Monday, September 7, 2009

Anchor Woman


ABC acaba de anunciar que Diane Sawyer será la conductora de su noticiero central a partir de Enero próximo. La noticia, según algunos, es revolucionaria porque por primera vez el segmento de las 6:30 a las 7 PM, el horario de “prime news” en las cadenas abiertas norteamericanas, estará dominado por mujeres. (Katie Couric está a cargo del noticiero en CBS).

Pero esta es una revolución a medias y totalmente tardía, como recordó Alessandra Stanley en The New York Times este fin de semana, porque con noticias 24/7 en el insufrible cable, los “noticieros centrales” hace rato que perdieron todo poder e influencia.

Son una reliquia, un símbolo añejo de esos mismos tiempos en que uno esperaba el día de mañana para leer las noticias de ayer en el periódico.

Lo que sí merece un titular es la propia Sawyer, que aunque comparte el pelo rubio, la voz aterciopelada, la cara bonita y las largas piernas que abundan entre las lectoras de noticias- a veces pareciera que Fox y CNN buscan las suyas entre ex finalistas de Miss América circa 1993-, tiene un elemento que la distingue del resto: su edad.

Diane tiene 62 años.

62 años estupendamente bien mantenidos- “ridículamente” bien mantenidos, según la Stanley- pero 62 al fin y al cabo.

¿Cuándo fue la ultima vez que vió a una mujer de esa edad avanzar en su carrera televisiva?

La televisión- y que no haya malentendidos; soy un adicto- es una moledora de carne cuando se trata de talentos femeninos. Aquí la carrera es corta y cruel, como la de una bailarina, e incluye la lectura del pronostico del tiempo o el reporteo de concursos culinarios entre los 20 y los 30, el noticiero de la tarde o despachos “serios” desde la bolsa entre los 30 y los 40, y, después de eso, encontrarse en la incómoda posición de saber que sus jefes no tienen idea qué hacer con un “rostro” que ya comienza a mostrar un par de arrugas.

¿Y Barbara Walters?, dirá usted. ¿Y Meredith Vieira? ¿Y Christiane Amanpour?

Y ahí se quedará, tratando de pensar en otro ejemplo.

Los ejecutivos de televisión le dirán que este es un fenómeno inevitable, que la televisión es un “medio visual” y que por lo tanto exige ciertos estándares de belleza física.

E inmediatamente después se despedirán, porque van corriendo atrasados a celebrar el cumpleaños numero 104 de Larry King.

Así las cosas, no queda mas que celebrar la llegada de la Sawyer- que dicho sea de paso es la mujer del brillante director Mike Nichols- como una brisa de aire fresco en los noticieros americanos.

¡Viva la revolución!

Thursday, August 13, 2009

The September Issue


Antes de leer el próximo párrafo, vaya a su botiquín y busque un “Enviex” para evitar un ataque de envidia.

Hoy vi “The September Issue”, el documental de R.J. Cutler sobre la creación de la edición de Septiembre del 2007 de “Vogue”, la mas grande en la historia de la revista.

840 páginas.

La película, que no se estrenará en Estados Unidos hasta el 11 de Septiembre- justo cuando comienza la Fashion Week de Nueva York-, ha sido motivo de comentarios y rumores durante meses porque, claro, en el centro de la acción está Anna Wintour, editora en Jefe de “Vogue”.

Si no sabe de quién estoy hablando, es porque jamás leyó este blog.

El filme ha sido ampliamente publicitado como una mirada íntima al cerrado circulo que rodea a la editora y, mejor aun, un rarísimo vistazo al carácter y la personalidad de la que muchos consideran la mujer mas poderosa en el mundo de la moda internacional, un fabuloso insecto fashionista talla 2 con nervios de acero y vocación de dictadora.

Pues bien, ni con todo su poder y gloria, Anna fue capaz de evitar que Grace Coddington, literalmente, le robara la película.

Este es un asalto inesperado y bienvenido, porque la Coddington, que en “The September Issue” es descrita- por la misma Wintour, no less- como “la editora de modas mas brillante del mundo, un verdadero genio”, trae humor, simpatía, sentido común y, más que nada, humanidad, a un mundo que de otra manera habría quedado plasmado en el celuloide como un universo frío y calculado.

El mundo de la moda.

A diferencia de otros geniales documentales sobre el tema como “Unzipped” – sobre Isaac Mizrahi- o “Valentino: El Ultimo Emperador”, esta es una película absolutamente despojada de glamour.

Aquí todo es negocios, y minutos pasan y pasan mientras Anna, con la rigurosidad de un general, planea transacciones y complots, da consejos sobre ventas y entregas de mercancía, lanza millonarias sesiones de fotos al tarro de basura porque no le gusta el resultado, o, con una sola mirada, decide que tal o cuál vestido de couture no tendrá un espacio en su revista y quedará, por lo tanto, condenado al olvido.

Negocio cruel el suyo, para el que está bien preparada.

Hija de uno de los periodistas mas respetados de Inglaterra, su hermano, según explica en la película, se dedica a conseguir habitación para los mas necesitados de Gran Bretaña, y su hermana a proteger los derechos de los campesinos en Latinoamérica.

Su propia hija, Bee, tan linda, tan chic, dice frente a las cámaras que jamás se dedicaría a la moda como su madre, que es una industria extraña, llena de personajes excéntricos que piensan que el mundo empieza y termina en la pasarela.

No señor, Bee quiere ser abogado.

Y ahí queda Anna, con su elegante rostro incómodamente congelado en la pantalla grande, confesando con su mirada que tanto esfuerzo y trabajo, tantos disgustos, tantas exasperaciones, solo provocan “diversión” entre sus mas cercanos.

“Mi familia piensa que es lo que hago es ‘amusing’”, dice sonriendo. Una sonrisa que no tiene nada de alegre.

Y justo ahí, cuando se la ve más insegura, es cuando su imagen de cuidada perfección se enfrenta a la de la Coddington, la mujer que ha sido su mano derecha durante mas de veinte años.

Son colegas, pero eso no significa que sean amigas.

En una escena, ambas esperan un ascensor para subir al atelier de Jean Paul Gaultier en Paris. Y aunque son solo unos segundos, en el silencio de su relación se siente como un siglo.

La Coddington no le tiene miedo a la Wintour. Quizás es la única. Y de pronto pareciera que, por el contrario, es la Wintour la que se siente intimidada por esta mujer de cara blanca y orgullosas arrugas, pelo rojo enrizado como el de una bruja, que se pasea por los pasillos con una autoridad y una experiencia que dejan sin aliento.

Si la Wintour es el Papa- como alguien la describe en el documental- la Coddington es la Madre Superiora.
Una esta allá arriba, en la soledad del trono. Es la otra la que lleva la carga del día a día.

Grace, una ex modelo que abandonó esa carrera después de un accidente automovilístico que dejó marcas en uno de sus ojos, no muestra un atisbo de pretensión.

Mas increíble aun, tampoco muestra una huella de ambición.

Con la calma de una institutriz que ya ha sufrido una buena cuota de niños malcriados, recorre las oficinas de “Vogue”- que no son tan elegantes como uno supondría- dando lecciones de ironía, de amable sarcasmo, y de constante calidez.

La cámara la sigue a Paris, donde ha asistido a las colecciones de couture durante cuatro décadas, y descubre que sus ojos no se iluminan frente a las barrocas colecciones de Galliano o Gaultier, sino frente a un perfecto jardín. “!Que belleza!”, dice con genuino aprecio, y observando el paisaje no queda más que coincidir con sus palabras.

Montada en un taxi, cuenta que comenzó su carrera trabajando para Norman Parkinson, el célebre fotógrafo. “El me dijo que no cerrara nunca los ojos”, dice, “que jamás durmiera en el auto, porque todo lo que vea a través de la ventana es inspiración”.

Como amé a esta mujer.

Inspiración le sobra. Y profesionalismo también. Sin hacer ningún alarde, termina siendo la gran estrella de la edición de Septiembre, que ese año publicó exclusivamente su trabajo, salvo por una lamentable sesión de fotos en Roma con Sienna Miller para la portada, fotografiada por Mario Testino.

Mientras la Wintour apenas le dirige la palabra a sus subalternos- y si lo hace es para llamarles la atención sobre un detalle que no corresponde a sus estándares-, la Coddington no deja en ningún momento de crear complicidad con todos los que la rodean. Incluso con el camarógrafo del documental, al que convence de participar en una de las sesiones de fotos.

La Wintour, cuando ve esa imagen, decide que el camarógrafo es demasiado obeso y que ese es un problema que debe ser solucionado rápidamente gracias al abracadabra del photoshop.

Grace, sin siquiera darse la molestia de informar a la editora, decide que la foto es mucho mas interesante con una buena panza.

“Es bueno tener gente real en las fotografías”, asegura, “basta con que las modelos sean irreales”.

El resto de los protagonistas de la película son una comparsa que no provoca ninguna sorpresa. Las “voguettes” son todas delgadas y crispadas. Mario Testino es un divo que no fotografía el Coliseo porque no le parece interesante. Y André Leon Talley es retratado (injustamente) como una “fashion victim”, un gigante que juega tenis- porque Anna se lo “sugirió”- acarreando bolsos deportivos, porta raquetas y toallas con el logo de Vuitton. Una caricatura.

Millones van y millones vienen. Gigantescos baúles de ropa cruzan el Atlántico de lado a lado; abundan las pelucas, los postizos, los elegantes salones del Ritz de Paris, y también abundan los rechazos.

Chanel (Iman) y Hilary (Rhoda)… Out!!

Así las cosas, es mejor dejar que Anna saque cuentas en su oficina. El corazón de “Vogue” – y de “The September Issue”- pertenece a Grace Coddington.

Wednesday, August 5, 2009

Are You Poorgeois?


Los llaman la “Poorgeoisie” y son- según “The Wall Street Journal” en Nueva York y “The Guardian” en Londres- la nueva “bourgeoisie”, una burguesía disfrazada de modestia que consume tanto o más que la tradicional pero que detesta exhibir los frutos de su riqueza. Son los “ricos anti-ricos”, como dijo el Journal, y aunque su origen aparentemente está en enclaves “poorgeois” como Brooklyn o Portland, ahora extienden sus redes por todo el planeta.

Esta no es una casta fácilmente reconocible, porque igual que sus antecesores, los “bohemios burgueses” o “BoBos”, los miembros de la pobresia no buscan impresionar a nadie que no sea uno de sus pares. Para el resto no parecen mas que un puñado de jóvenes neo-hippies en ajustados jeans, camisas leñadoras y viejos bolsos de cuero, porque ¿quién iba a saber que el bolso en cuestión fue hecho a mano en material reciclado del siglo 19 y adquirido en el ultra chic Dover Street Market de Londres por una pequeña fortuna?.

“ La ‘poorgeoisie’ es un movimiento contracultural de ricos que han adoptado un consumismo que va en contra del consumismo”, explicó “The Guardian” recientemente, “Gastan dinero con el propósito de parecer que no lo han gastado. Son personas ricas que no quieren parecerlo; sienten vergüenza de su fortuna en momentos de crisis económica”.

Así, a primera vista, los jerarcas de la casta parecen pobres mortales. A menudo se trasladan en bicicletas “vintage”, cultivan sus propias hortalizas y viven casas que, observadas desde fuera al menos, son un grito de poca pretensión.
¡Ah, pero cruce las puertas y se encontrará con otro mundo!
La mujer “poorgeois” es una diosa del minimalismo y sabe reconocer perfectamente las ventajas de cada diseño y material. Junto a su decorador- otro “poorgeois” que, con sus gastados pantalones de Rag & Bone y sus T-Shirts de Project Alabama no tiene nada que ver con el diseñador de interiores tradicional- recorre mercados de las pulgas en Londres, Paris y Buenos Aires buscando muebles y objetos que creen una atmósfera de envejecida y discreta elegancia. El ‘look” es muy industrial siglo 19, mezcla de Dickens y Proust, con cómodos sillones de cuero, lámparas de alguna antigua fábrica, picaportes de cristal y arte contemporáneo en los muros adquirido en la White Cube gallery de Londres, en Phillips & de Pury en Manhattan, o directamente en el estudio de un prometedor artista berlinés.

No seria raro que un visitante distraído pensara que en estos salones no abunda la limpieza; pero no se equivoque, porque la familia “poorgeois” mantiene el aspecto añejo y mohoso de sus residencias con la ayuda de una o dos ‘au pairs” de Ghana o Trinidad que aparte de mantener el aspecto cuidadosamente descuidado de la residencia, tienen entre sus responsabilidades exponer a los niños de la “poorgeoisie” a una muy necesaria “diversidad cultural”.

Por vocación, estética y estilo de vida, el hombre “poorgeois” luce siempre algo de pelo en su cara. Eso le da un aire rudo, varonil, alejado de toda moda o tendencia, que combina perfecto con su Vespa original de 1958 adquirida a precio astronómico en una venta de Sotheby’s en Roma.

A diferencia de la burguesía tradicional, que no pierde oportunidad de hacer alarde de sus posesiones, la nueva “pobresía” jamás habla de dinero. Le parece de mal gusto andar diciendo que pagó 40 dólares por una libra de procciutto o que el vino varietal en su mesa, tan deliciosamente decadente, proviene de su propia viña en Napa.
La educación es prioritaria para este grupo, y Harvard, Yale, Cambridge, Wharton y Oxford son terrenos que les resultan bien conocidos. Titulo en mano, sin embargo, rechazan ofertas en gigantescos bancos o empresas multinacionales, y se dedican a crear sus propias carreras en áreas “creativas” como el ‘dealership” de arte, la edición de libros alternativos, líneas de moda ecológicas, sitios de Internet o la fabricación de productos orgánicos. Solo Dios sabe cómo, estas empresas invariablemente se transforman en pequeños gigantes económicos, un “karma” que el “poorgoeis” prefiere ocultar por terror a ser considerado burgués o, pero aun, un “maldito capitalista”.

La televisión en estos círculos es considerada enemiga número uno, salvo cuando se trata de programas culturales o debates de actualidad. Solo entonces la pareja “poorgeois” se instala frente a la pantalla, ella con una taza de té de “Marriàge Frêres”, la exclusiva marca parisina, y él con una de café “Stumptown” de Oregon, el único café- recién molido por la ‘au pair’, por supuesto- que los miembros de la casta aceptan como suyo.

Cuando se trata de vida nocturna, jamás se encontrará con un “poorgeois” rogando por una mesa en el “Monkey Bar” de Nueva York o haciendo una larga cola para entrar a “Favela Chic” en París. Los lugares de moda no le interesan, y pagar una cifra de dos dígitos por un “drink” solo para estar sentado a dos mesas de Madonna le parece obsceno. En cambio, prefiere sitios como “The Wapping Project” en Londres, un espacio de arte y restaurant de ambiente definitivamente “poorgeois”, ubicado a solo pasos de la Tate Modern, donde es posible disfrutar un simple plato de pasta sin que nadie sospeche que lleva un precio de 45 dólares en el menú.

“Poorgeoises” hay en todas partes. En Nueva York no es raro encontrarse con ellos en Williamsburg, el súper ‘trendy” barrio donde estos “hipsters” viven en decaídos espacios industriales renovados a un costo de 1.5 millones de dólares, o en las tiendas de antigüedades de Atlantic Avenue, también en Brooklyn, donde una tarde shopping significa gastar 26 mil dólares en una vieja mesa de carnicero, perfecta para el escritorio.

En Londres están en Notting Hill, en el Southbank o en los alrededores de Hoxton Square. En Buenos Aires, obviamente, en Palermo SoHo. Y en Chile, donde la nueva generación de actores liderados por Benjamín Vicuña y Gonzalo Valenzuela es el perfecto ejemplo de la vibrante “poorgeoisie” de la ciudad, se concentran en viejas cuadras de Providencia, Nuñoa y La Reina.

Si quiere integrarse a esta tribu cool, comience por esconder sus vestidos de Versace y sus carteras de Prada, deshágase del Porshe y olvídese de las vacaciones en el Four Seasons de Bali. La vida simple es lo que se usa. Aunque salga mas cara.

Wednesday, July 8, 2009

Bewitched


Hace unos días, el ex candidato presidencial John McCain se unió al coro de voces republicanas que exigen que el asunto de la tortura en Guantánamo durante la administración Bush no sea investigado. Hurgar en esas acusaciones, dijo, seria “una caza de brujas”.

Abracadabra, pata de cabra
Que este hechizo dorado
deje todo olvidado.

El candidato no debería haber invocado el nombre de las brujas con tanto descuido. Sin quererlo, puede haber creado un aquelarre.

Según un articulo de opinión publicado la semana pasada en “USA Today” por Mary Zeiss Stange, una profesora de temas femeninos y religión de la Universidad de Skidmore, nadie conoce mejor los horribles efectos de la tortura que una hechizada.

Entre los siglos 15 y 17, recordó en ese periódico, miles de personas fueron acusadas, torturadas y sentenciadas por la Inquisición y por un circo farsante de jueces formado por hombres que, además, eran en su mayoría sacerdotes.

Gran parte de los acusados eran mujeres, y por eso ese horroroso periodo histórico es también conocido como el “holocausto femenino”. Pero también hubo judíos de ambos sexos, personas física y mentalmente incapacitadas y, por supuesto, homosexuales, todos sospechosos de crímenes que incluían desde destruir cosechas y causar la muerte de recién nacidos a, convenientemente, provocar la impotencia masculina.

A alguien tenían que culpar de semejantes desgracias, y si no podía ser El Creador, ¿por qué no las brujas?

Igual que los torturadores modernos, estos guardianes de la moral buscaban confesiones. Y para obtenerlas recurrieron a planchas calientes, agua hervida, ataque de perros, privación de comida o sueño… ¿Suena conocido?

Si la administración Bush tuvo sus “torture memos”, la Inquisición Católica tuvo su “Malleus Maleficarum”, un libraco siniestro donde la Iglesia explicaba, por ejemplo, por qué es mas conveniente usar tal sistema de tortura y no otro para obtener la confesión deseada.

Y confesiones hubo, entonces y ahora.

Según la Zeiss Stange, las supuestas brujas fueron consistentes en sus historias de romance con Satán y la brujería. Tan consistentes, que sus confesiones parecen una sola: la confesión de cualquier persona que, bajo las penas del infierno, está dispuesta a decir lo que su torturador le indique.

El articulo (y algún día aprenderé como crear links en este blog) deja con el corazón destrozado, no solo porque estas atrocidades hayan existido, sino porque pueden volver a existir.

Después de leerlo pensé en “La Hechizada”, mi serie favorita en la niñez. ¿Habrían torturado a Samantha? ¿A Endora?

Igual que esta brujas de película, viví durante largo tiempo escondiendo mi identidad en medio de la placidez de un suburbio de clase media, temeroso de que alguien descubriera que ahí, a plena vista, en el colegio, en la iglesia, en el supermercado, en el gimnasio, había un peligroso impostor.

Samantha y Endora, pensé después, habrían arrancado de los torturadores con una simple arriscada de nariz y aparecido segundos después en lugares mas apropiados para una bruja, como la corte de Louis XV o la Roma de la Dolce Vita.

Yo, en su momento, arrisqué la mía y aparecí en Nueva York, completamente hechizado.

Ahora McCain, Dick Cheney y sus secuaces han llegado a practicar su brujería a mi puerta. Pero son solo aprendices de mago, pobres David Copperfields políticos que no tienen idea de cómo crear un hechizo eficiente, que confunden una cola de gato con un hervidero de yesca, una poción de amor con una de venganza, o, peor aun, un mantra de justicia con uno de crueldad.

Yo, por mi parte, lanzo mi propio hechizo.

Samantha, Endora
que viva Gomorra
Que McCain, Cheney y Bush,
queden convertidos en ositos de plush.

Wednesday, July 1, 2009

VOGUesquire


Si cuando tenia trece o catorce años alguien me hubiera dicho que algún día iba a escribir para “Vogue” y “Esquire” al mismo tiempo, habría arrancado las cortinas del living, me habría envuelto en ellas, tomado el encendedor “Bic” de mi mamá e inmolado ahí mismo, al lado del stereo. Y luego habría corrido por la calle Bilbao aullando “I’m a star!! I’m staaaar!!! I’M A STAAAAAARRRRR! hasta caer a las alturas de la calle Manquehue como la bruja del Mago de Oz, convertido en un montoncito de ceniza verde y fétida de éxtasis, vanidad y papel couché.

Gracias a Dios ahora soy un profesional maduro, un hombre hecho y derecho, un periodista que sabe mantener su “cool”.

Aquí no ha habido alardes de ningún tipo. Simplemente he reaccionado como cualquiera lo habría hecho en mi lugar.

De aquí en adelante, Mr. D sabe que nuestros gatos no pueden estar jamás en la misma habitación que “Vogue” y “Esquire”. Si las revistas están en el living, los gatos deben permanecer en el dormitorio y viceversa.

No vaya a ser que las portadas se ensucien con algún pelo felino.

Los dos ejemplares permanecen ahora en nuestra mesa de centro, a la mano en caso de que cualquier visitante me pregunte ¿Cómo estas?, ¿En qué andas? o ¿Cómo esta tu familia?, interrogantes que inevitablemente llevan a que yo saque las revistas de la caja de cristal con luces halógenas y temperatura acondicionada donde se encuentran, y les muestre el fruto de mi trabajo.

¡No las toquen!, les indico, y luego les ruego que usen los guantes blancos instalados a un costado, similares a los que el Smithsonian en Washington provee para los afortunados que pueden tocar la Declaración de Independencia.

Luego vienen los obvios halagos, que recibo siempre con incomodidad y modestia, porque como expliqué mas arriba, me he tomado todo esto con mucho “cool”.

Mientras vuelvo a poner las revistas en su lugar, les explico que no es nada, que soy un periodista mas, un reportero, un obrero de la información, y luego vuelvo a limpiar el cristal con Windex, para que quede diáfano y brillante, sin huellas digitales.

¿De verdad te gustaron las revistas?, le pregunto a Mr. D una vez mas al final de la noche, cuando ya estamos con la cabeza en la almohada, listos para dormir, y él me contesta “si, si”, en medio de ronquidos.
A la mañana siguiente, antes de que parta la oficina, vuelvo a preguntarle, solo por curiosidad, si hablaba en serio cuando la noche anterior me dijo que de verdad le habían gustado.
El dice “si, si” nuevamente y sale corriendo con la cara enojada y dando un portazo.

No caben dudas de que el éxito profesional de una de las partes puede crear tensiones en la pareja.

Por mi parte, estoy contento que esto haya sucedido a estas alturas de mi vida. De otro modo, ¿quién sabe?, quizás se me hubieran ido los humos a la cabeza.

Una situación como esta habría sido peligrosa en la juventud. Mire usted lo que ha sucedido con Lindsay Lohan.

Mi vida, curiosamente, no ha cambiado. Sigo encadenado a mi escritorio, levantándome de cuando en cuando para limpiar el baño de los gatos, poner los platos sucios en el lavavajillas y hacer la lavandería.

La única diferencia, quizás, es que ahora, mientras veo la secadora dar vueltas y vueltas, me quedo pensando en mi obituario.

“Manuel Santelices, periodista que publicó simultáneamente en Vogue y Esquire en la década del 2000, murió ayer en Nueva York. Siguiendo las órdenes de su testamento, sus sobrinos tataranietos lo enterrarán en un ataúd revestido con páginas de ambas publicaciones…”.

AMO AMA


Ayer, The New York Times publicó un perfil de Lisa Maria Falcone, una mujer alta y delgada con afición a los tacos altos y los vestidos de Cavalli que, de pronto, se ha convertido en una de las grandes benefactoras de una ciudad bien conocida por su filantropía.

Lisa Maria sorprendió a todos a comienzos del mes pasado cuando durante una comida organizada por los creadores de The Highline, el nuevo y espectacular parque elevado en el West Side de Manhattan, se levantó y anunció que ella y su marido entregarían 10 millones de dólares como contribución a este sitio, una maravilla de arquitectura y paisajismo abierta a todos los habitantes de la ciudad.

La Falcone no es la única generosa.

Suba por los escalones del Metropolitan Museum y verá inscrito en los muros cientos de nombres de benefactores. Lo mismo sucede en el Walt Disney Concert Hall en Los Angeles, donde no hay un rincón que no lleve un apellido. O en el MoMa, donde los Lauder o los Cisneros, por nombrar solo algunos, tienen sus propias galerías. O en el Central Park, donde cada banqueta lleva una inscripción, la mayoría con nombres de personas que no tienen grandes fortunas pero que un día, sentadas bajo las árboles, decidieron que seria una buena idea ayudar a mantener y compartir esta joya verde en el corazón de la ciudad.

De El Museo del Barrio al New York City Ballet, de la Metropolitan Opera al Coro de Niños de Harlem, no hay una institución en Nueva York que no sobreviva gracias a estas donaciones que existen, en parte, porque pueden ser descontadas de impuestos, una estupenda idea que deberia ser imitada.

En Latinoamérica las cosas son distintas, y aunque ahí es normal que las grandes empresas o gigantescos bancos busquen promoción e imagen a través del apoyo a las artes, los individuos a menudo prefieren seguir ese refrán que dice que la caridad empieza por casa.

Grandes casas. Casas protegidas por gigantescos muros, cercas eléctricas y, en ocasiones, guardias armados, que contienen obras de Matta, Picasso o Chagall que solo son pueden admiradas por sus dueños y, con suerte, por uno que otro invitado.

Pero las cosas parecen estar cambiando, al menos en Chile.

Este 8 de Julio se inaugura la exhibición “Flujo” en el Museo de Artes Visuales de Santiago, MAVI, una muestra de los artistas Gerardo Pulido y Tomas Rivas, los primeros ganadores de la Beca AMA, bajo la curaduría de Cecilia Brunson.

La beca entrega recursos a artistas chilenos para hacer residencias en el extranjero y fue creada por Juan Yarur, que por estos días está dando una lección sobre cómo promover y ayudar al arte en un país donde el arte a menudo es considerado un lujo innecesario, un gasto irrelevante o, peor aun, una frivolidad.

(Y aquí, un “full disclosure”: Juan- “Juanito”- es uno de mis grandes amigos y lo adoro, así que este post esta teñido de cariño y admiración)

La prensa ha comenzado a hablar del ‘mecenas”, pero el apodo es algo injusto. porque se queda corto para describir lo que está haciendo.

A los 23 años, y después de largo tiempo siendo considerado poco mas que una caricatura de “party boy” y “socialite”, Juan está mostrando una nueva cara. Su pasión por el arte contemporáneo es genuina y entusiasta, y si alguien tiene dudas, basta decir que es el miembro mas joven- y el único chileno- en el “board” de adquisiciones de la Tate Modern en Londres.

He escuchado a alguien decir que, claro, con dinero, eso no es tan difícil. Y el comentario es tan ignorante y envidioso que mas vale saltárselo.

Solo Dios sabe qué habría hecho yo si hubiera estado en los (fabulosos) zapatos de Juan a su edad. Lo mas probable es que hubiera arrancado rápidamente a Londres o Nueva York a buscar aventuras y a tatarear por las calles esa canción que tantos otros en circunstancias similares prefieren cantar- ¡YO-YO-YO!.

Pero él, para fortuna de los artistas chilenos y del país entero, ha elegido otro camino.

Solo queda decir BRAVO y GRACIAS!

Friday, June 26, 2009

Michael Jackson is Dead


En Marzo del 2002 el mundo entero pareció unirse en una sola carcajada frente a las imágenes del matrimonio de Liza Minelli y David Gest.
La pareja, una perfecta caricatura de ambiguo romance destinado al naufragio, apareció en las fotografías junto a los dos invitados mas importantes en la boda, Elizabeth Taylor y Michael Jackson, la primera con un curioso tocado negro en la cabeza, cubierta de joyas y la mirada algo perdida, y el segundo envuelto en un ajustado traje de terciopelo azul con cuello “Peter Pan” blanco, adornado con un lujoso camafeo, la cara pálida como una gota de leche y el pelo negro azabache peinado al medio y hasta los hombros.

Un flash y ahí está: el retrato perfecto del lado mas oscuro de la fama.

Liza y Liz, sin duda, conocen bien el camino siniestro y solitario que a veces acarrea el estrellato, pero sus vidas parecen un cuento de hadas en comparación a la de Jackson. De los tres, el cantante es el único que creció sin protección frente a su propia celebridad. Liza tuvo, para bien o para mal, a Judy Garland, y Liz tuvo la poderosa oficina de marketing MGM.
Michael, si algo tuvo, fue un padre con el aspecto y el carácter de un ogro, dispuesto a lo que fuera para convertir a sus niños en una maquina de hacer dinero. Y no terminó defraudado.

Es posible que sus hermanos hayan quedado satisfechos con los pequeños privilegios que da la fama súbita, especialmente si llega en la adolescencia: un harem, algo de dinero en el bolsillo y el orgullo de saber que todas las escolares de Estados Unidos tuvieron algún día su foto colgada en su habitación. Pero Michael, que era el mas pequeño y el mas popular de los “Jackson 5”, quiso desde el principio mucho mas que eso. Quiso adoración total y global, perfectamente empaquetada y lista para ser consumida no como un producto, sino como una religión.
Por lo mismo creo sus propios ritos, hábitos y códigos- de su famoso “moonwalk” al guante plateado, de sus chaquetas militares a la infinitamente cambiante pigmentación de su piel- y los convirtió en símbolos que, como una cruz o una espada, son inmediatamente reconocibles y cargados de significado: la Iglesia de Michael Jackson.

Este templo del pop y la fama, sin embargo, tuvo a menudo sus puertas cerradas.

A pesar de las miles de portadas, de los millones de fotografías, de los libros, CD’s, y documentales dedicados a él, Jackson fue mas que nada un misterio durante los 50 años que duró su vida.
La mayoría de lo que se sabe de él proviene de algún pasquín, de rumores tan enajenados y extraños, que parece imposible que sean ciertos. Que su mejor amigo es un chimpancé. Que quiere cambiar su raza. Que es gay, pero estuvo enamorado de Lisa Marie Presley y Brooke Shields. Que duerme en un sarcófago helado. Que se le cayó la nariz después de tanta cirugía. Que está obsesionado con Peter Pan...Después de décadas de rumores y comentarios, el mundo no tuvo mas alternativa que llegar a la conclusión de que Jackson era un “whacko”, un talentoso extraterrestre, un excéntrico millonario y, posiblemente, un pervertido.

Cada vez que la estrella pretendió defenderse, fue para peor.

Su imagen en la última década de su vida es un póster lleno de malas noticias Sus ojos negros aparecían permanente tristes y coronando una cara donde no quedaba un rastro de ese niño de nariz gruesa, enorme sonrisa y gigantesco afro que la prensa, con tanto entusiasmo y crueldad, sacaba nuevamente del baúl de los recuerdos cada vez que estallaba un nuevo escándalo.
Su voz pequeña y susurrante, comparada a veces con la de Jackie Kennedy, no se compadecía con el calendario que aseguraba que se acercaba peligrosamente a los 50.

En el peor momento de su vida, acusado de pedofilia y enfrentado a la posibilidad de veinte años de cárcel, le confesó a un periodista británico en televisión que sí, que le gustaba dormir en su cama con niños y que no veía nada de malo en eso.
Quién sabe si en esta afición había o no perversión- la justicia decidió que no la había-, pero, a ojos del publico al menos, la declaración resultó ser una confesión.

Y después de eso, mas aislamiento y mas soledad.

Es fácil deducir que Jackson murió preocupado. A punto de estrenar una serie de 50 ambiciosos conciertos, su “regreso” había sido planeado como un clímax profesional y un salvavidas económico. Las deudas, aseguran los periódicos, eran enormes. Los gastos también. Y Michael sabia bien que sin dinero ni fama, quedaba completamente al descubierto, indefenso frente a los acreedores, los abogados, los niños mentirosos, los padres corruptos, las mucamas habladoras, la familia demandante, y, sobre todo, el público y los fans, que habían comenzado a abandonarlo lenta pero progresivamente desde ese glorioso día en 1982 en que “Thriller” se convirtió en el álbum mejor vendido en la historia de la música.
Ese fue el día que marcó el comienzo del fin.

La escritora Colette, que de estas cosas sabia, escribió en una oportunidad que una persona ‘anormal” no debe jamás sentirse como tal, sino mirar al resto y llegar a la conclusión de que no son mas que unos “cerdos monstruosos distintos a mi”.
Es posible que Jackson haya seguido este consejo como modo de supervivencia frente a un universo que a menudo lo trató con dosis similares de admiración y repudio.

Mas allá de las enormes rejas de “Neverland”, su rancho en Montecito, California, el mundo parecía violento, vulgar y aterrador. En su propiedad, en cambio, todo eran juegos, música, flores, comics, estrellas y niños.
Jackson no quería crecer porque no tenia idea de cómo lidiar con la madurez y sus consecuencias. No quería ver o escuchar malas noticias. Su inocencia forzada era la fuente de su creatividad y de cualquier cosa que en su caso pueda haber llevado el nombre de alegría.

La sorpresiva muerte del ídolo ha levantado un espejo frente a la cara de la cultura popular. Y la imagen reflejada no es bonita.

Igual como ha sucedido con otras estrellas caídas en desgracia- Ana Nicole Smith, Kurt Cobain, River Phoenix- los vicios reales o aparentes de Jackson fueron estrujados hasta la última gota en busca del rating o la venta de periódicos y revistas. Mientras mas grotesca era la historia, mas subía el “people meter”, y por lo mismo no es raro que desde desfalcos financieros a rampante abuso de menores no hubiera quedado un pecado sin mencionar junto a su nombre en los últimos años.

Su paro cardiaco detuvo también este flujo de acusaciones y calumnias. Por un rato. Encienda hoy la televisión o surfee la Internet, y lo mas probable es que se encontrará con la imagen mas dulce de Jackson, sus baladas románticas, sus contagiosos himnos pop y una sonrisa amable que parecía haber desaparecido por completo. Pero no se engañe. El romance con los muertos recientes es genuino pero frágil, y lo mas probable es que no pase mucho tiempo antes de un editor decida que ha pasado tiempo suficiente y que ha llegado la hora de contar nuevas revelaciones o atrocidades.

Afortunadamente, Jackson ya no estará aquí para leerlas.

Thursday, June 18, 2009

Creating Chile


El espacio se llama “Puro Chile”, fue creado por Marcelo Junemann, editor de la revista “Big”, y diseñado por el arquitecto Felipe Aassadi (creador de la casa mas arriba) y será inaugurado en una esquina del SoHo en Nueva York en Septiembre próximo.

Arrancando las primeras palabras de la canción nacional, este dúo pretende mostrar una cara distinta de Chile en el extranjero.

Una cara mas moderna. Una cara mas creativa. Una cara mas cool.

No son los únicos.

Ayer, en uno de esos días que llenan de ideas y energías, me reuní con dos diseñadores chilenos que están colaborando a que el nombre del país sea mencionado cada vez que se habla de creación y vanguardia artística.

La primera fue Sandra Müller, que nació en Chile, creció en Francia y Suiza, ahora vive en Los Angeles, y acaba de integrarse al influyente Council of Fashion Designers of America (CFDA).

Si está esperando de ella discretos colgantes o aritos de perlas, busque en otro lado, porque lo que Sandra hace está lejos de la legendaria ( y mortalmente aburrida) discreción chilena cuando se trata de joyas.

Mezcla de Goth & Rock, sus diseños incluyen broches en forma de guitarra en platino y turquesa, enormes e intrincados brazaletes, calaveras y un collar con puntas en diamantes y platino tan espectacular que, durante la entrega de premios del CFDA realizado el lunes pasado, Marc Jacobs y Antoine Arnault la detuvieron para admirarlo.

Sandra creció rodeada de estrellas –Audrey Hepburn, Julie Andrews, Liz Taylor y Doris Brynner eran sus ‘tias’, Daphne Guiness su compañera de juegos- y de ellas, sin duda, algo aprendió sobre su oficio.



El segundo fue Sebastián Errazuriz, que con una mezcla de talento, pasión y “cool look” se ha convertido en uno de los diseñadores mas comentados de Nueva York en el último tiempo.

La revista “Interview” le dedicó tres páginas en su “Design Issue” de Mayo con una entrevista realizada por Ross Bleckner. Además ha ocupado la portada de “I-D” y páginas en “Wallpaper” y “The New York Times” ‘T’ Magazine.

Y si quiere mas datos, aquí van: Keanu Reeves compró una de sus mesas hace unos días, y Takashi Murakami es fan.

¿Qué hace Sebastián? De todo; desde una lámpara fabricada con un pato taxi dérmico a una gigantesca mesa de cristal montada en un tronco. Actualmente está siendo representado por la influyente galería de Cristina Grajales en Manhattan y mantiene un estudio en Williamsburg donde, entre otras cosas, es posible encontrar un piano colgando de cuerdas desde el techo y un Cristo con capa de Superman.

Su mayor mayor aporte- y, quizás, su desafio mas grande- es su decisión de borrar de una vez y para siempre el frágil limite que divide el arte del diseño.




¿Quiere mas ‘made in Chile’?

Ahí está Simón País, que a los 23 años es- para mi muy personal gusto- uno de los mejores fotógrafos de moda que Chile ha visto en mucho tiempo o, como espero que suceda, “el próximo Mario Testino”.

No se trata solo de su impecable técnica o su ojo genial, sino de esa virtud que tienen algunos fotógrafos para transformar completamente la realidad, convirtiendo una cara, un zapato, un vestido, lo que sea, en un objeto de mágico e irresistible deseo.




La lista continua y es larga, pero por tiempo y paciencia solo nombraremos a uno mas: Smiljan Radic, uno de los arquitectos mas innovadores del país. Si tiene dudas, vaya a comer una noche de verano al restaurant “Mestizo” en Santiago y, mientras disfruta su pisco sour, quede mudo de asombro frente al ingenio y belleza de este lugar que combina naturaleza e impecable modernismo.

Si tiene suerte, quizás logre también visitar una de sus obras mas comentadas, una casa en Zapallar que parece estar flotando por sobre los acantilados frente al mar, una invitación al vértigo hecha de pura roca y pura vista.

Puro Chile.


Thursday, May 21, 2009

Francis Bacon: Twisted


Prepare su ánimo, su espíritu y su estómago si planea visitar la gigantesca retrospectiva de Francis Bacon que por estos días se exhibe en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York.

Bacon, según algunos el artista mas importante de Gran Bretaña después de Turner, no tiene compasión con su audiencia y la somete a mil y una torturas. Algunas son sicológicas- prisiones, castigos, malvados Papas- y otras son simplemente físicas, como esas pinturas que muestran la carne humana- mi carne, la suya-, como un simple trozo de steak listo para ser abusado, devorado, relamido, pero nunca realmente disfrutado.
Galería tras galería, el Metropolitan de Nueva York es una caverna del horror, una alegoría llena de crueldad y perversión que, para bien o para mal, funciona como un perfecto espejo para lo que llamamos con absoluta arrogancia e infinita ceguera, “modernidad”.

No es casualidad que Bacon haya servido como inspiración y maestro para los grandes artistas contemporáneos, crudos artesanos que van de Currin a Hirst, creadores que ven la vida desde el punto de vista mas oscuro y mas cercano. Tampoco es casualidad que este irlandés, que a pesar de todos los privilegios que da el ser un artista apreciado en su tiempo vivió la existencia de un condenado de Dante, haya escogido concentrarse en la boca como imagen perfecta para su imaginería.
Los gritos son una constante en las 70 y tantas pinturas que forman parte de la exhibición inaugurada la semana pasada con toda pompa y anticipación en Manhattan.

Gritos de angustia, de rabia, de tedio y de placer.
Gritos de mala vida.

Y aquí debemos dar algunas explicaciones.

Bacon, que celebra con esta muestra un centenario de su nacimiento, vivió lo que muchos considerarían un infierno. Su padre, abusador y alcohólico, lo golpeó hasta el cansancio, y cuando ya no tuvo fuerzas para darle un nuevo golpe, lo entregó a un amigo para que lo llevara a Berlín y le enseñara las reglas básicas de la disciplina.
El amigo hizo mucho mas que eso. Lo convirtió en su esclavo y su fetiche, y de paso hizo que la incipiente homosexualidad de Bacon se convirtiera en un martirio que durante los próximos setenta años lo hizo confundir amor con dolor, y romance con maltrato.

Así las cosas, no es raro que el atormentado pintor haya descrito a menudo sus preferencias sexuales como una “lesión”, una “cojera” inevitable y maldita que le impidió alcanzar cualquier cosa que se pareciera a la felicidad.
En cambio, optó por la pintura como escape y terapia, una tela blanca donde pudo estampar buena parte de sus obsesiones.
Su técnica es absolutamente autodidacta, porque aunque Picasso, Goya y Velásquez son parte importante de su repertorio, nunca los estudió en la academia. Todo lo que aprendió de ellos y del resto de sus inspiraciones fue en la calle, en el estudio, y, a menudo, en la cama.

Confundido frecuentemente en una nube de drogas y alcohol, Bacon recurrió a la religión como guía. Y ahí están, sus gritones Papas inspirados en el Pontífice Inocencio X de Velásquez, enjaulados y rabiosos en un charco de sangre púrpura, tan juzgadores, tan inhumanamente elevados, que parece imposible que sean contaminados siquiera con una gota de compasión.

Cada noche fue para el pintor una oportunidad.

Cuando en un viaje conoció a un hombre negocios en un hotel de mala muerte, la experiencia se transformó en una serie de magníficos cuadros que muestran a un hombre encarcelado en su traje y corbata, un animal aullando detrás de un botón demasiado apretado, un arquetipo que trae a la memoria en partes iguales a Ronald Reagan, Ted Haggart y George W. Bush.
Y sigamos mas allá, como sugiere, valiente, esta exhibición que antes estuvo colgada en el Museo del Prado en Madrid y la Tate Modern en Londres,.

A primera vista la sala dedicada a George Dyer, ladrón de poca monta y quizás el mas importante amante de Bacon, podría parecer un respiro. Pero acérquese a cada cuadro, mírelo de frente, y descubrirá otra historia de horror detrás de todos estos tonos rosados y pasteles.
Dyer, melodramático, narcisista y adicto- el perfecto amante para Bacon- decidió poner fin a sus días horas antes de la legendaria exhibición del artista en el Grand Palais de Paris, un honor que, en tiempos modernos, había estado reservado solo para Picasso.
Bacon lo encontró muerto en el piso del baño. Llamó a la ambulancia, a la policía, y horas después se vistió elegantemente para asistir a su gloriosa “vernissage” donde, según testigos, no reveló una huella de sentimiento.
Sin embargo, los vestigios de su pena y su culpa están ahora perfectamente claros y a la vista en Nueva York, en cuadros que parecen una mezcla de autorretrato, informe forense y Q.E.P.D, terriblemente fríos e intensos a la vez.

Algo similar sucede con el tríptico inspirado en Peter Lacey, otro amante, otra tragedia, que revela una historia de amor completamente despojada de inocencia y entregada sin remedio a la adicción.
Después de visitar el MET, solo queda preguntarse por qué Bacon continua siendo considerado uno de los artistas mas influyentes del siglo veinte. Su técnica es impecable, sin duda, y su capacidad para expresar movimiento y dolor es incomparable. Pero, en definitva, eso es solo aritmética.
Lo que lo distingue de la gran mayoría es su valentía, que en sus cuadros llega al borde del suicidio; esa determinada, cruel, irónica e irreversiblemente humana sensación de que la vida es, a fin de cuentas, no mucho mas que la suma de un millón de desgracias.







Wednesday, May 13, 2009

An Evening with Anna


-La moda significa distintas cosas para distintas personas. ¿Qué significa para ti, Anna?- le preguntó Jonathan Tisch a Anna Wintour anoche en una extraordinaria entrevista a teatro lleno realizada en el auditorio del 92Y en el Upper East Side Nueva York.

Anna, sentada en la punta de su sillón, envuelta en un vestido oscuro a la rodilla (¿Prada?) y un cardigan amarillo, con sus pies a la vista en una sandalias tambien amarillas y con su pelo… ¿para qué le digo como era el pelo, si ya lo sabe?, dio un suspiro y contestó que la moda, para ella, era su vida, el aire que respirada; era lo que hacia todos los días…

Y en eso estaba, dando giros poéticos a su respuesta, cuando desde el segundo piso del teatro se escuchó un grito…

-“¡Asesina! ¡Asesina!, ¡Esta mujer descuera animales vivos!”.

Luego se sumaron mas voces, “Fur Shame! Fur Shame!’, hasta que los encargados de seguridad corrieron escaleras arriba y expulsaron rápidamente a los manifestantes.

Anna, como si nada.

Ya está acostumbrada a estos ataques, y después de recibir un mapache muerto en su plato en el comedor del Four Seasons, regalo de otra activista de PeTa hace unos años, esto debe haberle parecido juego de niños.

“Como iba diciendo”, continuó cuando el escándalo terminó, “la moda significa distintas cosas para distintas personas. Y debo agregar que Vogue continuará informando sobre las pieles, mientras estas sean parte de la industria de la moda’.

Anna Wintour rara vez abre la boca, y por eso esta entrevista despertó tanto interés. Las entradas se agotaron en cuestión de horas en Octubre pasado, cuando se anunció su aparición, y anoche el auditorio de este centro cultural dedicado, mas que nada, a la comunidad judía, estaba repleto de muro a muro con fashionistas y fanáticos.

Sin perder nunca su compostura y sin subir jamás la voz- en un tono sospechosamente parecido al que Meryl Streep usó para interpretar a Miranda Prestley en “The Devil Wears Prada”-, Anna hablo de todo.

Dijo que en el colegio siempre haba sido la rebelde, que su uniforme era siempre el mas corto del curso. “Si ustedes hubieran usado ese uniforme, tambien se habrían rebelado”. Y dijo que su rebeldía no era única, que todo Londres era una ciudad rebelde y que había crecido admirando a las grandes modelos de su tiempo, Twiggy y Jean Shripmton.

Tambien habló de su padre, que fue editor del muy respetado Evening Standard. “De él y de mi madre heredé una severa ética de trabajo, y ellos me enseñaron que el éxito en el trabajo es una fantástica manera de sentirse satisfecho consigo mismo”.

“Nunca fui a la universidad’, agregó después, “Y eso es algo de lo que siempre me he sentido terriblemente avergonzada”.

Como dijo Tisch, esta entrevista, que fue programada hace mas de seis meses, llegó en el momento mas oportuno, cuando todos los mundos de Anna- editorial, retail, publicidad, moda- parecen estar redefiniéndose después de la crisis.

Vogue, explicó la editora, está bien consciente de las dificultades que vive el mundo allá afuera, lejos de la torre del 4 de Times Square que ocupa Condé Nast, pero no se va a convertir tampoco en “Recession Weekly”. (Sus palabras, no las mías).

“Por primera vez nos estamos fijando en el precio de las cosas. Nunca antes lo habíamos hecho, y hay muchas editoras de la revista que se han sorprendido al saber que un vestido corto de mostacillas puede costar 25,000 dólares”- aseguró.

¿Qué mas?

“Estamos mas conscientes de los gastos de la revista, pero tambien trabajamos en una empresa que está dispuesta a invertir en calidad. No tenemos problemas en contratar a los mejores escritores, a los mejores fotógrafos, y ese es un valor que distingue a Condé Nast de otras editoriales”.

¿Qué tipo de escritores busca Vogue?, le peguntó Tisch, y yo saque de inmediato mi lápiz y papel.

“Nos interesan escritores que tengan una voz”, dijo ella, “escritores que sean fácilmente identificables y que, aunque no tengan el mejor estilo, tengan algo original que decir”. Luego dijo que Hamish Bowles, André Leon Talley, Grace Coddington y Sally Singer eran buenos ejemplos del equipo que buscaba. “Son embajadores de Vogue”, señaló, “!Porque yo no puedo estar en todas partes!”.

Mas tarde, durante las preguntas del público, alguien le preguntó como podía conseguir un trabajo en Vogue.

Volví a sacar mi papel y lápiz.

“Escriba un email o una carta a nuestro departamento de recursos humanos, si nos gusta lo que vemos, organizamos una entrevista, y si nos sigue gustando ¡tiene trabajo!”.

Hmmm, “Dear Anna, my name is Manuel Santelices….”.

También dijo que no confiaba en estudios de marketing o en head hunters a la hora de contratar, sino en sus “instintos’. “Escojo a la gente con la que querría pasar tiempo, y los que no están de acuerdo conmigo. No me interesa estar rodeada de ‘yes men’”.

Volviendo a la crisis, Tisch le preguntó si sentía “nuevas presiones” del “business side” de Condé Nast.

Anna no entendió- o simuló no entender- la pregunta, y Tisch la repitió una vez mas.

“El ‘business side’ jamás interfiere con el lado editorial de la revista”, aseguró, “Nunca hemos sentido la obligación de publicar avisadores solo porque son avisadores, o de llegar a ciertos compromisos como ha sucedido con otras publicaciones”.

Este fue un agudo y certero golpe a Harper’s Bazaar, que hace un tiempo entregó su alma, su cuerpo y todo lo que quedó, a Esteé Lauder durante el lanzamiento de su perfume “Sensuous”. Fue una movida comercialmente exitosa, pero tambien ampliamente criticada.

Tisch, halagador, comentó que en veinte años Anna había logrado convertir a Vogue en una marca reconocible internacionalmente. Ella, modesta, respondió el halago diciendo que la marca existia mucho antes de que ella llegara. “Queremos ser como Coca-Cola o Nike, una marca que no es muy “hot” ni muy “cool”, sino que está siempre ahí, presente en la conciencia colectiva. Tampoco podemos estar muy ‘ahead of the curve’, porque perderíamos a nuestros lectores”.

-Y tu, ¿Eres tambien una marca?
-¡Of course not!- contestó ella, bebiendo un largo sorbo de agua de la botella que tenia a la mano, - En Vogue no hay una estrella, todos somos estrellas..

¿Qué mas?

Dijo que entrevistaba a cada asistente que llegaba a la revista, “porque estamos invirtiendo en ellas igual que en los editores’. Dijo que Michelle Obama, y no Vogue, había sido decidido que iría en la portada de la revista apenas tres meses después de la elección de Barack . Y dijo que Washington, durante largo tiempo, “había sentido miedo de nosotros” y que Michelle, por el contrario “adora y entiende la moda’.

Finalmente, Tisch, sin mencionar los rumores que aseguran que Anna tiene contados sus días en Vogue, le preguntó, diplomático, qué otra cosa le gustaría hacer en el futuro.

“Siento que tengo el mejor trabajo del mundo”, contestó ella, “Amo lo hago, amo a la gente que trabaja conmigo y amo a la industria de la moda. Y, francamente, creo que no seria buena haciendo nada mas”.

“Lo dudo”, comentó Tisch. Y yo estoy de acuerdo con él.

Wednesday, May 6, 2009

That Cougar Woman


En Estados Unidos las llaman las “cougars”, una jauría de tigresas con constante apetito por carne masculina fresca y joven.

La cougar mas célebre del mundo, y probablemente la mas envidiada también, es Demi Moore, que con el aplomo de una fiera cuarentona puso sus ojos sobre Ashton Kutcher, casi quince años menor que ella, y con un certero zarpazo lo llevó primero a su dormitorio y luego al altar. “Tengo la suerte de dormir con él’, alardeó orgullosa hace unos días a través de, ¿qué mas?, “Twitter”.
Demi no es la única. Cameron Díaz disfrutó durante casi tres años de la juvenil compañía de Justin Timberlake, y Cher, la madre de todas las cougars, ha pasado décadas convirtiendo esto de la seducción de hombres menores en un arte.

Julianne Moore y Susan Sarandon son cougars fieles y estables, bien emparejadas y durante años con el director Bart Freudlich y el actor Tim Robbins respectivamente. Halle Berry, a los 42 años, es una década mayor que su atractivo marido, el modelo Gabriel Autrey, pero el cóctel genético de esta pareja es tan evidente e irresistible, que en este caso la edad no parece mas que una irrelevante ecuación formada por números sin importancia.

No puede decirse lo mismo de Madonna, que a los 50 años y recién divorciada, no encontró mejor consuelo que un modelo brasilero cuasi adolescente que acostumbra a trabajar sin camisa y que responde al nombre de Jesús. En cualquier otra, la situación habría sido un escándalo, pero en el caso de Madonna todo tiene tanto sentido, es tan obvio y predecible, que el romance, que duró algo así como 76 horas y cubrió dos continentes, no llegó a mas que una columna de chismes en los periódicos.

Por supuesto, cougars hay en todas partes, no solo en Hollywood.

Ponga atención y ahí la verá, la de sweater color fucsia talla “small”. La Raquel Welch de la reunión de apoderados, que llega siempre atrasada y todavía en tenida de yoga. La que se pasea en shorts y plataformas los miércoles por la tarde en el Mall de la Dehesa. La del bronceado permanente y el pelo aleonado. La de las uñas de los pies bien limadas, pintadas y adornadas con flores o corazoncitos. La que trata a todas las mujeres de “perrita” y a los hombres de “mi amor”. Y la que en el restaurant siempre abandona la mesa porque tiene “que tomar esta llamada”, y desaparece por quince, veinte minutos, y regresa toda acalorada explicando que era “un amigo argentino” del que no sabia nada desde hace tiempo.

Si algo distingue a las cougars es su capacidad para hacer amigos en todas partes. El peluquero es su amigo. El personal trainer también. El profesor de los niños, el instructor de tenis, el DJ de la fiesta de quince de su hijastra y hasta el “bartender” que conoció en el crucero a las Bahamas, todos son sus amigos, y todos, por supuesto, son visiblemente mas jóvenes que ella.

Eso la mantiene “activa”, como dice.

Cuando se encuentra con alguno en la calle o alguna fiesta, la cougar los saluda cálida y con una intimidad que suele poner incómodo al resto de los presentes. Primero viene el abrazo, que dura una milésima mas allá de lo aconsejable e incluye una peligrosa cercanía de cinturas y caderas. Luego vienen los dos besos, la caricia en la mejilla para asegurarse que no dejó “marca de rouge”, y luego una conversación marcada por risitas y susurros al oído y donde la cougar, en ningún momento y por ningún motivo, deja de sobar la espalda de su amigo.

Por vocación, historia e interés, la Cougar es generalmente divorciada. O viuda. Y si es casada, es con un hombre tan ocupado, tan aburrido o tan gay, que para efectos prácticos no cuenta para nada.

La maternidad la “entretiene” y los hijos son “su cable a tierra”, pero, la verdad, tiene poco tiempo para las responsabilidades que involucra una familia. En ese sentido es una mujer que prefiere “calidad” antes que “cantidad”, convencida de que media hora a la llegada del colegio y cinco minutos antes de acostarse es suficiente para crear una relación “rica” con los niños.
Si los hijos son adolescente, es la mamá “cool”, la mamá “chora”, la que baja con ellos a la playa, se saca el pareo a la menor provocación y, bordeando los 50, todavía muestra un singular talento para jugar a las paletas y una embarazosa predilección por los bikinis.
En el verano, puede pasar horas al atarceder hablando con los amigos adolescentes de su hijos, especialmente si son sus compañeros en el equipo de rugby o natación. Les da consejos sobre el futuro, les dice que “vivan la vida” porque “los años pasan muy rápido”, que no hay que tener miedo de “nuevas experiencias’, y que si ella tuviera veinte años menos “nada la detendría”. Y dicho esto les ofrece una ducha para que se limpien la sal y la arena, y una cerveza “heladita” porque ¡hace un calooooor!.

Aunque quienes la conocen usan a menudo otros términos, la cougar se describe a sí misma como “feminista”. Ella no sigue reglas, las crea- explica a quien quiera escucharla-, y después del fracaso que fueron sus dos primeros matrimonios, decidió que jamás volvería a someterse a las órdenes de un hombre.
Esta es una mujer que no le da explicaciones a nadie, y si quiere partir sola a Brasil, como hace a menudo, o salir a bailar con un ‘amigo’, como hace más a menudo aun, es cosa de ella y ya está.

La cougar le tiene terror a la vejez, porque una cosa es ser “feminista” platinada y con escote, y otra muy distinta es serlo cuando una ya ha tenido su primer implante de cadera.
Por lo mismo combate el paso de los años con una disciplina casi militar. Jogging, pilates, spin, tenis, yoga y kickboxing son parte de su ritual diario, y los fines de semana pasa al menos tres horas en el sauna “meditando”. El agua y el té verde son sus líquidos favoritos de nueve a seis; aunque después de eso prefiere tragos menos saludables y mas exóticos- Margaritas de mango, Dairikis de Strawberry, Khaluas- o vino blanco, seco y bien helado.
Como es moderna e independiente, no tiene ningún problema en reconocer que ha recurrido a la ayuda del bisturí. “Me he hecho de tooooodo”, confiesa frente a sus amigas, “y si tuviera el dinero necesario, me haría mucho mas”.
Su escote inevitablemente arranca silbidos y hasta aullidos en los sitios de construcción, y aunque su boca es ampliamente criticada entre sus vecinos del “condo”, ella toma estas críticas como signo evidente de envidia, de “mala leche”, de la incapacidad que algunos tienen de no meter su nariz en asuntos que no son los suyos.

Aunque todas estas características son comunes en la cougars, lo que realmente las distingue del resto de la población femenina es, por supuesto, su elección de pareja.
Mientras el romance no la convierta en una pedófila, todo está bien, piensa ella mientras pasa a buscar a su “novio” a la salida de la Universidad.
La famosa frase de Ivana Trump, “prefiero ser niñera que enfermera”, es su Biblia en estos asuntos, y cuando alguien se atreve a comentarle la diferencia de edad entre ella y el novio, la cougar lanza un estudiado discurso que dice, palabras mas palabras menos, que los hombres de su edad son una lata, unos viejos gordos y pelados, mañosos, avaros, vanidosos y, peor todavía, interesados en mujeres de veinte, y que ella en cambio prefiere un hombre joven porque, en su cabeza, todavía se siente de 22.

Su cacería no es tan difícil como algunos podrían imaginar, en parte porque la cougar es, a su modo, todavía sexy, y en parte porque es también increíblemente fácil de conquistar. Y para esa olla a presión de testosterona que es un hombre de veinte años, estas dos cualidades son, a menudo, suficientes.

Tuesday, March 31, 2009

The Spanish Heart


Con una mezcla de respeto y sarcasmo, de veneración y rencor, la prensa española publica diariamente las aventuras de la aristocracia del país. Y lo hace con el entusiasmo de un perro de caza frente a una presa jugosa, revelando hasta el último secreto y el mas íntimo vicio, hasta que al final de la nota no queda una sombra de duda sobre las debilidades del noble en cuestión.

Este es un juego popular y peligroso donde no se salva nadie, ni siquiera la familia real, como quedó demostrado hace unas semanas cuando los periódicos españoles anunciaron primero y con cautela, que la princesa Letizia de Asturias tenia un rostro nuevo, renovado, mas suave, y, luego, perdiendo toda compostura, que la mujer del príncipe Felipe se había sometido a una rinoplastia y quién sabe a qué otras cirugías.

La casa real española se vio obligada emitir una declaración confesando que sí, que la futura Reina lucia una nueva nariz, pero que su cambio de aspecto no se debía a la vanidad sino a “problemas respiratorios provocados por una desviación del tabique nasal”.
Como sea, la princesa, radiante y bellísima con su nuevo “look”, debe dar poca importancia a los comentarios. A estas alturas ya está acostumbrada al constante cascabel periodístico que la rodea, a esos columnistas que comienzan sus historias con un respetuoso “Su Alteza Real” para después crucificarla en las páginas de los tabloides, y a esos shows televisivos donde mas de una rubia neumática y escotada dedica una hora a hablar de cómo el viento le subió la falda en algún evento oficial o de lo “preocupante” que es su extrema delgadez.

La princesa fue una victima fácil desde el principio. Periodista, bonita, joven, plebeya y divorciada, tenia demasiados ángulos atractivos para ocupar una portada. Y desde su comentado matrimonio, realizado en mayo del 2004 con todo esplendor en la Catedral de Sevilla frente a una multitud de famosos que incluyó desde la emperatriz Farah Diba a Agatha Ruiz de la Prada, portadas ha habido miles.

Por estos días, sin embargo, Letizia ha encontrado cierto descanso. Toda la atención de la prensa permanece concentrada en Jaime de Marichalar, Duque de Lugo, ex marido de la Infanta Elena, que hace unas semanas apareció en la portada de la revista “Época” acusado de consumir cocaína. El consumo es “ocasional’, dice el articulo, pero suficiente como para que la propia Infanta lo use como recurso para conseguir la nulidad religiosa definitiva de su matrimonio.

La publicación de la noticia obligó al hermano menor del Duque, Alvaro Marichalar, a enfrentar las cámaras diciendo que, como ciudadano, se sentía “muy afectado” y que esta persecución periodística demostraba que España era “un país sin ley”. El Palacio de la Zarzuela reaccionó con una indignación similar, asegurando a través de su vocero que “rotundamente, no se ha iniciado ningún trámite de ningún tipo, ni civil ni eclesiástico”.
¿Dónde estaba el Duque de Lugo, padre del príncipe Froilán y la princesa Victoria Federica, en medio de todo este escándalo? En Paris, por supuesto, sentado junto a Stephanie Seymour, Barbara Bush y Antoine Arnault en la primera fila del desfile de Dior y “sin perderse detalle de los modelos propuestos para la próxima temporada Primavera-Verano”, según informó la revista “Hola”. Esta publicación, que considera a la nobleza española su pan de cada día, fue la encargada de anunciar que el Duque- conocido por su afición a los foulards, las fedoras, los pantalones vistosos, los grandes abanicos y el terciopelo- había sido, aun en estas complicadas circunstancias, “fiel a su cita con la moda francesa”.
Paris y su elegante mundo “fashion” son a menudo un buen refugio para los aristócratas españoles en problemas.

Carmen Martínez Bordiú, nieta del generalísimo Francisco Franco, vivió ahí durante años y regresó a España solo para convertirse, una vez mas, en blanco de todos los dardos periodísticos. Su última aparición pública- en una muestra de que en la península ibérica nadie está a salvo de las garras de la farándula- fue junto a los acordes del paso doble y el cha-cha-chá en “Bailando con las Estrellas’.

Nati Abascal, la ex actriz y modelo que lleva sobre su chic cabeza el titulo de Duquesa de Feria, es otra enamorada de la capital francesa.
Cada vez que hay un escándalo, Nati se refugia en París, lo que significa que pasa ahí buena parte del tiempo porque, a pesar de su titulo y su legendaria elegancia, su reputación personal parece estar a menudo al borde del abismo. En los 70’s causó comentarios apareciendo desnuda en las páginas de Play Boy. En los 80’s, divorciándose del Duque después de ser descubierta a bordo de un yate besándose con el presidente del Real Madrid. Y desde los 90’s, toda España ha sido testigo de su afición a la fiesta y los “drinks”, que la hacen aparecer frecuentemente a la salida de restaurantes y bares confusa y tambaleándose sobre sus gigantescos tacos. En un reciente episodio, las cámaras de la televisión hispana la captaron dirigiéndose bien entrada la madrugada rumbo a su automóvil después de otra noche de copas. Nati, encantada con la atención periodística, se acercó a los reporteros y les dijo: “te quiero a tí, te quiero a tí y a tí; y a ése también le quiero...".

La frase se convirtió en la mas repetida del país durante semanas.
Los hijos de la Duquesa. Luis y Rafael Medina, heredaron la belleza y elegancia de su madre y los títulos de su padre, el desaparecido Rafael Medina y Fernández de Córdoba, Duque de Feria, que murió de una sobredosis de barbitúricos el 2001, a los 58 años, después de una vida repleta de tragedias y desenfrenos. Sus últimos años de vida los pasó en la cárcel, acusado de abuso de menores y hundido en una profunda depresión.

Un diario de Sevilla, después de anunciar que la Duquesa no asistiría al entierro de su ex marido porque su muerte la había encontrado de vacaciones en Kuala Lumpur, resumió el triste momento con este párrafo: “Al pobre Rafael ya se lo ha llevado Dios, qué suerte, habrá dicho alguno. La bandera de los Medinaceli en Pilatos ondea a media asta, pero sólo las putas de Sevilla lloran su muerte”.

Cualquiera que vea las fotos de Luis y Rafael en las “revistas del corazón” españolas, tan jóvenes, guapos y chic, jamás imaginaria la cantidad de escándalos que corren por sus venas. Quizás la única huella de este legado de controversias sea la aversión de estos nobles a la prensa.
“Mi vida no es nada interesante”, dice Rafael, el mayor, actual Duque de Feria y uno de los solteros mas apetecidos de Europa. “Tengo mi trabajo, no me dedico a contar mi vida, y por eso convivo bien con la prensa. Las persecuciones van por rachas. Es algo que me ha tocado vivir. Se concentran en mi unos días y luego me dejan en paz”.

En un país donde, como está visto, no hay un título que no acarreé también una cruz. Rafael Medina lleva el suyo con la dignidad de un noble. “Nunca ha sido un peso” aseguró hace un tiempo al diario ABC de Madrid, “Lo llevo con todo el orgullo y, el día de mañana, espero que mis hijos lo hereden en el lugar alto, donde siempre ha estado y donde debe estar”.

Saturday, March 21, 2009

What Would Valentino Do?


Perdón por la ausencia, pero la crisis tocó la puerta del lado, la del otro lado, la del frente, y finalmente vino a tocar la mía cerrando una revista con la que llevaba largo tiempo colaborando y que, con su cierre, se llevó un trozo de mi corazón y un buen pedazo de mis ingresos.

Oh, well.

En eso estaba, tomando sopa recién servida de autocompasión, cuando recibí una invitación para asistir a un “press secreening” del documental “Valentino: El Ultimo Emperador” que se estrenó en Nueva York esta semana.

Saque papel y lápiz, porque aquí hay algunas lecciones que vale la pena aprender sobre como enfrentar la recesión..

La primera es que no hay que preocuparse del dinero.

En la película, Valentino reconoce que lo único que sabe hacer son vestidos para sus “ladies” y que es terrible “para todo lo demás”.
Lo “demás” incluye desde mantener un imperio que fue vendido el 2002 por 1.1 mil millones de dólares, a limpiar los dientes de sus cinco perritos mascotas.

Para eso hay otra gente mas capacitada, como su pareja durante mas de cuatro décadas y “socio” por medio siglo, Giancarlo Giametti que, citando a Confucio en la película, dice que “cuando dos hombres cabalgan el mismo caballo, uno de ellos debe ir montado atrás”.

Yo no podría haberlo dicho mejor.

Otra lección importante es que, en tiempos de crisis, uno debe concentrarse en lo fundamental- como que las flores estén frescas en el living o que haya suficientes botellas de champagne en el refrigerador- y olvidar lo superfluo. Después de todo, ¿Qué ganan personas creativas como Valentino, usted o yo, perdiendo el tiempo hablando de cuentas por pagar o, Dios nos ampare, el costo de mantener un Château en Francia, un Palazzo y una Villa en roma, un chalet de ski en Gstaad, un penthouse en Manhattan, un jet y un yate?

Disfrute lo tiene, y no llore por lo que no tiene.
Esa es mi nueva filosofía, via Valentino.

Tercera lección: adquiera un bronceado.
Si quiere saber como se ve Valentino en una pantalla de cine, mire al sol de frente durante el atardecer en sus próximas vacaciones en el Caribe. Todo es luz; todo es naranja. Y aunque mas de alguien podría poner en duda las ventajas estéticas de semejante look- sin siquiera mencionar las de salud-, Valentino se pasea dorado como un Oscar y, a primera vista al menos, completamente feliz y saludable a los 76 años.

La película, que fue dirigida por el periodista de “Vanity Fair” Matt Tyrnauer y filmada en un periodo de dos años, del 2006 al 2008, es también evidencia de que, como dicen los terapeutas, es mejor deshacerse de la rabia y otros sentimientos negativos rápidamente y no guardarlos dentro de uno mismo.

Busque su “Diva interna” y arme un escándalo cada vez que pueda y a la menor provocación, como hace Valentino. Y si no hay provocación, ármelo igual. Nada como una buena rabieta para mantenerse en buena forma.
El diseñador lanza las suyas cada cinco minutos en el documental, alegando porque Giametti quiere mas vuelos en un vestido, porque sus perros no pueden usar todos los asientos en el jet- dejando a la azafata de pie en el despegue-, porque la pasarela no está a su gusto, o porque nadie entiende que una mujer que muestra sus tobillos caminando en un vestido largo es, simplemente, ¡la visión mas horrorosa que cualquiera puede enfrentar!.

La ultima lección, y para mi gusto la mas importante, es que hay que tener corazón.
En dos años de filmación, Valentino llora solo en dos ocasiones.

La primera es cuando menciona el nombre de Giametti, su compañero de vida, durante la ceremonia de entrega de la medalla de la Legión de Honor del gobierno francés.

Casi mudo- por primera vez-, dice que agradece “al señor Giametti, que ha estado junto a mí todos estos años’.

La segunda es cuando recibe a sus costureras a la entrada de una retrospectiva organizada con ocasión de su retiro en la galería Ara Pacis en Roma. “Estoy con usted desde 1966”, le recuerda una de ellas, “y él la abraza con los ojos llenos de lágrimas, sin que siquiera el impecable traje que usa como coraza o su perfecto peinado sean capaces de ocultar la fragilidad de sus sentimientos

Oh, well.

Vaya al banco, saque los últimos centavos de su cuenta de ahorros, y gástelos- no, mejor dicho “inviértalos”- en calcetines de cashmere, orquídeas, una bellísima pintura o un ticket a Roma. Será un poco mas pobre, pero también un poco mas feliz.

Happy recession!