Tuesday, October 16, 2007

La Muerte de los Otros



Nada pone mas perspectiva sobre la propia vida que el obituario de los otros.

Mis favoritos están en las páginas del “Telegraph” de Londres, que aparte de los personajes esperados- el magnánimo millonario, el político que torció las ruedas de la historia, la estrella de cine que comenzó su carrera con un Oscar y la terminó sumergida en el sopor del Opio- publica verdaderas mini-novelas sobre la existencias de lunáticos y excéntricos.

Aquí están aquellos que pasaron décadas persiguiendo mariposas en el amazonas, se hicieron famosos por su habilidad para beber dos veces su propio peso en cerveza, o podían recitar los sonetos de Shakespeare de atrás para adelante.

Si usted practicó el canibalismo en su luna de miel, pasó años planchando las sábanas reales en Buckigham Palace o dedicó su vida al contacto con extraterrestres montando una antena de titanio en su techo, lo mas probable es que, al momento de muerte, su historia terminará en el “Telegraph”.

Revisando la edición de hoy, me encuentro nuevamente con la triste noticia de que hemos perdido a un puñado de personajes ejemplares.
Bob Denard fue un mercenario francés que orquestó una serie de frustrados golpes de estado.
David Buffet defendió las colonias inglesas enfrentando flechas envenenadas, una bruja y un caníbal.
Fritz Fryer fue guitarrista con “The Four Pennies”, un grupo que tuvo solo un éxito, “Juliet”, en 1964.
Cynthia Pitman fue gran dama y cazadora; tenia ochenta años y todavía aparecía a caballo, obsesionada con la caza de la zorra.

Pienso en mi vida y me pregunto que diría el “Telegraph” mientras mis restos se hunden en la tierra.

Mi favorito esta semana es el profesor Michael Frede, un profesor de filosofía de Oxford que, según el “Telegraph”, “amplió el conocimiento sobre los Estoicos, los Helenistas- post Aristotélicos y los primeros Platonistas Cristianos”.

Mi interés, seguro, se debe a que no tengo idea de qué estamos hablando.

En la foto que acompaña su obituario, el profesor Frede se ve como uno de esos ilustres académicos que hacen burbujear el libido sin mas herramientas que una mirada intensa y una mente brillante sin límites. El párrafo que se refiere a sus dos matrimonios, sus dos divorcios y la tristeza provocó su desaparición en su actual novia- otra profesora de filosofía Helenista que lleva el enigmático nombre de Katerina Ierodiakonou- hace que la imaginación corra de inmediato hacia algún affaire en la Biblioteca.

El profesor Frede murió a los 67 años, la plenitud de la vida si uno es, como fue él, “profesor de Historia de la filosofía en Oxford University y uno de los mas importantes y aventureros académicos de filosofía Antigua en los tiempos modernos”.

Según el obituario, aunque Frede era obviamente parte del “establishment” universitario en Inglaterra y Estados Unidos, nunca perdió su espíritu revolucionario. Algo que, a mis ojos al menos, hace aun mas lamentable su partida.

Mi corazón se llena de tristeza pensando en los desayunos que perdí junto a este seductor de cerebros. ¿Cómo no tuve la suerte de sentarme junto a él una manana en su departamento a las afueras de Londres, con un plato de huevos, salchichas y tomates, a leer el diario y esperar sus comentarios?

“El sofismo”, dijo en una oportunidad, “es tratar de dar vueltas a un argumento que se sabe que es falso y que, examinado en profundidad, sigue siendo falso. Los sofistas en mi clase no tienen ninguna posibilidad de éxito”.

¿Por qué este hombre no estuvo nunca en la televisión analizando los discursos de George W. Bush?

Debería cancelar mi suscripción al cable.

Después de pasar por Princeton, Harvard y Berkeley y publicar su primer libro “Prädikation und Existenzaussage”, el profesor llegó a Oxford en 1976 donde se hizo rápidamente conocido por su talento para desafiar intelectualmente a sus pupilos- y al resto de los profesores- con una agilidad y frialdad que habría provocado el orgullo del propio Sócrates pero que le trajo pocos amigos.

Todo eso, sin embargo, quedaba olvidado en el Pub local, donde su agudo sentido del humor subía al mismo tiempo que la espuma en la cerveza.

Si uno muere como uno vive, lo mas probable es que yo muera frente al televisor, viendo viejos re-runs de “The Golden Girls”, con un Marlboro Light colgando de mi boca, mis gatos acurrucados junto a mi, mil revistas repartidas junto a mi cama y con Karen Carpenter entonando “We’ve Only Just Begun” en el I-Pod.

El profesor Frede murió el 11 de Agosto pasado durante el coloquio de filosofía Helenística en Delphi.

Esa mañana se sumergió las aguas cercanas a la cueva de Itea, en el Golfo de Corintios, y nunca mas volvió a la superficie.

2 comments:

Pamela said...

Un post con muchas lecturas. He recogido lo que he podido. Yo diría de tí que me alegras las mañanas de café, sin cigarrillo.
Un beso

Manuel Santelices said...

Hola pamela, Wecome back!! ya te estaba echando de menos...Un abrazo
M