años mas tarde, durante uno de sus últimos desfiles en el Hotel Intercontinental en la Rue de Rivoli. Era una colección de primavera, y la pasarela se llenó de chaquetas bordadas, sombreros con flores y ajustadas chaquetas. Saint Laurent salió al final del show junto a Laetitia Casta, sonríó tímidamente frente a los aplausos y los flashes de las cámaras, y luego desapareció, tambaleando, detrás del escenario.

5 comments:

Anonymous said...

Antes del lanzamiento, Saint Laurent realizó una colección inspirada en China con el mismo nombre que el perfume, y para finalizar el desfile eligió una modelo oriental embarazada, aludiendo a la fertilidad de la mujer china, con un traje nupcial inspirado en las túnicas de las damas de la antigua corte imperial. Fue el precalentamiento antes del lanzamiento de Opium en noviembre de 1977, en la isla de Curaçao, con una fiesta fastuosa e inolvidable.

Manuel Santelices said...

Gracias por la informacion!

Anonymous said...

Se me olvidó poner mi nombre: era moi
RR

Manuel Santelices said...

RR You are genious!!

Pamela said...

Qué lindo perfil nos regalas de este grande de la moda. Percibo ternura y admiración.

Gracias!!