"Who Shot Rock & Roll", la exhibicion que tuvo su "press preview" hoy en el Brooklyn Museum, es una leccion de rock, de historia y de fotografia.
Un ojo personal en cine, arte, literatura, revistas, sexo, moda, politica y cultura pop.
Thursday, October 29, 2009
Who Shot Rock & Roll? They did!!
"Who Shot Rock & Roll", la exhibicion que tuvo su "press preview" hoy en el Brooklyn Museum, es una leccion de rock, de historia y de fotografia.
Wednesday, October 28, 2009
Urs Fischer en el New Museum
Thursday, October 8, 2009
Almodovar-Cruz...A Love Story

Antes de siquiera escribir el primer párrafo de este post debemos aclarar que no, no sabemos si Penélope Cruz está o no embarazada. Pero si lo está, no lo parece.
La actriz entró hoy por la noche al auditorio de The New York Times con el pelo largo bien tomado detrás de un cintillo, montada en altos tacos y envuelta en un ajustado vestido negro que dejaba al descubierto suficientes curvas para justificar su estatus de “sex symbol” pero no tantas como para amenazar su fama de “fashion icon”.
¿Y el vientre? Invisible.
Detrás de ella, Almodóvar, que sí mostró orgulloso su barriguita en una polera rojo furioso semi escondida debajo de una chaqueta de cuero negro. Apenas se sentó en su silla, el director aclaró que se pondría lentes de sol- aunque el auditorio no tenia ventanas y ya era de noche- porque sufría “fotofobia”, y pidió que lo perdonaran si no entendía todo lo que se decía, porque su inglés es, con suerte, rudimentario, y porque está sordo del oído derecho.
Y entonces comenzó la conversación, parte de la serie TimesTalks, que en esta ocasión fue conducida por Lynn Hirschberg, una de las editoras de The New York Times Magazine, y que se concentró en la relación entre la estrella y el director y su nueva película,
“Los Abrazos Rotos”, que se estrenará en Estados Unidos el 20 de Noviembre.
Escuchando hablar a la pareja quedan pocas dudas de que la suya es una historia de amor.
Penélope contó que había soñado con trabajar con Pedro Almodóvar desde que vio “Átame” a los 13 años. “Esa fue la película que me hizo decidir convertirme en actriz”, dijo, “Al día siguiente salí, conseguí una agente- la misma que tengo hasta hoy- y comencé a ir a audiciones. Hice algunas cosas, pero seguía obsesionada con Pedro. Averigüé donde vivía, y muchas veces fui a la esquina de su calle por si lo veía aparecer en la terraza de su departamento. Mentí sobre mi edad para entrar a ‘La Gloria’, el club que él frecuentaba por entonces, pero nunca lo encontré”.
Como todos los grandes romances, este también está lleno de coincidencias y malos entendidos. Mientras Penélope recorría las calles de Madrid buscando a Almodóvar, Almodóvar se enamoraba de ella observándola en “Jamón Jamón”, la película de Bigas Luna donde la actriz devoró a besos a Javier Bardem y donde demostró una intensidad y sensualidad que, francamente, habrían resultado alarmantes para cualquiera que hubiera sabido que esa jovencita- todo boca y todo pelo- tenia apenas 17. Y sí, para conseguir el papel Penélope volvió a mentir sobre su edad.
“Un día estaba secándome el pelo en el baño de mi casa cuando mi madre me aviso que Almodóvar estaba al teléfono. Pensé que era una broma”, contó. El director no le dio un papel en “Kika” porque era demasiado joven, pero le prometió no la olvidaría. Y así fue. Un par de años después le dio un pequeño rol en “Carne Trémula” y luego uno protagónico en “Todo Sobre mi Madre’. “Me explicó que se trataba de una monja enamorada de un travesti, que tiene un hijo con él y se enferma de Sida. ¿Cómo podía decir que no?”.
El asunto suena trágico y divertido, las dos columnas de toda la obra del director español. “Esa es una característica de nuestra cultura”, explicó él, “Nos reímos de las tragedias porque es la única forma de soportar el dolor”.
“Los Abrazos Rotos” no es una excepción, y esta historia de una bellísima mujer que sueña con ser actriz y que vive bien cuidada por su maduro y millonario amante, está llena de drama y comedia. En una escena, el magnate se entera de la repulsión que provoca en su concubina- y no hay otra forma de describirla- cuando contrata a una lectora de labios para que descifre lo que dice sobre él en un seudo-documental- un reality show- sin sonido. La idea se le ocurrió, dijo Almodóvar, después de que los canales de noticias españolas contrataran a un personaje similar para averiguar que le había dicho Letizia de Asturias al Príncipe Felipe en el altar el día de su matrimonio. “Le dijo ‘todo es tan hermoso’, y el país, que estaba esperando algo mas sabroso, quedó decepcionado. De ahí en adelante todos los políticos españoles hablan con la boca tapada”.
El comentario arrancó risas en los casi 400 afortunados presentes esa noche, y las risas siguieron durante casi dos horas, porque Almodóvar, genio que es, habla como piensa, y todo lo que piensa es irónico, dramático, teatral, sentimental y divertido, una verborrea manchega tan magistral que parece haber sido dictada por el mejor escritor español.
Y hablando de escritores, alguien le preguntó qué consejo le daría a los jóvenes guionistas. Sacándose los lentes, el director advirtió que consejos no daba, y reglón seguido se contradijo a sí mismo y dio el mejor de todos. “Escriban sobre lo que les da miedo. Escriban sobre lo que les da vergüenza. No piensen en el mercado. Súbanse al metro, al autobús, párense al medio y escuchen las conversaciones ajenas. Escriban sobre lo que aman, aunque les suene ridículo. Y escriban desde el corazón”.
Penélope, que tiene la actitud cuidada de los que saben que todos los ojos están permanentemente sobre ellos, puso sus manos en su pecho y dijo entonces que Almodóvar había hecho su vida mas plena. “Pedro está abierto a la vida y a la gente”, aseguró, “Escucha y se ríe con todo el mundo. Está siempre rodeado de travestis, de ancianos, de jóvenes, de gente con historias…Ver la vida a través de sus ojos es una experiencia espectacular’.
La actriz comparó al español con Woody Allen y dijo que ambos tenían una visión similar sobre las ironías de la vida. Los dos, agregó, son capaces de ver lo divertido en la tragedia. “Cuando estábamos rodando ‘Vicky Cristina Barcelona’ tenia miedo de exagerar la locura de mi personaje, Maria Elena, pero Woody me dijo que no, que siguiera igual de loca, porque había conocido muchas mujeres como esas en su vida”.
Una de las ventajas de una conversación de largo aliento como las que organiza con bendita frecuencia The New York Times, es que hay tiempo y espacio para hablar de casi todo. Y si el que habla es uno de los grandes del cine, conviene escuchar cada palabra.
Almodóvar habló de su niñez en La Mancha, de cómo ese aquelarre de mujeres con las que creció se convirtió en la inspiración para “Volver”, una de sus películas mas autobiográficas y la de mayor éxito comercial.
Dijo que recordaba perfectamente a su madre y sus amigas, besándolo como pulpos, bigotudas y chismosas, completamente inconscientes de que él, a los cuatro años, ya escuchaba y guardaba todas sus historias. Para crear el rol principal de esa película- que le valió a Penélope su primera nominación a un Oscar- vio viejos filmes del neorrealismo italiano, esos fabulosos dramas protagonizados por Sophia Loren y Ana Magnani.
“En el cine español las madres nunca fueron sensuales, pero en el italiano sí. En ‘Dos Mujeres’ la Loren es madre por sobre todas las cosas, pero también es increíblemente sexual. Quise darle ese regalo a mi propia madre”.
Luego, sin siquiera dar un suspiro, habló de moda y de cómo los trajes y vestidos son parte fundamental de sus personajes. Contó que el vestido Chanel que Lena- su personaje protagónico en “Los Abrazos Rotos”- luce en una glamorosa escena es un símbolo “de todas las cadenas doradas que la atan”, y como John Galliano creó para la película un vestido rojo inspirado en el “new look” de Dior, que para él es el perfecto emblema del “film noir” de Hollywood en los años 50.
Y de ahí al color, otra de sus muletillas, vibrando en todas sus películas. “Pinto los muros y los pisos del color que me gusta”, explicó, “y luego pongo a los actores y sus vestidos contra él, para ver como se ven. El rojo es un color importantísimo en mis filmes, primero porque es muy español, y segundo porque se ve bien en todas partes. Mis autos son todos rojos, porque es un color que combina con cualquier carretera”.
Y de ahí a la música, las magnificas melodías que en sus últimas siete películas han sido creadas por Alberto Iglesias. “Tengo la suerte enorme de trabajar con él”, confesó, “porque no solo es un gran compositor, sino también una buena persona y eso es muy importante. Alberto no tiene ego y no le importa que yo, que de música se poco, le diga que tal o cual nota no me suena. No se si debería decirlo, pero mi colaboración con Ennio Morricone fue muy distinta. En ‘Átame’ ocupé menos de la mitad de la música que había compuesto’.
Almodóvar tiene con Penélope una relación similar a la que algún día tuvo con Antonio Banderas. Pero, como sugieren sus declaraciones de esta noche en Nueva York, ese fue un romance que murió de forma natural. “Ensayo muchísimo con mis actores, porque a menudo la décima toma es la mejor”, dijo, “Pero con Antonio era distinto. Confiaba mucho en sus instintos, que en esa época eran fantásticos. Le rogaba que no aprendiera sus parlamentos, que actuara siguiendo su intuición porque siempre resultaba mejor. Cuando pensaba mucho en una escena era una catástrofe”.
Mientras Banderas se ha entregado en cuerpo y alma a Hollywood, Almodóvar, a pesar de todas las invitaciones, sigue manteniendo una saludable distancia. “No me niego a hacer una película en inglés si el guión me gusta. Lo que no haría es una producción de Hollywood; creo que saldría perdiendo en la traducción”.
Uno de los mas cercanos intentos fue un “re-make” de “Two for the Road”, la película de 1967 de Stanley Donen, protagonizada por Albert Finney y Autrey Hepburn. “Yo no soy el director adecuado”, dijo, “Y es un filme que todavía me suena increíblemente moderno. ¿Pero no seria Penélope una perfecta Autrey Hepburn?”.
Penélope, sonriendo con sus ojos oscuros, se quedó en silencio y simplemente puso su mano sobre el hombro del director.
Monday, September 7, 2009
Anchor Woman

ABC acaba de anunciar que Diane Sawyer será la conductora de su noticiero central a partir de Enero próximo. La noticia, según algunos, es revolucionaria porque por primera vez el segmento de las 6:30 a las 7 PM, el horario de “prime news” en las cadenas abiertas norteamericanas, estará dominado por mujeres. (Katie Couric está a cargo del noticiero en CBS).
Pero esta es una revolución a medias y totalmente tardía, como recordó Alessandra Stanley en The New York Times este fin de semana, porque con noticias 24/7 en el insufrible cable, los “noticieros centrales” hace rato que perdieron todo poder e influencia.
Son una reliquia, un símbolo añejo de esos mismos tiempos en que uno esperaba el día de mañana para leer las noticias de ayer en el periódico.
Lo que sí merece un titular es la propia Sawyer, que aunque comparte el pelo rubio, la voz aterciopelada, la cara bonita y las largas piernas que abundan entre las lectoras de noticias- a veces pareciera que Fox y CNN buscan las suyas entre ex finalistas de Miss América circa 1993-, tiene un elemento que la distingue del resto: su edad.
Diane tiene 62 años.
62 años estupendamente bien mantenidos- “ridículamente” bien mantenidos, según la Stanley- pero 62 al fin y al cabo.
¿Cuándo fue la ultima vez que vió a una mujer de esa edad avanzar en su carrera televisiva?
La televisión- y que no haya malentendidos; soy un adicto- es una moledora de carne cuando se trata de talentos femeninos. Aquí la carrera es corta y cruel, como la de una bailarina, e incluye la lectura del pronostico del tiempo o el reporteo de concursos culinarios entre los 20 y los 30, el noticiero de la tarde o despachos “serios” desde la bolsa entre los 30 y los 40, y, después de eso, encontrarse en la incómoda posición de saber que sus jefes no tienen idea qué hacer con un “rostro” que ya comienza a mostrar un par de arrugas.
¿Y Barbara Walters?, dirá usted. ¿Y Meredith Vieira? ¿Y Christiane Amanpour?
Y ahí se quedará, tratando de pensar en otro ejemplo.
Los ejecutivos de televisión le dirán que este es un fenómeno inevitable, que la televisión es un “medio visual” y que por lo tanto exige ciertos estándares de belleza física.
E inmediatamente después se despedirán, porque van corriendo atrasados a celebrar el cumpleaños numero 104 de Larry King.
Así las cosas, no queda mas que celebrar la llegada de la Sawyer- que dicho sea de paso es la mujer del brillante director Mike Nichols- como una brisa de aire fresco en los noticieros americanos.
¡Viva la revolución!
Thursday, August 13, 2009
The September Issue

Antes de leer el próximo párrafo, vaya a su botiquín y busque un “Enviex” para evitar un ataque de envidia.
Hoy vi “The September Issue”, el documental de R.J. Cutler sobre la creación de la edición de Septiembre del 2007 de “Vogue”, la mas grande en la historia de la revista.
840 páginas.
La película, que no se estrenará en Estados Unidos hasta el 11 de Septiembre- justo cuando comienza la Fashion Week de Nueva York-, ha sido motivo de comentarios y rumores durante meses porque, claro, en el centro de la acción está Anna Wintour, editora en Jefe de “Vogue”.
Si no sabe de quién estoy hablando, es porque jamás leyó este blog.
El filme ha sido ampliamente publicitado como una mirada íntima al cerrado circulo que rodea a la editora y, mejor aun, un rarísimo vistazo al carácter y la personalidad de la que muchos consideran la mujer mas poderosa en el mundo de la moda internacional, un fabuloso insecto fashionista talla 2 con nervios de acero y vocación de dictadora.
Pues bien, ni con todo su poder y gloria, Anna fue capaz de evitar que Grace Coddington, literalmente, le robara la película.
Este es un asalto inesperado y bienvenido, porque la Coddington, que en “The September Issue” es descrita- por la misma Wintour, no less- como “la editora de modas mas brillante del mundo, un verdadero genio”, trae humor, simpatía, sentido común y, más que nada, humanidad, a un mundo que de otra manera habría quedado plasmado en el celuloide como un universo frío y calculado.
El mundo de la moda.
A diferencia de otros geniales documentales sobre el tema como “Unzipped” – sobre Isaac Mizrahi- o “Valentino: El Ultimo Emperador”, esta es una película absolutamente despojada de glamour.
Aquí todo es negocios, y minutos pasan y pasan mientras Anna, con la rigurosidad de un general, planea transacciones y complots, da consejos sobre ventas y entregas de mercancía, lanza millonarias sesiones de fotos al tarro de basura porque no le gusta el resultado, o, con una sola mirada, decide que tal o cuál vestido de couture no tendrá un espacio en su revista y quedará, por lo tanto, condenado al olvido.
Negocio cruel el suyo, para el que está bien preparada.
Hija de uno de los periodistas mas respetados de Inglaterra, su hermano, según explica en la película, se dedica a conseguir habitación para los mas necesitados de Gran Bretaña, y su hermana a proteger los derechos de los campesinos en Latinoamérica.
Su propia hija, Bee, tan linda, tan chic, dice frente a las cámaras que jamás se dedicaría a la moda como su madre, que es una industria extraña, llena de personajes excéntricos que piensan que el mundo empieza y termina en la pasarela.
No señor, Bee quiere ser abogado.
Y ahí queda Anna, con su elegante rostro incómodamente congelado en la pantalla grande, confesando con su mirada que tanto esfuerzo y trabajo, tantos disgustos, tantas exasperaciones, solo provocan “diversión” entre sus mas cercanos.
“Mi familia piensa que es lo que hago es ‘amusing’”, dice sonriendo. Una sonrisa que no tiene nada de alegre.
Y justo ahí, cuando se la ve más insegura, es cuando su imagen de cuidada perfección se enfrenta a la de la Coddington, la mujer que ha sido su mano derecha durante mas de veinte años.
Son colegas, pero eso no significa que sean amigas.
En una escena, ambas esperan un ascensor para subir al atelier de Jean Paul Gaultier en Paris. Y aunque son solo unos segundos, en el silencio de su relación se siente como un siglo.
La Coddington no le tiene miedo a la Wintour. Quizás es la única. Y de pronto pareciera que, por el contrario, es la Wintour la que se siente intimidada por esta mujer de cara blanca y orgullosas arrugas, pelo rojo enrizado como el de una bruja, que se pasea por los pasillos con una autoridad y una experiencia que dejan sin aliento.
Si la Wintour es el Papa- como alguien la describe en el documental- la Coddington es la Madre Superiora.
Una esta allá arriba, en la soledad del trono. Es la otra la que lleva la carga del día a día.
Grace, una ex modelo que abandonó esa carrera después de un accidente automovilístico que dejó marcas en uno de sus ojos, no muestra un atisbo de pretensión.
Mas increíble aun, tampoco muestra una huella de ambición.
Con la calma de una institutriz que ya ha sufrido una buena cuota de niños malcriados, recorre las oficinas de “Vogue”- que no son tan elegantes como uno supondría- dando lecciones de ironía, de amable sarcasmo, y de constante calidez.
La cámara la sigue a Paris, donde ha asistido a las colecciones de couture durante cuatro décadas, y descubre que sus ojos no se iluminan frente a las barrocas colecciones de Galliano o Gaultier, sino frente a un perfecto jardín. “!Que belleza!”, dice con genuino aprecio, y observando el paisaje no queda más que coincidir con sus palabras.
Montada en un taxi, cuenta que comenzó su carrera trabajando para Norman Parkinson, el célebre fotógrafo. “El me dijo que no cerrara nunca los ojos”, dice, “que jamás durmiera en el auto, porque todo lo que vea a través de la ventana es inspiración”.
Como amé a esta mujer.
Inspiración le sobra. Y profesionalismo también. Sin hacer ningún alarde, termina siendo la gran estrella de la edición de Septiembre, que ese año publicó exclusivamente su trabajo, salvo por una lamentable sesión de fotos en Roma con Sienna Miller para la portada, fotografiada por Mario Testino.
Mientras la Wintour apenas le dirige la palabra a sus subalternos- y si lo hace es para llamarles la atención sobre un detalle que no corresponde a sus estándares-, la Coddington no deja en ningún momento de crear complicidad con todos los que la rodean. Incluso con el camarógrafo del documental, al que convence de participar en una de las sesiones de fotos.
La Wintour, cuando ve esa imagen, decide que el camarógrafo es demasiado obeso y que ese es un problema que debe ser solucionado rápidamente gracias al abracadabra del photoshop.
Grace, sin siquiera darse la molestia de informar a la editora, decide que la foto es mucho mas interesante con una buena panza.
“Es bueno tener gente real en las fotografías”, asegura, “basta con que las modelos sean irreales”.
El resto de los protagonistas de la película son una comparsa que no provoca ninguna sorpresa. Las “voguettes” son todas delgadas y crispadas. Mario Testino es un divo que no fotografía el Coliseo porque no le parece interesante. Y André Leon Talley es retratado (injustamente) como una “fashion victim”, un gigante que juega tenis- porque Anna se lo “sugirió”- acarreando bolsos deportivos, porta raquetas y toallas con el logo de Vuitton. Una caricatura.
Millones van y millones vienen. Gigantescos baúles de ropa cruzan el Atlántico de lado a lado; abundan las pelucas, los postizos, los elegantes salones del Ritz de Paris, y también abundan los rechazos.
Chanel (Iman) y Hilary (Rhoda)… Out!!
Así las cosas, es mejor dejar que Anna saque cuentas en su oficina. El corazón de “Vogue” – y de “The September Issue”- pertenece a Grace Coddington.
Wednesday, August 5, 2009
Are You Poorgeois?

Los llaman la “Poorgeoisie” y son- según “The Wall Street Journal” en Nueva York y “The Guardian” en Londres- la nueva “bourgeoisie”, una burguesía disfrazada de modestia que consume tanto o más que la tradicional pero que detesta exhibir los frutos de su riqueza. Son los “ricos anti-ricos”, como dijo el Journal, y aunque su origen aparentemente está en enclaves “poorgeois” como Brooklyn o Portland, ahora extienden sus redes por todo el planeta.
Esta no es una casta fácilmente reconocible, porque igual que sus antecesores, los “bohemios burgueses” o “BoBos”, los miembros de la pobresia no buscan impresionar a nadie que no sea uno de sus pares. Para el resto no parecen mas que un puñado de jóvenes neo-hippies en ajustados jeans, camisas leñadoras y viejos bolsos de cuero, porque ¿quién iba a saber que el bolso en cuestión fue hecho a mano en material reciclado del siglo 19 y adquirido en el ultra chic Dover Street Market de Londres por una pequeña fortuna?.
“ La ‘poorgeoisie’ es un movimiento contracultural de ricos que han adoptado un consumismo que va en contra del consumismo”, explicó “The Guardian” recientemente, “Gastan dinero con el propósito de parecer que no lo han gastado. Son personas ricas que no quieren parecerlo; sienten vergüenza de su fortuna en momentos de crisis económica”.
Así, a primera vista, los jerarcas de la casta parecen pobres mortales. A menudo se trasladan en bicicletas “vintage”, cultivan sus propias hortalizas y viven casas que, observadas desde fuera al menos, son un grito de poca pretensión.
¡Ah, pero cruce las puertas y se encontrará con otro mundo!
La mujer “poorgeois” es una diosa del minimalismo y sabe reconocer perfectamente las ventajas de cada diseño y material. Junto a su decorador- otro “poorgeois” que, con sus gastados pantalones de Rag & Bone y sus T-Shirts de Project Alabama no tiene nada que ver con el diseñador de interiores tradicional- recorre mercados de las pulgas en Londres, Paris y Buenos Aires buscando muebles y objetos que creen una atmósfera de envejecida y discreta elegancia. El ‘look” es muy industrial siglo 19, mezcla de Dickens y Proust, con cómodos sillones de cuero, lámparas de alguna antigua fábrica, picaportes de cristal y arte contemporáneo en los muros adquirido en la White Cube gallery de Londres, en Phillips & de Pury en Manhattan, o directamente en el estudio de un prometedor artista berlinés.
No seria raro que un visitante distraído pensara que en estos salones no abunda la limpieza; pero no se equivoque, porque la familia “poorgeois” mantiene el aspecto añejo y mohoso de sus residencias con la ayuda de una o dos ‘au pairs” de Ghana o Trinidad que aparte de mantener el aspecto cuidadosamente descuidado de la residencia, tienen entre sus responsabilidades exponer a los niños de la “poorgeoisie” a una muy necesaria “diversidad cultural”.
Por vocación, estética y estilo de vida, el hombre “poorgeois” luce siempre algo de pelo en su cara. Eso le da un aire rudo, varonil, alejado de toda moda o tendencia, que combina perfecto con su Vespa original de 1958 adquirida a precio astronómico en una venta de Sotheby’s en Roma.
A diferencia de la burguesía tradicional, que no pierde oportunidad de hacer alarde de sus posesiones, la nueva “pobresía” jamás habla de dinero. Le parece de mal gusto andar diciendo que pagó 40 dólares por una libra de procciutto o que el vino varietal en su mesa, tan deliciosamente decadente, proviene de su propia viña en Napa.
La educación es prioritaria para este grupo, y Harvard, Yale, Cambridge, Wharton y Oxford son terrenos que les resultan bien conocidos. Titulo en mano, sin embargo, rechazan ofertas en gigantescos bancos o empresas multinacionales, y se dedican a crear sus propias carreras en áreas “creativas” como el ‘dealership” de arte, la edición de libros alternativos, líneas de moda ecológicas, sitios de Internet o la fabricación de productos orgánicos. Solo Dios sabe cómo, estas empresas invariablemente se transforman en pequeños gigantes económicos, un “karma” que el “poorgoeis” prefiere ocultar por terror a ser considerado burgués o, pero aun, un “maldito capitalista”.
La televisión en estos círculos es considerada enemiga número uno, salvo cuando se trata de programas culturales o debates de actualidad. Solo entonces la pareja “poorgeois” se instala frente a la pantalla, ella con una taza de té de “Marriàge Frêres”, la exclusiva marca parisina, y él con una de café “Stumptown” de Oregon, el único café- recién molido por la ‘au pair’, por supuesto- que los miembros de la casta aceptan como suyo.
Cuando se trata de vida nocturna, jamás se encontrará con un “poorgeois” rogando por una mesa en el “Monkey Bar” de Nueva York o haciendo una larga cola para entrar a “Favela Chic” en París. Los lugares de moda no le interesan, y pagar una cifra de dos dígitos por un “drink” solo para estar sentado a dos mesas de Madonna le parece obsceno. En cambio, prefiere sitios como “The Wapping Project” en Londres, un espacio de arte y restaurant de ambiente definitivamente “poorgeois”, ubicado a solo pasos de la Tate Modern, donde es posible disfrutar un simple plato de pasta sin que nadie sospeche que lleva un precio de 45 dólares en el menú.
“Poorgeoises” hay en todas partes. En Nueva York no es raro encontrarse con ellos en Williamsburg, el súper ‘trendy” barrio donde estos “hipsters” viven en decaídos espacios industriales renovados a un costo de 1.5 millones de dólares, o en las tiendas de antigüedades de Atlantic Avenue, también en Brooklyn, donde una tarde shopping significa gastar 26 mil dólares en una vieja mesa de carnicero, perfecta para el escritorio.
En Londres están en Notting Hill, en el Southbank o en los alrededores de Hoxton Square. En Buenos Aires, obviamente, en Palermo SoHo. Y en Chile, donde la nueva generación de actores liderados por Benjamín Vicuña y Gonzalo Valenzuela es el perfecto ejemplo de la vibrante “poorgeoisie” de la ciudad, se concentran en viejas cuadras de Providencia, Nuñoa y La Reina.
Si quiere integrarse a esta tribu cool, comience por esconder sus vestidos de Versace y sus carteras de Prada, deshágase del Porshe y olvídese de las vacaciones en el Four Seasons de Bali. La vida simple es lo que se usa. Aunque salga mas cara.
Wednesday, July 8, 2009
Bewitched

Hace unos días, el ex candidato presidencial John McCain se unió al coro de voces republicanas que exigen que el asunto de la tortura en Guantánamo durante la administración Bush no sea investigado. Hurgar en esas acusaciones, dijo, seria “una caza de brujas”.
Abracadabra, pata de cabra
Que este hechizo dorado
deje todo olvidado.
El candidato no debería haber invocado el nombre de las brujas con tanto descuido. Sin quererlo, puede haber creado un aquelarre.
Según un articulo de opinión publicado la semana pasada en “USA Today” por Mary Zeiss Stange, una profesora de temas femeninos y religión de la Universidad de Skidmore, nadie conoce mejor los horribles efectos de la tortura que una hechizada.
Entre los siglos 15 y 17, recordó en ese periódico, miles de personas fueron acusadas, torturadas y sentenciadas por la Inquisición y por un circo farsante de jueces formado por hombres que, además, eran en su mayoría sacerdotes.
Gran parte de los acusados eran mujeres, y por eso ese horroroso periodo histórico es también conocido como el “holocausto femenino”. Pero también hubo judíos de ambos sexos, personas física y mentalmente incapacitadas y, por supuesto, homosexuales, todos sospechosos de crímenes que incluían desde destruir cosechas y causar la muerte de recién nacidos a, convenientemente, provocar la impotencia masculina.
A alguien tenían que culpar de semejantes desgracias, y si no podía ser El Creador, ¿por qué no las brujas?
Igual que los torturadores modernos, estos guardianes de la moral buscaban confesiones. Y para obtenerlas recurrieron a planchas calientes, agua hervida, ataque de perros, privación de comida o sueño… ¿Suena conocido?
Si la administración Bush tuvo sus “torture memos”, la Inquisición Católica tuvo su “Malleus Maleficarum”, un libraco siniestro donde la Iglesia explicaba, por ejemplo, por qué es mas conveniente usar tal sistema de tortura y no otro para obtener la confesión deseada.
Y confesiones hubo, entonces y ahora.
Según la Zeiss Stange, las supuestas brujas fueron consistentes en sus historias de romance con Satán y la brujería. Tan consistentes, que sus confesiones parecen una sola: la confesión de cualquier persona que, bajo las penas del infierno, está dispuesta a decir lo que su torturador le indique.
El articulo (y algún día aprenderé como crear links en este blog) deja con el corazón destrozado, no solo porque estas atrocidades hayan existido, sino porque pueden volver a existir.
Después de leerlo pensé en “La Hechizada”, mi serie favorita en la niñez. ¿Habrían torturado a Samantha? ¿A Endora?
Igual que esta brujas de película, viví durante largo tiempo escondiendo mi identidad en medio de la placidez de un suburbio de clase media, temeroso de que alguien descubriera que ahí, a plena vista, en el colegio, en la iglesia, en el supermercado, en el gimnasio, había un peligroso impostor.
Samantha y Endora, pensé después, habrían arrancado de los torturadores con una simple arriscada de nariz y aparecido segundos después en lugares mas apropiados para una bruja, como la corte de Louis XV o la Roma de la Dolce Vita.
Yo, en su momento, arrisqué la mía y aparecí en Nueva York, completamente hechizado.
Ahora McCain, Dick Cheney y sus secuaces han llegado a practicar su brujería a mi puerta. Pero son solo aprendices de mago, pobres David Copperfields políticos que no tienen idea de cómo crear un hechizo eficiente, que confunden una cola de gato con un hervidero de yesca, una poción de amor con una de venganza, o, peor aun, un mantra de justicia con uno de crueldad.
Yo, por mi parte, lanzo mi propio hechizo.
Samantha, Endora
que viva Gomorra
Que McCain, Cheney y Bush,
queden convertidos en ositos de plush.
Wednesday, July 1, 2009
VOGUesquire

Si cuando tenia trece o catorce años alguien me hubiera dicho que algún día iba a escribir para “Vogue” y “Esquire” al mismo tiempo, habría arrancado las cortinas del living, me habría envuelto en ellas, tomado el encendedor “Bic” de mi mamá e inmolado ahí mismo, al lado del stereo. Y luego habría corrido por la calle Bilbao aullando “I’m a star!! I’m staaaar!!! I’M A STAAAAAARRRRR! hasta caer a las alturas de la calle Manquehue como la bruja del Mago de Oz, convertido en un montoncito de ceniza verde y fétida de éxtasis, vanidad y papel couché.
Gracias a Dios ahora soy un profesional maduro, un hombre hecho y derecho, un periodista que sabe mantener su “cool”.
Aquí no ha habido alardes de ningún tipo. Simplemente he reaccionado como cualquiera lo habría hecho en mi lugar.
De aquí en adelante, Mr. D sabe que nuestros gatos no pueden estar jamás en la misma habitación que “Vogue” y “Esquire”. Si las revistas están en el living, los gatos deben permanecer en el dormitorio y viceversa.
No vaya a ser que las portadas se ensucien con algún pelo felino.
Los dos ejemplares permanecen ahora en nuestra mesa de centro, a la mano en caso de que cualquier visitante me pregunte ¿Cómo estas?, ¿En qué andas? o ¿Cómo esta tu familia?, interrogantes que inevitablemente llevan a que yo saque las revistas de la caja de cristal con luces halógenas y temperatura acondicionada donde se encuentran, y les muestre el fruto de mi trabajo.
¡No las toquen!, les indico, y luego les ruego que usen los guantes blancos instalados a un costado, similares a los que el Smithsonian en Washington provee para los afortunados que pueden tocar la Declaración de Independencia.
Luego vienen los obvios halagos, que recibo siempre con incomodidad y modestia, porque como expliqué mas arriba, me he tomado todo esto con mucho “cool”.
Mientras vuelvo a poner las revistas en su lugar, les explico que no es nada, que soy un periodista mas, un reportero, un obrero de la información, y luego vuelvo a limpiar el cristal con Windex, para que quede diáfano y brillante, sin huellas digitales.
¿De verdad te gustaron las revistas?, le pregunto a Mr. D una vez mas al final de la noche, cuando ya estamos con la cabeza en la almohada, listos para dormir, y él me contesta “si, si”, en medio de ronquidos.
A la mañana siguiente, antes de que parta la oficina, vuelvo a preguntarle, solo por curiosidad, si hablaba en serio cuando la noche anterior me dijo que de verdad le habían gustado.
El dice “si, si” nuevamente y sale corriendo con la cara enojada y dando un portazo.
No caben dudas de que el éxito profesional de una de las partes puede crear tensiones en la pareja.
Por mi parte, estoy contento que esto haya sucedido a estas alturas de mi vida. De otro modo, ¿quién sabe?, quizás se me hubieran ido los humos a la cabeza.
Una situación como esta habría sido peligrosa en la juventud. Mire usted lo que ha sucedido con Lindsay Lohan.
Mi vida, curiosamente, no ha cambiado. Sigo encadenado a mi escritorio, levantándome de cuando en cuando para limpiar el baño de los gatos, poner los platos sucios en el lavavajillas y hacer la lavandería.
La única diferencia, quizás, es que ahora, mientras veo la secadora dar vueltas y vueltas, me quedo pensando en mi obituario.
“Manuel Santelices, periodista que publicó simultáneamente en Vogue y Esquire en la década del 2000, murió ayer en Nueva York. Siguiendo las órdenes de su testamento, sus sobrinos tataranietos lo enterrarán en un ataúd revestido con páginas de ambas publicaciones…”.
AMO AMA

Ayer, The New York Times publicó un perfil de Lisa Maria Falcone, una mujer alta y delgada con afición a los tacos altos y los vestidos de Cavalli que, de pronto, se ha convertido en una de las grandes benefactoras de una ciudad bien conocida por su filantropía.
Lisa Maria sorprendió a todos a comienzos del mes pasado cuando durante una comida organizada por los creadores de The Highline, el nuevo y espectacular parque elevado en el West Side de Manhattan, se levantó y anunció que ella y su marido entregarían 10 millones de dólares como contribución a este sitio, una maravilla de arquitectura y paisajismo abierta a todos los habitantes de la ciudad.
La Falcone no es la única generosa.
Suba por los escalones del Metropolitan Museum y verá inscrito en los muros cientos de nombres de benefactores. Lo mismo sucede en el Walt Disney Concert Hall en Los Angeles, donde no hay un rincón que no lleve un apellido. O en el MoMa, donde los Lauder o los Cisneros, por nombrar solo algunos, tienen sus propias galerías. O en el Central Park, donde cada banqueta lleva una inscripción, la mayoría con nombres de personas que no tienen grandes fortunas pero que un día, sentadas bajo las árboles, decidieron que seria una buena idea ayudar a mantener y compartir esta joya verde en el corazón de la ciudad.
De El Museo del Barrio al New York City Ballet, de la Metropolitan Opera al Coro de Niños de Harlem, no hay una institución en Nueva York que no sobreviva gracias a estas donaciones que existen, en parte, porque pueden ser descontadas de impuestos, una estupenda idea que deberia ser imitada.
En Latinoamérica las cosas son distintas, y aunque ahí es normal que las grandes empresas o gigantescos bancos busquen promoción e imagen a través del apoyo a las artes, los individuos a menudo prefieren seguir ese refrán que dice que la caridad empieza por casa.
Grandes casas. Casas protegidas por gigantescos muros, cercas eléctricas y, en ocasiones, guardias armados, que contienen obras de Matta, Picasso o Chagall que solo son pueden admiradas por sus dueños y, con suerte, por uno que otro invitado.
Pero las cosas parecen estar cambiando, al menos en Chile.
Este 8 de Julio se inaugura la exhibición “Flujo” en el Museo de Artes Visuales de Santiago, MAVI, una muestra de los artistas Gerardo Pulido y Tomas Rivas, los primeros ganadores de la Beca AMA, bajo la curaduría de Cecilia Brunson.
La beca entrega recursos a artistas chilenos para hacer residencias en el extranjero y fue creada por Juan Yarur, que por estos días está dando una lección sobre cómo promover y ayudar al arte en un país donde el arte a menudo es considerado un lujo innecesario, un gasto irrelevante o, peor aun, una frivolidad.
(Y aquí, un “full disclosure”: Juan- “Juanito”- es uno de mis grandes amigos y lo adoro, así que este post esta teñido de cariño y admiración)
La prensa ha comenzado a hablar del ‘mecenas”, pero el apodo es algo injusto. porque se queda corto para describir lo que está haciendo.
A los 23 años, y después de largo tiempo siendo considerado poco mas que una caricatura de “party boy” y “socialite”, Juan está mostrando una nueva cara. Su pasión por el arte contemporáneo es genuina y entusiasta, y si alguien tiene dudas, basta decir que es el miembro mas joven- y el único chileno- en el “board” de adquisiciones de la Tate Modern en Londres.
He escuchado a alguien decir que, claro, con dinero, eso no es tan difícil. Y el comentario es tan ignorante y envidioso que mas vale saltárselo.
Solo Dios sabe qué habría hecho yo si hubiera estado en los (fabulosos) zapatos de Juan a su edad. Lo mas probable es que hubiera arrancado rápidamente a Londres o Nueva York a buscar aventuras y a tatarear por las calles esa canción que tantos otros en circunstancias similares prefieren cantar- ¡YO-YO-YO!.
Pero él, para fortuna de los artistas chilenos y del país entero, ha elegido otro camino.
Solo queda decir BRAVO y GRACIAS!
Friday, June 26, 2009
Michael Jackson is Dead

En Marzo del 2002 el mundo entero pareció unirse en una sola carcajada frente a las imágenes del matrimonio de Liza Minelli y David Gest.
La pareja, una perfecta caricatura de ambiguo romance destinado al naufragio, apareció en las fotografías junto a los dos invitados mas importantes en la boda, Elizabeth Taylor y Michael Jackson, la primera con un curioso tocado negro en la cabeza, cubierta de joyas y la mirada algo perdida, y el segundo envuelto en un ajustado traje de terciopelo azul con cuello “Peter Pan” blanco, adornado con un lujoso camafeo, la cara pálida como una gota de leche y el pelo negro azabache peinado al medio y hasta los hombros.
Un flash y ahí está: el retrato perfecto del lado mas oscuro de la fama.
Liza y Liz, sin duda, conocen bien el camino siniestro y solitario que a veces acarrea el estrellato, pero sus vidas parecen un cuento de hadas en comparación a la de Jackson. De los tres, el cantante es el único que creció sin protección frente a su propia celebridad. Liza tuvo, para bien o para mal, a Judy Garland, y Liz tuvo la poderosa oficina de marketing MGM.
Michael, si algo tuvo, fue un padre con el aspecto y el carácter de un ogro, dispuesto a lo que fuera para convertir a sus niños en una maquina de hacer dinero. Y no terminó defraudado.
Es posible que sus hermanos hayan quedado satisfechos con los pequeños privilegios que da la fama súbita, especialmente si llega en la adolescencia: un harem, algo de dinero en el bolsillo y el orgullo de saber que todas las escolares de Estados Unidos tuvieron algún día su foto colgada en su habitación. Pero Michael, que era el mas pequeño y el mas popular de los “Jackson 5”, quiso desde el principio mucho mas que eso. Quiso adoración total y global, perfectamente empaquetada y lista para ser consumida no como un producto, sino como una religión.
Por lo mismo creo sus propios ritos, hábitos y códigos- de su famoso “moonwalk” al guante plateado, de sus chaquetas militares a la infinitamente cambiante pigmentación de su piel- y los convirtió en símbolos que, como una cruz o una espada, son inmediatamente reconocibles y cargados de significado: la Iglesia de Michael Jackson.
Este templo del pop y la fama, sin embargo, tuvo a menudo sus puertas cerradas.
A pesar de las miles de portadas, de los millones de fotografías, de los libros, CD’s, y documentales dedicados a él, Jackson fue mas que nada un misterio durante los 50 años que duró su vida.
La mayoría de lo que se sabe de él proviene de algún pasquín, de rumores tan enajenados y extraños, que parece imposible que sean ciertos. Que su mejor amigo es un chimpancé. Que quiere cambiar su raza. Que es gay, pero estuvo enamorado de Lisa Marie Presley y Brooke Shields. Que duerme en un sarcófago helado. Que se le cayó la nariz después de tanta cirugía. Que está obsesionado con Peter Pan...Después de décadas de rumores y comentarios, el mundo no tuvo mas alternativa que llegar a la conclusión de que Jackson era un “whacko”, un talentoso extraterrestre, un excéntrico millonario y, posiblemente, un pervertido.
Cada vez que la estrella pretendió defenderse, fue para peor.
Su imagen en la última década de su vida es un póster lleno de malas noticias Sus ojos negros aparecían permanente tristes y coronando una cara donde no quedaba un rastro de ese niño de nariz gruesa, enorme sonrisa y gigantesco afro que la prensa, con tanto entusiasmo y crueldad, sacaba nuevamente del baúl de los recuerdos cada vez que estallaba un nuevo escándalo.
Su voz pequeña y susurrante, comparada a veces con la de Jackie Kennedy, no se compadecía con el calendario que aseguraba que se acercaba peligrosamente a los 50.
En el peor momento de su vida, acusado de pedofilia y enfrentado a la posibilidad de veinte años de cárcel, le confesó a un periodista británico en televisión que sí, que le gustaba dormir en su cama con niños y que no veía nada de malo en eso.
Quién sabe si en esta afición había o no perversión- la justicia decidió que no la había-, pero, a ojos del publico al menos, la declaración resultó ser una confesión.
Y después de eso, mas aislamiento y mas soledad.
Es fácil deducir que Jackson murió preocupado. A punto de estrenar una serie de 50 ambiciosos conciertos, su “regreso” había sido planeado como un clímax profesional y un salvavidas económico. Las deudas, aseguran los periódicos, eran enormes. Los gastos también. Y Michael sabia bien que sin dinero ni fama, quedaba completamente al descubierto, indefenso frente a los acreedores, los abogados, los niños mentirosos, los padres corruptos, las mucamas habladoras, la familia demandante, y, sobre todo, el público y los fans, que habían comenzado a abandonarlo lenta pero progresivamente desde ese glorioso día en 1982 en que “Thriller” se convirtió en el álbum mejor vendido en la historia de la música.
Ese fue el día que marcó el comienzo del fin.
La escritora Colette, que de estas cosas sabia, escribió en una oportunidad que una persona ‘anormal” no debe jamás sentirse como tal, sino mirar al resto y llegar a la conclusión de que no son mas que unos “cerdos monstruosos distintos a mi”.
Es posible que Jackson haya seguido este consejo como modo de supervivencia frente a un universo que a menudo lo trató con dosis similares de admiración y repudio.
Mas allá de las enormes rejas de “Neverland”, su rancho en Montecito, California, el mundo parecía violento, vulgar y aterrador. En su propiedad, en cambio, todo eran juegos, música, flores, comics, estrellas y niños.
Jackson no quería crecer porque no tenia idea de cómo lidiar con la madurez y sus consecuencias. No quería ver o escuchar malas noticias. Su inocencia forzada era la fuente de su creatividad y de cualquier cosa que en su caso pueda haber llevado el nombre de alegría.
La sorpresiva muerte del ídolo ha levantado un espejo frente a la cara de la cultura popular. Y la imagen reflejada no es bonita.
Igual como ha sucedido con otras estrellas caídas en desgracia- Ana Nicole Smith, Kurt Cobain, River Phoenix- los vicios reales o aparentes de Jackson fueron estrujados hasta la última gota en busca del rating o la venta de periódicos y revistas. Mientras mas grotesca era la historia, mas subía el “people meter”, y por lo mismo no es raro que desde desfalcos financieros a rampante abuso de menores no hubiera quedado un pecado sin mencionar junto a su nombre en los últimos años.
Su paro cardiaco detuvo también este flujo de acusaciones y calumnias. Por un rato. Encienda hoy la televisión o surfee la Internet, y lo mas probable es que se encontrará con la imagen mas dulce de Jackson, sus baladas románticas, sus contagiosos himnos pop y una sonrisa amable que parecía haber desaparecido por completo. Pero no se engañe. El romance con los muertos recientes es genuino pero frágil, y lo mas probable es que no pase mucho tiempo antes de un editor decida que ha pasado tiempo suficiente y que ha llegado la hora de contar nuevas revelaciones o atrocidades.
Afortunadamente, Jackson ya no estará aquí para leerlas.
Thursday, June 18, 2009
Creating Chile

El espacio se llama “Puro Chile”, fue creado por Marcelo Junemann, editor de la revista “Big”, y diseñado por el arquitecto Felipe Aassadi (creador de la casa mas arriba) y será inaugurado en una esquina del SoHo en Nueva York en Septiembre próximo.
Arrancando las primeras palabras de la canción nacional, este dúo pretende mostrar una cara distinta de Chile en el extranjero.
Una cara mas moderna. Una cara mas creativa. Una cara mas cool.
No son los únicos.
Ayer, en uno de esos días que llenan de ideas y energías, me reuní con dos diseñadores chilenos que están colaborando a que el nombre del país sea mencionado cada vez que se habla de creación y vanguardia artística.
La primera fue Sandra Müller, que nació en Chile, creció en Francia y Suiza, ahora vive en Los Angeles, y acaba de integrarse al influyente Council of Fashion Designers of America (CFDA).
Si está esperando de ella discretos colgantes o aritos de perlas, busque en otro lado, porque lo que Sandra hace está lejos de la legendaria ( y mortalmente aburrida) discreción chilena cuando se trata de joyas.
Mezcla de Goth & Rock, sus diseños incluyen broches en forma de guitarra en platino y turquesa, enormes e intrincados brazaletes, calaveras y un collar con puntas en diamantes y platino tan espectacular que, durante la entrega de premios del CFDA realizado el lunes pasado, Marc Jacobs y Antoine Arnault la detuvieron para admirarlo.
Sandra creció rodeada de estrellas –Audrey Hepburn, Julie Andrews, Liz Taylor y Doris Brynner eran sus ‘tias’, Daphne Guiness su compañera de juegos- y de ellas, sin duda, algo aprendió sobre su oficio.



El segundo fue Sebastián Errazuriz, que con una mezcla de talento, pasión y “cool look” se ha convertido en uno de los diseñadores mas comentados de Nueva York en el último tiempo.
La revista “Interview” le dedicó tres páginas en su “Design Issue” de Mayo con una entrevista realizada por Ross Bleckner. Además ha ocupado la portada de “I-D” y páginas en “Wallpaper” y “The New York Times” ‘T’ Magazine.
Y si quiere mas datos, aquí van: Keanu Reeves compró una de sus mesas hace unos días, y Takashi Murakami es fan.
¿Qué hace Sebastián? De todo; desde una lámpara fabricada con un pato taxi dérmico a una gigantesca mesa de cristal montada en un tronco. Actualmente está siendo representado por la influyente galería de Cristina Grajales en Manhattan y mantiene un estudio en Williamsburg donde, entre otras cosas, es posible encontrar un piano colgando de cuerdas desde el techo y un Cristo con capa de Superman.
Su mayor mayor aporte- y, quizás, su desafio mas grande- es su decisión de borrar de una vez y para siempre el frágil limite que divide el arte del diseño.



¿Quiere mas ‘made in Chile’?
Ahí está Simón País, que a los 23 años es- para mi muy personal gusto- uno de los mejores fotógrafos de moda que Chile ha visto en mucho tiempo o, como espero que suceda, “el próximo Mario Testino”.
No se trata solo de su impecable técnica o su ojo genial, sino de esa virtud que tienen algunos fotógrafos para transformar completamente la realidad, convirtiendo una cara, un zapato, un vestido, lo que sea, en un objeto de mágico e irresistible deseo.




La lista continua y es larga, pero por tiempo y paciencia solo nombraremos a uno mas: Smiljan Radic, uno de los arquitectos mas innovadores del país. Si tiene dudas, vaya a comer una noche de verano al restaurant “Mestizo” en Santiago y, mientras disfruta su pisco sour, quede mudo de asombro frente al ingenio y belleza de este lugar que combina naturaleza e impecable modernismo.
Si tiene suerte, quizás logre también visitar una de sus obras mas comentadas, una casa en Zapallar que parece estar flotando por sobre los acantilados frente al mar, una invitación al vértigo hecha de pura roca y pura vista.
Puro Chile.


Subscribe to:
Posts (Atom)