Monday, October 29, 2007

You are such a Snob!


“Todo el mundo es snob respecto a algo”, dijo unavez Julian Fellowes, un escritor, guionista y actor inglés que hace poco mas de dos años publico una genial novela llamada, precisamente, “Snobs”.

En Londres, sugiere el libro, la tensión entre estos dos grupos es visible y constante. Desde las carreras de Ascot a las noches en “Annabel’s” o las mesas del “Ivy”, no hay un solo lugar en la ciudad que no pueda ser considerado una escalera social con interminables peldaños y con la Reina en el tope. Después de todo, ¿Qué mayor sueño puede tener un snob que una comida en Buckigham Palace?.
Como revela el autor, en Gran Bretaña todo- desde el colegio privado hasta el tamaño de las fotos en las páginas de vida social de “Tatler” o “Harpers & Queen”- revelan ese delicado balance social donde nadie parece satisfecho con el lugar que le corresponde.

Los que están arriba sueñan con la libertad y el anonimato. Los que están mas abajo, con la fama, el dinero y el poder.

En Estados Unidos, donde las cosas supuestamente son más democráticas, existe un mapa similar.
Henry James se hizo célebre relatando en libros como “Portrait of a Lady” y “The American” las desventuras de multimillonarias herederas en busca de un titulo nobiliario, y Edith Wharton literalmente desmenuzó cada capa social de Nueva York del siglo 19 en “The Age of Inocence” y “The House of Mirth”.

Esas son cosas del pasado, podrá pensar mas de alguno, hasta que se encuentra en alguna revista con mujeres como Daisy Olarte Kanavos, Melania Trump o Marie Chantal Miller- actual princesa de Grecia y heredera del imperio de los duty free creados por su padre-, cada una buscando el guardarropa, la causa benéfica y hasta el colorista adecuado que les permita sentirse seguras y felices en el nuevo estrato social en que se encuentran.

La tarea, como sabe cualquier snob, no es fácil. Basta quedar sentada en la mesa incorrecta del “Four Seasons” para quedar con el sello de “wanna be” marcado en la frente por una eternidad.

Desde que el legendario Steve Rubell decidió elegir personalmente- y a dedo- a quienes ingresaban cada noche al mítico Studio 54, la entrada al club, bar o lounge de moda se ha convertido en la prueba de fuego para miles de snobs alrededor del mundo.
El segundo piso de Casa Tùa, en Miami, está reservado solo para socios, lo mismo que Soho House en Manhattan, Londres y, próximamente, Miami Beach. Algo similar sucede en las fiestas del Roossevelt Hotel o los bungalows del Chateau Marmont en West Hollywood, y los clubes más exclusivos de Las Vegas.

En su intento de cruzar estas puertas, el snob está dispuesto a cualquier cosa- desde ruegos a soborno- y su ansiedad frente a la “velvet rope” es simplemente conmovedora. Instalados ahí, hablando constantemente a través de su celular última generación con algún amigo que prometió dejar su nombre en “la lista”, luciendo sus Rolex, sus coloridas camisas de Etro o Versace y alguna rubia platinada escotada hasta la cintura, ven con desesperación como un ejército de adolescentes con el pelo desordenado, zapatillas Converse y gastadas T-shirts entran sin problemas saludando con un familiar “hey, man” al portero, que devuelve el saludo con un abrazo y dos golpes en su pecho. Y aunque la situación es un poco humillante, el snob sigue ahí, de pie, con su voluntad invencible, hasta que cerca de las tres de la madrugada, cuando ya todos están abandonando el lugar, finalmente es aceptado, conducido a una mesa y obligado a pagar $500 por una botella de Grey Goose.

Una snob sabe bien que, como dice el refrán, el hábito hace al monje. Por lo mismo, pasa horas y horas devorado revistas de moda para estar al tanto de cual es la cartera de la temporada, el zapato que no debe faltar en su closet o el restaurant donde debe ser vista. Con la paciencia de un monje budista, practica la pronunciación de nombres como Nicolas Ghesquiere o Ann Demeulemeester, diseñadores europeos que luego menciona, con un aire estudiadamente casual, durante el almuerzo con sus amigas en “Swifty’s” o “La Goulue”.
Si practica yoga, quiere hacerlo junto a Madonna o Cristy Turlington.
Si toma clases de cocina, es en el taller de Jean Georges.
Si asiste a misa, quiere hacerlo en San Ignacio de Loyola en Park Avenue, donde Caroline Kennedy pide perdón por sus pecados.
Si adquiere joyas en Sotheby’s, lo hace en persona porque ¿De qué sirve adquirir una tiara que perteneció a la princesa Margarita de Inglaterra si nadie se entera que gasto 250 mil dólares en ella?

Convencida de que las apariencias no engañan, esta es una mujer que no sale al supermercado si no es envuelta en Carolina Herrera o Narciso Rodríguez, y que no soñaría en escribir una nota- aunque sea para la mucama de su hotel indicándole que cambie las flores de la habitación- si no fuera en perfecta caligrafía en tarjetas de Mrs. John L. Strong.

La educación es de vital importancia para una snob, que considera el ingreso de sus niños a Calhoun, Chapin o Spence, algunos de los colegios privados más exclusivos de Manhattan, un paso inevitable en su ascenso social. Cada reunión de padres es tratada como un cocktail en un country club, la oportunidad perfecta para crear “relaciones” duraderas que luego se trasladarán a Yale, Harvard o Stanford y, años mas tarde, a Washington, Hollywood o Wall Street.

De todos los snobs, quizas el mas insufrible es el snob intelectual. Con una arrogancia que solo crece a la sombra de la ignorancia, estos trepadores intelectuales se las arreglan para mencionar a Proust, Aristoteles, Schopenhauer y Robert Wilson aunque el tema de conversación sea la final de American Idol.

La vida de un snob es agotadora, porque no importa lo lejos que llegue, siempre soñará con estar un paso mas allá.

Tuesday, October 16, 2007

Chez Marc, en Paris


Acabo de recibir la edición de Noviembre de
W”, su increíble “Art Issue”.
¿Lo mas interesante? Un vistazo al departamento de Marc Jacobs en Paris, cubierto con obras de Ed Ruscha, Richard Prince, John Currin, Damien Hirst y Sean Landers.
La ultima colección de Louis Vuitton estuvo inspirada en la obra de Prince- que por estos días tiene una retrospectiva en el Guggenheim de Nueva York (Don’t miss it!)- y terminó con una serie de enfermeras/ modelos tipo “pulp fiction”.




Marc y su novio en el SoHo, Octubre 16

La Muerte de los Otros



Nada pone mas perspectiva sobre la propia vida que el obituario de los otros.

Mis favoritos están en las páginas del “Telegraph” de Londres, que aparte de los personajes esperados- el magnánimo millonario, el político que torció las ruedas de la historia, la estrella de cine que comenzó su carrera con un Oscar y la terminó sumergida en el sopor del Opio- publica verdaderas mini-novelas sobre la existencias de lunáticos y excéntricos.

Aquí están aquellos que pasaron décadas persiguiendo mariposas en el amazonas, se hicieron famosos por su habilidad para beber dos veces su propio peso en cerveza, o podían recitar los sonetos de Shakespeare de atrás para adelante.

Si usted practicó el canibalismo en su luna de miel, pasó años planchando las sábanas reales en Buckigham Palace o dedicó su vida al contacto con extraterrestres montando una antena de titanio en su techo, lo mas probable es que, al momento de muerte, su historia terminará en el “Telegraph”.

Revisando la edición de hoy, me encuentro nuevamente con la triste noticia de que hemos perdido a un puñado de personajes ejemplares.
Bob Denard fue un mercenario francés que orquestó una serie de frustrados golpes de estado.
David Buffet defendió las colonias inglesas enfrentando flechas envenenadas, una bruja y un caníbal.
Fritz Fryer fue guitarrista con “The Four Pennies”, un grupo que tuvo solo un éxito, “Juliet”, en 1964.
Cynthia Pitman fue gran dama y cazadora; tenia ochenta años y todavía aparecía a caballo, obsesionada con la caza de la zorra.

Pienso en mi vida y me pregunto que diría el “Telegraph” mientras mis restos se hunden en la tierra.

Mi favorito esta semana es el profesor Michael Frede, un profesor de filosofía de Oxford que, según el “Telegraph”, “amplió el conocimiento sobre los Estoicos, los Helenistas- post Aristotélicos y los primeros Platonistas Cristianos”.

Mi interés, seguro, se debe a que no tengo idea de qué estamos hablando.

En la foto que acompaña su obituario, el profesor Frede se ve como uno de esos ilustres académicos que hacen burbujear el libido sin mas herramientas que una mirada intensa y una mente brillante sin límites. El párrafo que se refiere a sus dos matrimonios, sus dos divorcios y la tristeza provocó su desaparición en su actual novia- otra profesora de filosofía Helenista que lleva el enigmático nombre de Katerina Ierodiakonou- hace que la imaginación corra de inmediato hacia algún affaire en la Biblioteca.

El profesor Frede murió a los 67 años, la plenitud de la vida si uno es, como fue él, “profesor de Historia de la filosofía en Oxford University y uno de los mas importantes y aventureros académicos de filosofía Antigua en los tiempos modernos”.

Según el obituario, aunque Frede era obviamente parte del “establishment” universitario en Inglaterra y Estados Unidos, nunca perdió su espíritu revolucionario. Algo que, a mis ojos al menos, hace aun mas lamentable su partida.

Mi corazón se llena de tristeza pensando en los desayunos que perdí junto a este seductor de cerebros. ¿Cómo no tuve la suerte de sentarme junto a él una manana en su departamento a las afueras de Londres, con un plato de huevos, salchichas y tomates, a leer el diario y esperar sus comentarios?

“El sofismo”, dijo en una oportunidad, “es tratar de dar vueltas a un argumento que se sabe que es falso y que, examinado en profundidad, sigue siendo falso. Los sofistas en mi clase no tienen ninguna posibilidad de éxito”.

¿Por qué este hombre no estuvo nunca en la televisión analizando los discursos de George W. Bush?

Debería cancelar mi suscripción al cable.

Después de pasar por Princeton, Harvard y Berkeley y publicar su primer libro “Prädikation und Existenzaussage”, el profesor llegó a Oxford en 1976 donde se hizo rápidamente conocido por su talento para desafiar intelectualmente a sus pupilos- y al resto de los profesores- con una agilidad y frialdad que habría provocado el orgullo del propio Sócrates pero que le trajo pocos amigos.

Todo eso, sin embargo, quedaba olvidado en el Pub local, donde su agudo sentido del humor subía al mismo tiempo que la espuma en la cerveza.

Si uno muere como uno vive, lo mas probable es que yo muera frente al televisor, viendo viejos re-runs de “The Golden Girls”, con un Marlboro Light colgando de mi boca, mis gatos acurrucados junto a mi, mil revistas repartidas junto a mi cama y con Karen Carpenter entonando “We’ve Only Just Begun” en el I-Pod.

El profesor Frede murió el 11 de Agosto pasado durante el coloquio de filosofía Helenística en Delphi.

Esa mañana se sumergió las aguas cercanas a la cueva de Itea, en el Golfo de Corintios, y nunca mas volvió a la superficie.

Thursday, October 4, 2007

ART lovers



Tobias Meyer es el director del departamento de Arte Contemporáneo de Sotheby’s, nació en Viena, se educó en Londres, vive junto a su pareja, el “consultor de arte” Mark Fletcher, y sus dos labradores- Virgil y Beatrice- en un fabuloso departamento en el piso 66 de las Time Warner Towers en Nueva York.

Tobias es, al menos a mis ojos, es el mejor ejemplo de un tipo de Dandy que pocas veces pone sus perfectamente lustrados John Lobbs fuera de una galería, un museo, la mansión de un coleccionista o un avión privado.

Simon de Pury, presidente de la casa de remate Phillips & de Pury, y cualquiera que haya aparecido alguna vez en una acuarela de Elizabeth Peyton son otros pavos reales que vale la pena mencionar en este corral.

El look es descuidadamente chic, desde el pelo- suficientemente corto para no ser confundidos con los artistas que representan, y suficientemente largo para que nadie piense, horror de horrores, que trabajan en Wall Street-. Sus trajes son inevitablemente ingleses, “bespoke” de Savile Row, y se ajustan perfectamente a cuerpos largos y delgados que son mantenidos sin dietas ni ejercicio.

Pura lotería genética.

Que el traje en cuestión haya costado lo mismo que un vuelo trasatlántico en primera clase es un problema que se soluciona fácilmente. El pantalón va siempre sin cinturón- el cinturón es visto en ciertos círculos como signo evidente de burguesía- y, aun así, cae perfecto en los visibles huesos de sus estrechas caderas.

Cuando uno de estos hombres menciona a Kandinsky, la “K” sale profunda, a la altura del corazón, y el “insky” delata la “ese” arrastrada de un buen colegio europeo.

Y tendría que ser Proust para explicar como se escucha el nombre de Picasso en sus delicados labios.

Siento una profunda y genuina envidia por estos ART Lovers

Ahí están, enfrentados día a día a las obras de arte mas importantes, hermosas y trascendentes de nuestro tiempo, visitando artistas de Buenos Aires a Shanghai, compartiendo cenas con potenciales coleccionistas y volando trece horas en un jet privado solo para decidir si una calavera de diamantes de Damian Hirst merece la portada de un catálogo y un precio estimado de 50 millones de dólares.

Y todo eso, sin siquiera desanudar su corbata Hermès.

Pero la verdadera raíz de mi envidia, si lo pienso bien, es su talento para crear un mundo propio, con sus propias reglas y códigos.

Como el mas anarquista de los poetas, Tobias, Simon y los demás han encontrado un agujero en ese grueso muro gris que es el día a día, la rutina, la lata, la insoportable agenda cotidiana, y han plantado ahí una flor exótica, extraña y única que para el resto es un simple recordatorio de que la vida sin belleza no merece ser vivida.

Si eso no es arte, no se qué es.

Wednesday, October 3, 2007

Carrie gets Married (In Zac Posen)


No tengo nada que decir...Habra que esperar la pelicula.

Tuesday, September 25, 2007

I Love New York


Mi nombre es Michelle Bachelet y soy la Presidenta de Chile.

Después de una visita de 48 horas a Nueva York, voy rumbo a JFK para abordar el avión presidencial de regreso a Santiago. La ronda de discursos, reuniones, desayunos, almuerzos y comidas me dejó agotada, somnolienta y algo triste, y el insistente ronroneo del aire acondicionado del auto y la monótona letanía de agendas y protocolos que me dicta el burócrata sentado a mi lado, solo hacen que me sienta, de pronto, como en una acolchada jaula de asientos de cuero y vidrios polarizados.

¡La ciudad se ve tan viva a través de la ventana!. Son las nueve de la noche y las calles están repletas; el tráfico es infernal, y frente a nosotros, hasta el infinito, se extiende una serpiente de luces rojas y taxis amarillos.

48 horas en Nueva York y no puse un pie en la calle.

El auto avanza lento por la Segunda Avenida hacia el sur, y en cada cuadra veo restaurantes llenos, ancianas paseando sus perros, y parejas abrazadas disfrutando la tibia noche de Septiembre.
Tanta tranquilidad y alegría me llenan de nostalgia,

Si no fuera la Presidenta, pediría asilo político en Nueva York.

Me imagino abriendo la puerta del auto en la mitad de la calle, despidiéndome apurada y entre bocinazos del chofer, el burócrata, los escoltas, y corriendo hasta desaparecer en la oscuridad de Central Park.

Adiós a la comitiva, a los senadores ambiciosos, a los embajadores sumisos, a la prensa, y a todos aquellos que quieren algo de mi –un ministerio, una embajada, un contrato- Y adiós, también, a cualquiera que desee mi puesto. ¡Ahí está! Disponible. Que otros se hagan cargo de tanta huelga y reclamo, del transantiago, de la pobreza, de la interminable lista de problemas. Ya hice lo mío, pienso por un instante, y ahora es mi turno de tomar una bicicleta y, con mi IPod colgando de mis oídos, perderme por las bellísimas calles del West Village o Cobble Hill.

Quiero tomar un café, leer The New York Times, y olvidarme de esta tortura que ha resultado ser el “servicio publico”. Mientras cruzamos el puente de Brooklyn hacia el aeropuerto, recuerdo el éxtasis de la noche en que fui elegida, los aplausos, las banderas, la Moneda iluminada, y me pregunto que pasó con la alegría que sentí por esos días.

Sentada en el primer asiento del avión, escucho a medias la conversación anodina y aburrida de aquellos que buscan mi atención. Todavía hay tiempo, murmuro en silencio mientras la manga comienza a retraerse y el capitán testea las turbinas. Todavía hay tiempo para escapar de esta condena de cuatro años que tanto busqué. Soy la persona mas poderosa del país, ¿Por qué no podría, como tantos otros, dejar todo atrás y buscar una nueva vida en Nueva York?

Mientras nos elevamos, observo con tristeza las luces de la ciudad, los puentes que parecen fabricados en perlas, el Empire State, el Chrysler, los mil rascacielos y el océano negro que me anuncia que otra oportunidad ha sido perdida.

I love New York.

Mañana, cuando me encuentre nuevamente sentada en esa enorme y fría oficina flanqueada de banderas, escudos y medallas, cuando uno a uno mis ministros golpeen la puerta con una nueva tragedia, cuando mi pequeño ejercito de asistentes me indique cada tarea del día, pensaré en esta ciudad y en la romántica idea de que tanta pompa y circunstancia no se comparan a la felicidad de admirar las flores frescas en el mercado de Union Square, leer un libro a medias en un café del Lower East Side o esperar la llegada de la noche junto al Hudson.

Ya sé que no debería quejarme y que yo misma hice la incómoda cama donde me toca dormir.

Pero, como dice la canción, una puede soñar. ¿No?

Friday, September 14, 2007

Pinochet 2.0 (The HBO Edition)



Hace un millón de años conocí a Augusto Pinochet.
Fue en un “almuerzo para la prensa” organizado en una casona campestre a las afueras de Santiago. Ahí estuve, junto a los jerarcas de El Mercurio, La Segunda, Ercilla y Canal 13- entre otros medios- tomando pisco sours, escuchando a Ginette Acevedo cantar “la Torcacita” a capella, y observando al general, que ese día llevaba puesto un uniforme blanco (colección de verano) repleto de condecoraciones.

Alguien me susurró al oído que el general y la cantante eran amantes, pero nunca supe si el rumor era cierto.

El general lanzó unos chistes predecibles, dijo unas palabras que resultaron inteligibles en esa modorra añeja y metálica que era su discurso, y luego se concentró en su plato sin dar mayor atención a sus invitados.

Pinochet, a mi modo de ver, nunca fue un dictador original. Mientras Idi Amin, “Baby Doc” Duvalier o Stroessner arrancaban epítetos en la prensa con sus demenciales crueldades, sus excéntricos gastos y hasta su canibalismo, el pequeño reyecito chileno se comportaba con la actitud de un inspector de colegio gruñón, el cascarrabias de clase media, el viejo que alega porque alguien está hablando en el asiento de atrás en el cine.

Eleve eso a la potencia de una dictadura, y se encontrará con 3,000 desaparecidos y cientos de exiliados.

Igual como ese vecino mal genio que pone veneno en un trozo de carne para silenciar al perro que lo despierta a medianoche, Pinochet tomó medidas drásticas para terminar con sus problemas. Y después, sin pensar dos veces en lo que había hecho, se metió a la cama y se puso a soñar con que algún día la historia le daría la razón y seria él, no el perro, la victima en todo el asunto.

A su mujer, la señora Lucia, la conocí en otro almuerzo. Esta vez en La Moneda, donde reunió a un grupo de periodistas para promocionar las selectivas caridades de su CEMA Chile.
Como su marido, la Primera Dama era una mujer de poca paciencia y tono mandón, acostumbrada a tratar a todo el mundo como si fuera su escolta.
No recuerdo detalles, pero nunca olvidaré la mirada que le dio a una periodista que le hizo una pregunta que, a diferencia de todas las demás, no acarreaba un halago.

Gracias a Dios no había un palo a la mano.

Cuando Pinochet fue arrestado en Londres, COSAS me envió a cubrir la noticia. Y aunque no hablé con el general ni su mujer, entrevisté a su hija, Lucia, que me dijo, sin una pizca de sarcasmo, que nunca, nunca, había visto una crueldad como la que habían hecho con su padre.

La ceguera es, aparentemente, congénita en la familia.

En esos días de locura vi a Maria Angélica Cristi, la senadora, llorar a mares por la suerte del general, y Alberto Espina, de Renovacion Nacional, me dijo que todo el embrollo se solucionaba fácilmente, “enviando algunos barcos de la armada” para rescatarlo.
Los "socialites" nacionales, desesperados y olvidando todo decoro, se paseaban por las calles de Londres arriba de un camion, con megafonos, rogando que soltaran a su salvador.

El Chile de esa época era definitivamente mas Macondo que MacCondo.

El general debe estar sonriendo en su tumba ahora que la BBC y HBO produjeron una película, “Pinochet’s Last Stand”, sobre sus 300 y tantos días como recluso en Inglaterra, con Derek Jacobi como protagonista.

Jacobi, que se hizo mundialmente famoso en el rol principal de la estupenda miniserie británica “Yo Claudio”- donde encarnaba a un tartamudo y bonachón emperador romano- es el Pinochet que Pinochet nunca fue.

Con su pelo y el bigote blanco, la cara enojada y envuelto en un chal en su silla de ruedas, el actor tiene un increíble parecido con el general. Pero habla mejor, se mueve mejor, y tiene una dignidad y una elegancia que La Moneda no ha visto jamás.
En medio de todo el escándalo, y sin perdonar sus pecados, HBO le dio cierta humanidad.

Si Derek Jacobi hubiera ido a plebiscito, quizás el resultado había sido distinto.

La señora Lucia también sale ganando en HBO.
Si, es cierto que es retratada como una Lady Macbeth latinoamericana, desde sus cómodos zapatos hasta su impenetrable peinado cubierto de laca, pero su maldad, ignorancia y despotismo tienen cierto encanto en las manos de la actriz Phyllida Law, que retrata a la ex Primera Dama como una Alexis Carrington con menos presupuesto y cero libido.

La película termina con imágenes reales de Pinochet llegando a ese refugio de prófugos que resultó ser el aeropuerto de Santiago.

En cierto modo, esa secuencia es una desilusión.

El Pinochet real se ve considerablemente disminuido en comparación a su versión cinematográfica, y todos esos militares en perfecta formación, los burócratas de palacio corriendo para acomodar al general y la docena de mujeres sonrientes en trajes sastre color pastel, son un triste recordatorio de que no todas las películas tienen un final feliz.

Wednesday, September 12, 2007

Fashion Week: Tommy Hilfiger

Rosario Dawson, Emmy Rossum, Agyness Deyn & American Chic








Fotos@Manuel Santelices

Tuesday, September 11, 2007

Fashion Week: Sexy, Crazy, American Heatherette

Para ti, J.








Fotos@ Manuel Santelices

Fashion Week: Custo Barcelona





Fotos@Manuel Santelices

Fashion Week: Chez Carolina Herrera...

En este dia de tantas tragedias, algo para levantar el espiritu...







Fotos@Manuel Santelices

Monday, September 10, 2007

Fashion Week: Backstage with the Hiltons



Si usted no ha visitado nunca el backstage de un desfile de modas durante la fashion Week de Nueva York, prepárese a encontrar a treinta modelos colgadas de sus celulares y blackberries, dos docenas de fotógrafos, un ejercito de estilististas y peluqueros, cuatro productoras al borde del ataque de nervios, un chihuahua, dos Yorkies, cinco cajas de Veuve Clicquot, un maquillador inglés que responde al nombre de “Kabuki” y una “porn star”.

Ese fue al menos el ambiente en el backstage de “Nicholai”, la nueva línea diseñada por Nicky Hilton – sí, la hermana menor de Paris- que se presentó anoche durante la semana de la moda en Bryant Park. Gracias a una invitacion de M.A.C Cosmetics, Medio en Silencio estuvo ahi.

Mientras Isabeli Fontana, con su hijo en los brazos y la reputación de ser una de las mas apetecidas modelos de “Victoria’s Secret”sobre sus hombros, revisaba sus mensajes en su celular al mismo tiempo que un maquillador y dos peluqueros jugaban con ella como si fuera una Barbie viviente, los padres de la diseñadora, Rick y Kathy Hilton, se abrían paso por la muchedumbre.

Alguien les preguntó cuál era el consejo que le habían dado a su hija en esta noche tan especial. Kathy, que es la que habla en esta pareja- Rick solo sonríe, sin importar las circunstancias-, aseguró entonces que su consejo era el mismo para todos sus hijos: “Trabajen duro y trabajen bien’.

Paris, aparentemente, ha seguido esta lección al pie de la letra, convirtiendo su mala conducta, sus mil y un romances, y hasta sus infracciones de tránsito, en una fructífera carrera que la tiene siempre ocupada y en las primeras paginas de la prensa.

Nicky, a su lado, parece la seria. Y aparte de un fugaz matrimonio en las Vegas hace unos años, su conducta ha sido siempre ejemplar.

Para una Hilton, al menos.

La severa ética laboral del clan y los desesperados esfuerzos de Kathy por salvar los últimos retazos de ese estropajo que es la dignidad familiar, quedaron por el piso cuando, de pronto, Jenna Jameson hizo su aparición para saludar a su amiga Nicky.

Jenna Jameson, en caso que no esté enterado, es la estrella porno mas famosa del mundo, la protagonista de filmes como “Up and Cummers” o “Like a Geyser”, y la autora de “Como Hacer el Amor Como una Porn Star”, su autobiografía que ocupó durante largos meses los primeros lugares en la lista de Best Sellers de The New York Times.

Mírela por la espalda, y verá un tatuaje que parte a las alturas de sus nalgas y termina en su nuca. Mírela de frente, y se encontrará un escote se abre como una “V” desde su ombligo.

En cuanto la vio, y en la forma mas diplomática posible, Kathy tomó a su marido de la mano y ambos desaparecieron rápidamente.

Es imposible no imaginarse a esta matriarca despertando en algún momento en la noche preguntandose, ¿Por qué yo?.

Jenna llegó acompañada de Brandon Davis, el nieto del magnate de Hollywood Marvin Davis, que saltó a la fama internacional llamando “firecrotch”- un término que un sitio familiar como Medio en Silencio se niega a traducir- a Linsay Lohan después de una noche de juerga en Los Angeles.

La colección de Nicky- minúsculos shorts, perfectos tops (si uno trabaja como hostess en algún hotel de Las Vegas)- pasaron a segundo lugar en medio de esta explosión de tabloide.

¿Dónde esta Paris?, ¿Dónde esta Paris?, preguntaron todos durante la noche.

Paris estaba en los MTV Video Music Awards, en Las Vegas. Quizás para no opacar a su hermana, prefirió mantenerse lejos y observar, en cambio, a ese piano lanzado de un sexto piso que fue Britney Spears y su show.

Just another day with the Hiltons.








All photos @ Manuel Santelices

Thursday, September 6, 2007

It's Fashion Week!!



Como dice Candace Bushnell en los primeros párrafos de “Lipstick Jungle”, la excitación se siente en el aire en los primeros días de Septiembre en Nueva York, cuando un centenar de editores, modelos, fotógrafos y diseñadores se reúne en las carpas blancas de Bryant Park para celebrar una nueva Fashion Week.



La semana comenzó con los desfiles de Nautica, BCBG, Erin Fetherson, la fiesta que Tommy Hilfiger ofreció en el MoMa para lanzar su nuevo libro “Iconic America”, la que Diana Von Furstemberg organizó para Nina- Project Runway- García, y la conferencia de prensa de Calvin Klein como celebración de 25 años de sus “underwear models’. La legendaria campaña tiene esta temporada a Djimon Hounsou en “undies” por todo Manhattan.

Photos @ Getty