Thursday, May 21, 2009

Francis Bacon: Twisted


Prepare su ánimo, su espíritu y su estómago si planea visitar la gigantesca retrospectiva de Francis Bacon que por estos días se exhibe en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York.

Bacon, según algunos el artista mas importante de Gran Bretaña después de Turner, no tiene compasión con su audiencia y la somete a mil y una torturas. Algunas son sicológicas- prisiones, castigos, malvados Papas- y otras son simplemente físicas, como esas pinturas que muestran la carne humana- mi carne, la suya-, como un simple trozo de steak listo para ser abusado, devorado, relamido, pero nunca realmente disfrutado.
Galería tras galería, el Metropolitan de Nueva York es una caverna del horror, una alegoría llena de crueldad y perversión que, para bien o para mal, funciona como un perfecto espejo para lo que llamamos con absoluta arrogancia e infinita ceguera, “modernidad”.

No es casualidad que Bacon haya servido como inspiración y maestro para los grandes artistas contemporáneos, crudos artesanos que van de Currin a Hirst, creadores que ven la vida desde el punto de vista mas oscuro y mas cercano. Tampoco es casualidad que este irlandés, que a pesar de todos los privilegios que da el ser un artista apreciado en su tiempo vivió la existencia de un condenado de Dante, haya escogido concentrarse en la boca como imagen perfecta para su imaginería.
Los gritos son una constante en las 70 y tantas pinturas que forman parte de la exhibición inaugurada la semana pasada con toda pompa y anticipación en Manhattan.

Gritos de angustia, de rabia, de tedio y de placer.
Gritos de mala vida.

Y aquí debemos dar algunas explicaciones.

Bacon, que celebra con esta muestra un centenario de su nacimiento, vivió lo que muchos considerarían un infierno. Su padre, abusador y alcohólico, lo golpeó hasta el cansancio, y cuando ya no tuvo fuerzas para darle un nuevo golpe, lo entregó a un amigo para que lo llevara a Berlín y le enseñara las reglas básicas de la disciplina.
El amigo hizo mucho mas que eso. Lo convirtió en su esclavo y su fetiche, y de paso hizo que la incipiente homosexualidad de Bacon se convirtiera en un martirio que durante los próximos setenta años lo hizo confundir amor con dolor, y romance con maltrato.

Así las cosas, no es raro que el atormentado pintor haya descrito a menudo sus preferencias sexuales como una “lesión”, una “cojera” inevitable y maldita que le impidió alcanzar cualquier cosa que se pareciera a la felicidad.
En cambio, optó por la pintura como escape y terapia, una tela blanca donde pudo estampar buena parte de sus obsesiones.
Su técnica es absolutamente autodidacta, porque aunque Picasso, Goya y Velásquez son parte importante de su repertorio, nunca los estudió en la academia. Todo lo que aprendió de ellos y del resto de sus inspiraciones fue en la calle, en el estudio, y, a menudo, en la cama.

Confundido frecuentemente en una nube de drogas y alcohol, Bacon recurrió a la religión como guía. Y ahí están, sus gritones Papas inspirados en el Pontífice Inocencio X de Velásquez, enjaulados y rabiosos en un charco de sangre púrpura, tan juzgadores, tan inhumanamente elevados, que parece imposible que sean contaminados siquiera con una gota de compasión.

Cada noche fue para el pintor una oportunidad.

Cuando en un viaje conoció a un hombre negocios en un hotel de mala muerte, la experiencia se transformó en una serie de magníficos cuadros que muestran a un hombre encarcelado en su traje y corbata, un animal aullando detrás de un botón demasiado apretado, un arquetipo que trae a la memoria en partes iguales a Ronald Reagan, Ted Haggart y George W. Bush.
Y sigamos mas allá, como sugiere, valiente, esta exhibición que antes estuvo colgada en el Museo del Prado en Madrid y la Tate Modern en Londres,.

A primera vista la sala dedicada a George Dyer, ladrón de poca monta y quizás el mas importante amante de Bacon, podría parecer un respiro. Pero acérquese a cada cuadro, mírelo de frente, y descubrirá otra historia de horror detrás de todos estos tonos rosados y pasteles.
Dyer, melodramático, narcisista y adicto- el perfecto amante para Bacon- decidió poner fin a sus días horas antes de la legendaria exhibición del artista en el Grand Palais de Paris, un honor que, en tiempos modernos, había estado reservado solo para Picasso.
Bacon lo encontró muerto en el piso del baño. Llamó a la ambulancia, a la policía, y horas después se vistió elegantemente para asistir a su gloriosa “vernissage” donde, según testigos, no reveló una huella de sentimiento.
Sin embargo, los vestigios de su pena y su culpa están ahora perfectamente claros y a la vista en Nueva York, en cuadros que parecen una mezcla de autorretrato, informe forense y Q.E.P.D, terriblemente fríos e intensos a la vez.

Algo similar sucede con el tríptico inspirado en Peter Lacey, otro amante, otra tragedia, que revela una historia de amor completamente despojada de inocencia y entregada sin remedio a la adicción.
Después de visitar el MET, solo queda preguntarse por qué Bacon continua siendo considerado uno de los artistas mas influyentes del siglo veinte. Su técnica es impecable, sin duda, y su capacidad para expresar movimiento y dolor es incomparable. Pero, en definitva, eso es solo aritmética.
Lo que lo distingue de la gran mayoría es su valentía, que en sus cuadros llega al borde del suicidio; esa determinada, cruel, irónica e irreversiblemente humana sensación de que la vida es, a fin de cuentas, no mucho mas que la suma de un millón de desgracias.







Wednesday, May 13, 2009

An Evening with Anna


-La moda significa distintas cosas para distintas personas. ¿Qué significa para ti, Anna?- le preguntó Jonathan Tisch a Anna Wintour anoche en una extraordinaria entrevista a teatro lleno realizada en el auditorio del 92Y en el Upper East Side Nueva York.

Anna, sentada en la punta de su sillón, envuelta en un vestido oscuro a la rodilla (¿Prada?) y un cardigan amarillo, con sus pies a la vista en una sandalias tambien amarillas y con su pelo… ¿para qué le digo como era el pelo, si ya lo sabe?, dio un suspiro y contestó que la moda, para ella, era su vida, el aire que respirada; era lo que hacia todos los días…

Y en eso estaba, dando giros poéticos a su respuesta, cuando desde el segundo piso del teatro se escuchó un grito…

-“¡Asesina! ¡Asesina!, ¡Esta mujer descuera animales vivos!”.

Luego se sumaron mas voces, “Fur Shame! Fur Shame!’, hasta que los encargados de seguridad corrieron escaleras arriba y expulsaron rápidamente a los manifestantes.

Anna, como si nada.

Ya está acostumbrada a estos ataques, y después de recibir un mapache muerto en su plato en el comedor del Four Seasons, regalo de otra activista de PeTa hace unos años, esto debe haberle parecido juego de niños.

“Como iba diciendo”, continuó cuando el escándalo terminó, “la moda significa distintas cosas para distintas personas. Y debo agregar que Vogue continuará informando sobre las pieles, mientras estas sean parte de la industria de la moda’.

Anna Wintour rara vez abre la boca, y por eso esta entrevista despertó tanto interés. Las entradas se agotaron en cuestión de horas en Octubre pasado, cuando se anunció su aparición, y anoche el auditorio de este centro cultural dedicado, mas que nada, a la comunidad judía, estaba repleto de muro a muro con fashionistas y fanáticos.

Sin perder nunca su compostura y sin subir jamás la voz- en un tono sospechosamente parecido al que Meryl Streep usó para interpretar a Miranda Prestley en “The Devil Wears Prada”-, Anna hablo de todo.

Dijo que en el colegio siempre haba sido la rebelde, que su uniforme era siempre el mas corto del curso. “Si ustedes hubieran usado ese uniforme, tambien se habrían rebelado”. Y dijo que su rebeldía no era única, que todo Londres era una ciudad rebelde y que había crecido admirando a las grandes modelos de su tiempo, Twiggy y Jean Shripmton.

Tambien habló de su padre, que fue editor del muy respetado Evening Standard. “De él y de mi madre heredé una severa ética de trabajo, y ellos me enseñaron que el éxito en el trabajo es una fantástica manera de sentirse satisfecho consigo mismo”.

“Nunca fui a la universidad’, agregó después, “Y eso es algo de lo que siempre me he sentido terriblemente avergonzada”.

Como dijo Tisch, esta entrevista, que fue programada hace mas de seis meses, llegó en el momento mas oportuno, cuando todos los mundos de Anna- editorial, retail, publicidad, moda- parecen estar redefiniéndose después de la crisis.

Vogue, explicó la editora, está bien consciente de las dificultades que vive el mundo allá afuera, lejos de la torre del 4 de Times Square que ocupa Condé Nast, pero no se va a convertir tampoco en “Recession Weekly”. (Sus palabras, no las mías).

“Por primera vez nos estamos fijando en el precio de las cosas. Nunca antes lo habíamos hecho, y hay muchas editoras de la revista que se han sorprendido al saber que un vestido corto de mostacillas puede costar 25,000 dólares”- aseguró.

¿Qué mas?

“Estamos mas conscientes de los gastos de la revista, pero tambien trabajamos en una empresa que está dispuesta a invertir en calidad. No tenemos problemas en contratar a los mejores escritores, a los mejores fotógrafos, y ese es un valor que distingue a Condé Nast de otras editoriales”.

¿Qué tipo de escritores busca Vogue?, le peguntó Tisch, y yo saque de inmediato mi lápiz y papel.

“Nos interesan escritores que tengan una voz”, dijo ella, “escritores que sean fácilmente identificables y que, aunque no tengan el mejor estilo, tengan algo original que decir”. Luego dijo que Hamish Bowles, André Leon Talley, Grace Coddington y Sally Singer eran buenos ejemplos del equipo que buscaba. “Son embajadores de Vogue”, señaló, “!Porque yo no puedo estar en todas partes!”.

Mas tarde, durante las preguntas del público, alguien le preguntó como podía conseguir un trabajo en Vogue.

Volví a sacar mi papel y lápiz.

“Escriba un email o una carta a nuestro departamento de recursos humanos, si nos gusta lo que vemos, organizamos una entrevista, y si nos sigue gustando ¡tiene trabajo!”.

Hmmm, “Dear Anna, my name is Manuel Santelices….”.

También dijo que no confiaba en estudios de marketing o en head hunters a la hora de contratar, sino en sus “instintos’. “Escojo a la gente con la que querría pasar tiempo, y los que no están de acuerdo conmigo. No me interesa estar rodeada de ‘yes men’”.

Volviendo a la crisis, Tisch le preguntó si sentía “nuevas presiones” del “business side” de Condé Nast.

Anna no entendió- o simuló no entender- la pregunta, y Tisch la repitió una vez mas.

“El ‘business side’ jamás interfiere con el lado editorial de la revista”, aseguró, “Nunca hemos sentido la obligación de publicar avisadores solo porque son avisadores, o de llegar a ciertos compromisos como ha sucedido con otras publicaciones”.

Este fue un agudo y certero golpe a Harper’s Bazaar, que hace un tiempo entregó su alma, su cuerpo y todo lo que quedó, a Esteé Lauder durante el lanzamiento de su perfume “Sensuous”. Fue una movida comercialmente exitosa, pero tambien ampliamente criticada.

Tisch, halagador, comentó que en veinte años Anna había logrado convertir a Vogue en una marca reconocible internacionalmente. Ella, modesta, respondió el halago diciendo que la marca existia mucho antes de que ella llegara. “Queremos ser como Coca-Cola o Nike, una marca que no es muy “hot” ni muy “cool”, sino que está siempre ahí, presente en la conciencia colectiva. Tampoco podemos estar muy ‘ahead of the curve’, porque perderíamos a nuestros lectores”.

-Y tu, ¿Eres tambien una marca?
-¡Of course not!- contestó ella, bebiendo un largo sorbo de agua de la botella que tenia a la mano, - En Vogue no hay una estrella, todos somos estrellas..

¿Qué mas?

Dijo que entrevistaba a cada asistente que llegaba a la revista, “porque estamos invirtiendo en ellas igual que en los editores’. Dijo que Michelle Obama, y no Vogue, había sido decidido que iría en la portada de la revista apenas tres meses después de la elección de Barack . Y dijo que Washington, durante largo tiempo, “había sentido miedo de nosotros” y que Michelle, por el contrario “adora y entiende la moda’.

Finalmente, Tisch, sin mencionar los rumores que aseguran que Anna tiene contados sus días en Vogue, le preguntó, diplomático, qué otra cosa le gustaría hacer en el futuro.

“Siento que tengo el mejor trabajo del mundo”, contestó ella, “Amo lo hago, amo a la gente que trabaja conmigo y amo a la industria de la moda. Y, francamente, creo que no seria buena haciendo nada mas”.

“Lo dudo”, comentó Tisch. Y yo estoy de acuerdo con él.

Wednesday, May 6, 2009

That Cougar Woman


En Estados Unidos las llaman las “cougars”, una jauría de tigresas con constante apetito por carne masculina fresca y joven.

La cougar mas célebre del mundo, y probablemente la mas envidiada también, es Demi Moore, que con el aplomo de una fiera cuarentona puso sus ojos sobre Ashton Kutcher, casi quince años menor que ella, y con un certero zarpazo lo llevó primero a su dormitorio y luego al altar. “Tengo la suerte de dormir con él’, alardeó orgullosa hace unos días a través de, ¿qué mas?, “Twitter”.
Demi no es la única. Cameron Díaz disfrutó durante casi tres años de la juvenil compañía de Justin Timberlake, y Cher, la madre de todas las cougars, ha pasado décadas convirtiendo esto de la seducción de hombres menores en un arte.

Julianne Moore y Susan Sarandon son cougars fieles y estables, bien emparejadas y durante años con el director Bart Freudlich y el actor Tim Robbins respectivamente. Halle Berry, a los 42 años, es una década mayor que su atractivo marido, el modelo Gabriel Autrey, pero el cóctel genético de esta pareja es tan evidente e irresistible, que en este caso la edad no parece mas que una irrelevante ecuación formada por números sin importancia.

No puede decirse lo mismo de Madonna, que a los 50 años y recién divorciada, no encontró mejor consuelo que un modelo brasilero cuasi adolescente que acostumbra a trabajar sin camisa y que responde al nombre de Jesús. En cualquier otra, la situación habría sido un escándalo, pero en el caso de Madonna todo tiene tanto sentido, es tan obvio y predecible, que el romance, que duró algo así como 76 horas y cubrió dos continentes, no llegó a mas que una columna de chismes en los periódicos.

Por supuesto, cougars hay en todas partes, no solo en Hollywood.

Ponga atención y ahí la verá, la de sweater color fucsia talla “small”. La Raquel Welch de la reunión de apoderados, que llega siempre atrasada y todavía en tenida de yoga. La que se pasea en shorts y plataformas los miércoles por la tarde en el Mall de la Dehesa. La del bronceado permanente y el pelo aleonado. La de las uñas de los pies bien limadas, pintadas y adornadas con flores o corazoncitos. La que trata a todas las mujeres de “perrita” y a los hombres de “mi amor”. Y la que en el restaurant siempre abandona la mesa porque tiene “que tomar esta llamada”, y desaparece por quince, veinte minutos, y regresa toda acalorada explicando que era “un amigo argentino” del que no sabia nada desde hace tiempo.

Si algo distingue a las cougars es su capacidad para hacer amigos en todas partes. El peluquero es su amigo. El personal trainer también. El profesor de los niños, el instructor de tenis, el DJ de la fiesta de quince de su hijastra y hasta el “bartender” que conoció en el crucero a las Bahamas, todos son sus amigos, y todos, por supuesto, son visiblemente mas jóvenes que ella.

Eso la mantiene “activa”, como dice.

Cuando se encuentra con alguno en la calle o alguna fiesta, la cougar los saluda cálida y con una intimidad que suele poner incómodo al resto de los presentes. Primero viene el abrazo, que dura una milésima mas allá de lo aconsejable e incluye una peligrosa cercanía de cinturas y caderas. Luego vienen los dos besos, la caricia en la mejilla para asegurarse que no dejó “marca de rouge”, y luego una conversación marcada por risitas y susurros al oído y donde la cougar, en ningún momento y por ningún motivo, deja de sobar la espalda de su amigo.

Por vocación, historia e interés, la Cougar es generalmente divorciada. O viuda. Y si es casada, es con un hombre tan ocupado, tan aburrido o tan gay, que para efectos prácticos no cuenta para nada.

La maternidad la “entretiene” y los hijos son “su cable a tierra”, pero, la verdad, tiene poco tiempo para las responsabilidades que involucra una familia. En ese sentido es una mujer que prefiere “calidad” antes que “cantidad”, convencida de que media hora a la llegada del colegio y cinco minutos antes de acostarse es suficiente para crear una relación “rica” con los niños.
Si los hijos son adolescente, es la mamá “cool”, la mamá “chora”, la que baja con ellos a la playa, se saca el pareo a la menor provocación y, bordeando los 50, todavía muestra un singular talento para jugar a las paletas y una embarazosa predilección por los bikinis.
En el verano, puede pasar horas al atarceder hablando con los amigos adolescentes de su hijos, especialmente si son sus compañeros en el equipo de rugby o natación. Les da consejos sobre el futuro, les dice que “vivan la vida” porque “los años pasan muy rápido”, que no hay que tener miedo de “nuevas experiencias’, y que si ella tuviera veinte años menos “nada la detendría”. Y dicho esto les ofrece una ducha para que se limpien la sal y la arena, y una cerveza “heladita” porque ¡hace un calooooor!.

Aunque quienes la conocen usan a menudo otros términos, la cougar se describe a sí misma como “feminista”. Ella no sigue reglas, las crea- explica a quien quiera escucharla-, y después del fracaso que fueron sus dos primeros matrimonios, decidió que jamás volvería a someterse a las órdenes de un hombre.
Esta es una mujer que no le da explicaciones a nadie, y si quiere partir sola a Brasil, como hace a menudo, o salir a bailar con un ‘amigo’, como hace más a menudo aun, es cosa de ella y ya está.

La cougar le tiene terror a la vejez, porque una cosa es ser “feminista” platinada y con escote, y otra muy distinta es serlo cuando una ya ha tenido su primer implante de cadera.
Por lo mismo combate el paso de los años con una disciplina casi militar. Jogging, pilates, spin, tenis, yoga y kickboxing son parte de su ritual diario, y los fines de semana pasa al menos tres horas en el sauna “meditando”. El agua y el té verde son sus líquidos favoritos de nueve a seis; aunque después de eso prefiere tragos menos saludables y mas exóticos- Margaritas de mango, Dairikis de Strawberry, Khaluas- o vino blanco, seco y bien helado.
Como es moderna e independiente, no tiene ningún problema en reconocer que ha recurrido a la ayuda del bisturí. “Me he hecho de tooooodo”, confiesa frente a sus amigas, “y si tuviera el dinero necesario, me haría mucho mas”.
Su escote inevitablemente arranca silbidos y hasta aullidos en los sitios de construcción, y aunque su boca es ampliamente criticada entre sus vecinos del “condo”, ella toma estas críticas como signo evidente de envidia, de “mala leche”, de la incapacidad que algunos tienen de no meter su nariz en asuntos que no son los suyos.

Aunque todas estas características son comunes en la cougars, lo que realmente las distingue del resto de la población femenina es, por supuesto, su elección de pareja.
Mientras el romance no la convierta en una pedófila, todo está bien, piensa ella mientras pasa a buscar a su “novio” a la salida de la Universidad.
La famosa frase de Ivana Trump, “prefiero ser niñera que enfermera”, es su Biblia en estos asuntos, y cuando alguien se atreve a comentarle la diferencia de edad entre ella y el novio, la cougar lanza un estudiado discurso que dice, palabras mas palabras menos, que los hombres de su edad son una lata, unos viejos gordos y pelados, mañosos, avaros, vanidosos y, peor todavía, interesados en mujeres de veinte, y que ella en cambio prefiere un hombre joven porque, en su cabeza, todavía se siente de 22.

Su cacería no es tan difícil como algunos podrían imaginar, en parte porque la cougar es, a su modo, todavía sexy, y en parte porque es también increíblemente fácil de conquistar. Y para esa olla a presión de testosterona que es un hombre de veinte años, estas dos cualidades son, a menudo, suficientes.

Tuesday, March 31, 2009

The Spanish Heart


Con una mezcla de respeto y sarcasmo, de veneración y rencor, la prensa española publica diariamente las aventuras de la aristocracia del país. Y lo hace con el entusiasmo de un perro de caza frente a una presa jugosa, revelando hasta el último secreto y el mas íntimo vicio, hasta que al final de la nota no queda una sombra de duda sobre las debilidades del noble en cuestión.

Este es un juego popular y peligroso donde no se salva nadie, ni siquiera la familia real, como quedó demostrado hace unas semanas cuando los periódicos españoles anunciaron primero y con cautela, que la princesa Letizia de Asturias tenia un rostro nuevo, renovado, mas suave, y, luego, perdiendo toda compostura, que la mujer del príncipe Felipe se había sometido a una rinoplastia y quién sabe a qué otras cirugías.

La casa real española se vio obligada emitir una declaración confesando que sí, que la futura Reina lucia una nueva nariz, pero que su cambio de aspecto no se debía a la vanidad sino a “problemas respiratorios provocados por una desviación del tabique nasal”.
Como sea, la princesa, radiante y bellísima con su nuevo “look”, debe dar poca importancia a los comentarios. A estas alturas ya está acostumbrada al constante cascabel periodístico que la rodea, a esos columnistas que comienzan sus historias con un respetuoso “Su Alteza Real” para después crucificarla en las páginas de los tabloides, y a esos shows televisivos donde mas de una rubia neumática y escotada dedica una hora a hablar de cómo el viento le subió la falda en algún evento oficial o de lo “preocupante” que es su extrema delgadez.

La princesa fue una victima fácil desde el principio. Periodista, bonita, joven, plebeya y divorciada, tenia demasiados ángulos atractivos para ocupar una portada. Y desde su comentado matrimonio, realizado en mayo del 2004 con todo esplendor en la Catedral de Sevilla frente a una multitud de famosos que incluyó desde la emperatriz Farah Diba a Agatha Ruiz de la Prada, portadas ha habido miles.

Por estos días, sin embargo, Letizia ha encontrado cierto descanso. Toda la atención de la prensa permanece concentrada en Jaime de Marichalar, Duque de Lugo, ex marido de la Infanta Elena, que hace unas semanas apareció en la portada de la revista “Época” acusado de consumir cocaína. El consumo es “ocasional’, dice el articulo, pero suficiente como para que la propia Infanta lo use como recurso para conseguir la nulidad religiosa definitiva de su matrimonio.

La publicación de la noticia obligó al hermano menor del Duque, Alvaro Marichalar, a enfrentar las cámaras diciendo que, como ciudadano, se sentía “muy afectado” y que esta persecución periodística demostraba que España era “un país sin ley”. El Palacio de la Zarzuela reaccionó con una indignación similar, asegurando a través de su vocero que “rotundamente, no se ha iniciado ningún trámite de ningún tipo, ni civil ni eclesiástico”.
¿Dónde estaba el Duque de Lugo, padre del príncipe Froilán y la princesa Victoria Federica, en medio de todo este escándalo? En Paris, por supuesto, sentado junto a Stephanie Seymour, Barbara Bush y Antoine Arnault en la primera fila del desfile de Dior y “sin perderse detalle de los modelos propuestos para la próxima temporada Primavera-Verano”, según informó la revista “Hola”. Esta publicación, que considera a la nobleza española su pan de cada día, fue la encargada de anunciar que el Duque- conocido por su afición a los foulards, las fedoras, los pantalones vistosos, los grandes abanicos y el terciopelo- había sido, aun en estas complicadas circunstancias, “fiel a su cita con la moda francesa”.
Paris y su elegante mundo “fashion” son a menudo un buen refugio para los aristócratas españoles en problemas.

Carmen Martínez Bordiú, nieta del generalísimo Francisco Franco, vivió ahí durante años y regresó a España solo para convertirse, una vez mas, en blanco de todos los dardos periodísticos. Su última aparición pública- en una muestra de que en la península ibérica nadie está a salvo de las garras de la farándula- fue junto a los acordes del paso doble y el cha-cha-chá en “Bailando con las Estrellas’.

Nati Abascal, la ex actriz y modelo que lleva sobre su chic cabeza el titulo de Duquesa de Feria, es otra enamorada de la capital francesa.
Cada vez que hay un escándalo, Nati se refugia en París, lo que significa que pasa ahí buena parte del tiempo porque, a pesar de su titulo y su legendaria elegancia, su reputación personal parece estar a menudo al borde del abismo. En los 70’s causó comentarios apareciendo desnuda en las páginas de Play Boy. En los 80’s, divorciándose del Duque después de ser descubierta a bordo de un yate besándose con el presidente del Real Madrid. Y desde los 90’s, toda España ha sido testigo de su afición a la fiesta y los “drinks”, que la hacen aparecer frecuentemente a la salida de restaurantes y bares confusa y tambaleándose sobre sus gigantescos tacos. En un reciente episodio, las cámaras de la televisión hispana la captaron dirigiéndose bien entrada la madrugada rumbo a su automóvil después de otra noche de copas. Nati, encantada con la atención periodística, se acercó a los reporteros y les dijo: “te quiero a tí, te quiero a tí y a tí; y a ése también le quiero...".

La frase se convirtió en la mas repetida del país durante semanas.
Los hijos de la Duquesa. Luis y Rafael Medina, heredaron la belleza y elegancia de su madre y los títulos de su padre, el desaparecido Rafael Medina y Fernández de Córdoba, Duque de Feria, que murió de una sobredosis de barbitúricos el 2001, a los 58 años, después de una vida repleta de tragedias y desenfrenos. Sus últimos años de vida los pasó en la cárcel, acusado de abuso de menores y hundido en una profunda depresión.

Un diario de Sevilla, después de anunciar que la Duquesa no asistiría al entierro de su ex marido porque su muerte la había encontrado de vacaciones en Kuala Lumpur, resumió el triste momento con este párrafo: “Al pobre Rafael ya se lo ha llevado Dios, qué suerte, habrá dicho alguno. La bandera de los Medinaceli en Pilatos ondea a media asta, pero sólo las putas de Sevilla lloran su muerte”.

Cualquiera que vea las fotos de Luis y Rafael en las “revistas del corazón” españolas, tan jóvenes, guapos y chic, jamás imaginaria la cantidad de escándalos que corren por sus venas. Quizás la única huella de este legado de controversias sea la aversión de estos nobles a la prensa.
“Mi vida no es nada interesante”, dice Rafael, el mayor, actual Duque de Feria y uno de los solteros mas apetecidos de Europa. “Tengo mi trabajo, no me dedico a contar mi vida, y por eso convivo bien con la prensa. Las persecuciones van por rachas. Es algo que me ha tocado vivir. Se concentran en mi unos días y luego me dejan en paz”.

En un país donde, como está visto, no hay un título que no acarreé también una cruz. Rafael Medina lleva el suyo con la dignidad de un noble. “Nunca ha sido un peso” aseguró hace un tiempo al diario ABC de Madrid, “Lo llevo con todo el orgullo y, el día de mañana, espero que mis hijos lo hereden en el lugar alto, donde siempre ha estado y donde debe estar”.

Saturday, March 21, 2009

What Would Valentino Do?


Perdón por la ausencia, pero la crisis tocó la puerta del lado, la del otro lado, la del frente, y finalmente vino a tocar la mía cerrando una revista con la que llevaba largo tiempo colaborando y que, con su cierre, se llevó un trozo de mi corazón y un buen pedazo de mis ingresos.

Oh, well.

En eso estaba, tomando sopa recién servida de autocompasión, cuando recibí una invitación para asistir a un “press secreening” del documental “Valentino: El Ultimo Emperador” que se estrenó en Nueva York esta semana.

Saque papel y lápiz, porque aquí hay algunas lecciones que vale la pena aprender sobre como enfrentar la recesión..

La primera es que no hay que preocuparse del dinero.

En la película, Valentino reconoce que lo único que sabe hacer son vestidos para sus “ladies” y que es terrible “para todo lo demás”.
Lo “demás” incluye desde mantener un imperio que fue vendido el 2002 por 1.1 mil millones de dólares, a limpiar los dientes de sus cinco perritos mascotas.

Para eso hay otra gente mas capacitada, como su pareja durante mas de cuatro décadas y “socio” por medio siglo, Giancarlo Giametti que, citando a Confucio en la película, dice que “cuando dos hombres cabalgan el mismo caballo, uno de ellos debe ir montado atrás”.

Yo no podría haberlo dicho mejor.

Otra lección importante es que, en tiempos de crisis, uno debe concentrarse en lo fundamental- como que las flores estén frescas en el living o que haya suficientes botellas de champagne en el refrigerador- y olvidar lo superfluo. Después de todo, ¿Qué ganan personas creativas como Valentino, usted o yo, perdiendo el tiempo hablando de cuentas por pagar o, Dios nos ampare, el costo de mantener un Château en Francia, un Palazzo y una Villa en roma, un chalet de ski en Gstaad, un penthouse en Manhattan, un jet y un yate?

Disfrute lo tiene, y no llore por lo que no tiene.
Esa es mi nueva filosofía, via Valentino.

Tercera lección: adquiera un bronceado.
Si quiere saber como se ve Valentino en una pantalla de cine, mire al sol de frente durante el atardecer en sus próximas vacaciones en el Caribe. Todo es luz; todo es naranja. Y aunque mas de alguien podría poner en duda las ventajas estéticas de semejante look- sin siquiera mencionar las de salud-, Valentino se pasea dorado como un Oscar y, a primera vista al menos, completamente feliz y saludable a los 76 años.

La película, que fue dirigida por el periodista de “Vanity Fair” Matt Tyrnauer y filmada en un periodo de dos años, del 2006 al 2008, es también evidencia de que, como dicen los terapeutas, es mejor deshacerse de la rabia y otros sentimientos negativos rápidamente y no guardarlos dentro de uno mismo.

Busque su “Diva interna” y arme un escándalo cada vez que pueda y a la menor provocación, como hace Valentino. Y si no hay provocación, ármelo igual. Nada como una buena rabieta para mantenerse en buena forma.
El diseñador lanza las suyas cada cinco minutos en el documental, alegando porque Giametti quiere mas vuelos en un vestido, porque sus perros no pueden usar todos los asientos en el jet- dejando a la azafata de pie en el despegue-, porque la pasarela no está a su gusto, o porque nadie entiende que una mujer que muestra sus tobillos caminando en un vestido largo es, simplemente, ¡la visión mas horrorosa que cualquiera puede enfrentar!.

La ultima lección, y para mi gusto la mas importante, es que hay que tener corazón.
En dos años de filmación, Valentino llora solo en dos ocasiones.

La primera es cuando menciona el nombre de Giametti, su compañero de vida, durante la ceremonia de entrega de la medalla de la Legión de Honor del gobierno francés.

Casi mudo- por primera vez-, dice que agradece “al señor Giametti, que ha estado junto a mí todos estos años’.

La segunda es cuando recibe a sus costureras a la entrada de una retrospectiva organizada con ocasión de su retiro en la galería Ara Pacis en Roma. “Estoy con usted desde 1966”, le recuerda una de ellas, “y él la abraza con los ojos llenos de lágrimas, sin que siquiera el impecable traje que usa como coraza o su perfecto peinado sean capaces de ocultar la fragilidad de sus sentimientos

Oh, well.

Vaya al banco, saque los últimos centavos de su cuenta de ahorros, y gástelos- no, mejor dicho “inviértalos”- en calcetines de cashmere, orquídeas, una bellísima pintura o un ticket a Roma. Será un poco mas pobre, pero también un poco mas feliz.

Happy recession!

Monday, February 16, 2009

Five Minutes of fashion Talk (@Fashion Week)


Las cosas se ven mal, incluso en las carpas instaladas en Bryant Park donde, por estos días, se realiza la Fashion Week de Nueva York, versión Otoño 2009.
Eso es al menos lo que dijo una editora de modas americana sentada a mi lado esta mañana en el desfile de Carolina Herrera.

¿Qué tan mal?
Pésimo, en realidad, si se considera que entre los auspiciadores esta temporada están el café de McDonald’s (el año pasado era Nespresso) y los lubricantes K & Y. ¿Puedes creerlo? ¿Te imaginas a Anna Wintour acarreando una ‘goody bag’ con McDonalds y K&Y?. El ambiente se siente un poco deprimente…Por primera veo asientos vacíos en el desfile de Carolina Herrera…!mira!, !en la segunda fila!, ¡en Carolina Herrera!

Pero todavía hay fiestas…
Marc Jacobs suspendió la suya, igual que Tommy Hilfiger. Fashion Week Daily dio una fiesta en La Goulue, pero solo para 50 personas. Y la Goulue, by the way, está a punto de cerrar…ya nadie paga $30 por un plato de spaghetti.

¿Se acabaron los días de champagne, entonces?
Target dio una fiesta para lanzar su nueva colección diseñada por Alexander McQueen ($69.99 por un vestido de algodón), y ahí hubo champagne. Pero de California, tibio y en vasos plásticos…If you call that champagne, i don’t know..

¿Quién ocupa este año en la primera fila de los desfiles?
Mischa Barton, Lucy Liu, Lindsay Lohan (en el booth del DJ, con su novia Samantha Ronson) …En la primera fila de Yigal Azrouël estaba Ashley Dupre, lo que dice mucho sobre el estado actual de la fashion week.

¿Por qué?
Bueno, Ashley Dupre es la “call girl” que acabó con la carrera del ex Gobernador de Nueva York, Eliott Spitzer. $4,000 por hora, if you need to know. Ahora quiere una carrera como cantante o su propio reality show…Pero eso es lo que quieren todos, ¿No? ¿Queda algo mas en el fondo del barril después que tienes una prostituta en primera fila?.

¿ Azrouël la invitó?
El dice que no. Su publicista que no. Pero ahí estaba, en primera fila, posando para Patrick McMullen.

¿Qué puedes decirnos de la ropa para el otoño 2009?
Cathy Horyn dice hoy en el New York Times que parece haber una competencia entre los sexy y lo clásico… Puede ser…No se… ¿Has visto algo mas aburrido que hablar de ropa?

Ese comentario es un poco raro viniendo de una editora de modas…,
Es menos raro de lo que podrías imaginar. La mayoría de la gente que trabaja en moda detesta hablar sobre el tema. Hay tantas otras cosas mas interesantes de que hablar…

















Fotos @ Manuel Santelices

Monday, February 9, 2009

Madonna Gets Room Service


Madonna + suite de hotel= controversia.

Esta suma, que tantos dividendos le dio a “Madge” en su video “Justify My Love”, vuelve a llamar la atención en este portafolio fotografiado por Steven Klein para la edición de Marzo de la revista “W”.

Madonna, dice el NY Post de hoy, aparece en la revista besando a su nuevo…hmmm, ¿novio?, ¿boy toy?...llámelo como quiera, pero ahí está Jesús Luz (si, se llama Jesús), en cama con Madonna, el trampolín infalible a la fama internacional o, en el peor de los casos, a la versión brasilera de “Dancing with the Stars”.