Friday, July 27, 2007

The Suburban Chronicles


Si usted no ha pasado una noche de sábado con cinco mujeres sesentonas judías en una “comunidad para mayores” en un suburbio de New Jersey, así es mas o menos como suena.

-“Larry Zucker se casó…”- dirá una.
-“ ¿Se casó? Yo pensé que estaba muerto…”- dirá otra.
-“No, el que murió fue Morty, su hermano…”- explicará una tercera.
-“ ¿Morty, el médico?”.
-“…Un ataque al corazón. En Florida…”.
-“Nunca he ido a un Bar Mitzvah como el del nieto de Morty. Gastaron fortunas, FORTUNAS, en el buffet. ¡Salmón, herring, roast beef…! Trajeron los bagels especialmente desde Brooklyn…delicioso”.
-“ ¿No era su mujer parapléjica?”- preguntará una.
-“Esa fue su segunda mujer…”.
- “No, la primera…”, explicará otra, “La segunda era azafata. Rubia, pechos enormes, una shiksa”.
-“ ¿Ella heredó el condo en Boca?”
-“No, el condo quedó para la tercera mujer…”
-“ ¿Y que pasó con la shiksa?”
-“!Se casó con Larry!”.

No hay una enfermedad, divorcio, “sale” en el mall o receta de “brisket” que quede ausente de la conversación, y por lo mismo es fácil pensar que la existencia de estas mujeres ha estado siempre cubierta por el filtro del aburrimiento y el privilegio suburbano,
Eso, hasta que cerca de las nueve de la noche comienzan a aparecer otras historias, cuando ya han pasado unas buenas tres horas desde la comida- reservación a las seis de la tarde, “short ribs & potatoes” en el Club House- y la botella de whisky va en la mitad.

Ni Michael Cunningham podría haber imaginado historias como estas.

Partamos diciendo que en el grupo hay una pareja, Donna y Esther, que llevan siete años juntas y enamoradas. Las dos estuvieron casadas durante décadas, tienen hijos y hasta que se conocieron jamás sintieron la necesidad o el interés de compartir su cama con Doris, Selma o Debbie.

“Mi marido era un amor, un hombre buenísimo, pero no estaba nunca en la casa. Y cuando estaba, no nos hablábamos”, dijo Donna, explicando las razones de su divorcio, “Viajaba todo el tiempo, se quedaba hasta las diez de la noche en la oficina…Yo hacia mi vida y no le importaba. Ni siquiera le importó cuando supo que tenia un amante”

-¿Tuviste un amante?-, pregunté, curioso.

“Si, Bob Weinsten. El DOCTOR Bob Weinstein, mi ginecólogo. Fuimos amantes durante 16 años; todo el pueblo lo sabia, y mi marido nunca me dijo nada”.

-¿No te pegó su mujer en un restaurant?- preguntó la anfitriona de la noche, que las conocía a todas desde 1968.

-“No me pegó. Me quebró un vaso en la cabeza. Fue un escándalo….Y aun así, mi marido no dijo nada”.

Cuando Donna decidió finalmente separarse después de 32 años de matrimonio, no fue por Bob, que también estaba casado, sino por Esther. “Espere a que mis niños partieran al college. Fui a la oficina de mi marido- el único lugar donde podía encontrarlo- y le dije que quería divorciarme. Me dijo que si, y no me preguntó nada mas. Ese era su estilo. Cuando después lo hablé con mis hijos, me dijeron ‘ ¿Por qué esperaste tanto tiempo?’”.

“Yo sufrí el problema opuesto con mi marido”, dijo Esther, llenando una vez mas su vaso de Whisky.

-“Tu marido era el hombre mas hermoso del pueblo”, comentó Sandra, otra de las presentes.

“Si, el mas hermoso, pero también el mas aburrido. Todo el día tirado en el sofá, viendo televisión. No me dejaba nunca sola”, se quejó Esther.

-“Los hombres heterosexuales son todos un desastre”- dijo entonces Lisa, la cuarta del grupo, desatando un suspiro general. “Un desastre. No hay uno que valga la pena’.

-“Don era distinto”, explicó Esther.

-¿Don?- preguntó alguien.

-“Si, mi amante. Estuvimos 12 años juntos…”

-¡¿Pasaste de Don a Donna?!- estalló Lisa, divertida.

Dando un sorbo a su vaso, Esther continuó su historia. “Nos juntábamos en las tardes en un hotel en Ocean Grove, o nos íbamos algún fin de semana a Boston. Yo le decía a mi marido que iba a ver a mi hermana a New York…Fueron años maravillosos…hasta que quedé embarazada”.

-Oh, boy- dijo Lisa- ¿Qué hiciste?

-“Un aborto. Fui a la clínica y le dije a mi doctor que estaba embarazada y que quería abortar. Quedamos de hacerlo un martes a las once de la mañana.
Ese día le dije a mi marido que iba a una visita de rutina al médico y que regresaría en la tarde. Pero cuando estaba recuperándome la enfermera lo llamó y, sin avisarme, le dijo que el aborto había salido bien y que fuera a buscarme porque no era bueno que me fuera manejando sola hasta la casa”.

-Oh, boy- repitió Lisa.

-“Le dije que la enfermera se había confundido, que la paciente anterior se había sometido a un aborto, no yo…”.

-¿Te creyó?- pregunte.

-No se si me creyó. Pero no me dijo nada.

-Bueno, podría haber sido hijo suyo- dijo Sandra.

-No, no había ninguna posibilidad. Don se había hecho una vasectomía cinco años antes.

-Oh, boy.

-“Cómo me hubiera gustado tener un hijo con Karen”- dijo entonces Sandra, nostálgica.

Sandra era, sin duda, la mas bonita del grupo. Intensos ojos azules, el pelo rubio corto y bien peinado, fabulosos pómulos y una figura que, incluso a estas alturas, atraía miradas en el Club House.

A los 17 años se casó con el hombre ideal- al menos para su familia. “Había ido al college, estaba en el ejército, tenia su propia casa en Brooklyn…Mi mama no podía creer mi suerte”, contó esa noche, “Yo no estaba enamorada, pero sentí que era lo que tenia que hacer. En esos años, si no estabas casada antes de los 23 eras una solterona”.

El matrimonio duró 24 años que, por lo que contó Sandra esa noche, tuvieron la horrorosa calma que muestra un volcán antes de la erupción. “Hasta que conocí a Karen, nunca supe lo que era un orgasmo. Mi marido no estaba mas enamorado de mi que yo de él; y en ese sentido éramos la pareja perfecta. Dos zombies compartiendo una casa’.

Sandra conoció a Karen unos años después de su divorcio, cuando ambas bordeaban la cuarentena. “Fue el amor de mi vida…Todavía no puedo creer que no esté conmigo”.

Karen murió de cáncer el 2003.

Al día siguiente todas se dirigieron al Club House para el “brunch” dominical, y ahí se encontraron con Sarah e Irving, Flory y Manny, Sheilah, Doris y Eloise, y comentaron los bien que se veía Rose después de su operación de cadera.
Con sus platos repletos de huevos benedictinos, melón cortado y ensalada de betarragas con cebollas rojas, se sentaron junto a sus amigos en una enorme mesa y, mientras bebían sus mimosas, abrieron la conversación.

-“ ¿Supieron que Larry Zucker se casó…?”.

Monday, July 23, 2007

The Lady is a Tramp



A las tres de la tarde de un día miércoles, cuatro mujeres permanecen sentadas en la terraza de “Cipriani”, en el Soho de Nueva York, bebiendo el cuarto Bellini del día y observando sin interés la ensalada de mozarella y tomates y el carpaccio de ostiones que constituye su “lunch”, un ritual diario de cuatro horas que no es mas que una excusa para matar el tiempo que queda entre las sesiones de bronceado y peluquería de la mañana y el “shopping” de la tarde. Las cuatro llevan el pelo largo y las faldas cortas, y hablan en un idioma indescifrable que salta del español al italiano y del inglés al francés sin usar siquiera un punto o una coma. Están cubiertas de aros y colgajos “bohemian chic”, anillos y relojes de Bulgari y Harry Winston y a sus pies decansan dos carteras Hermès, una Fendi y un bolso de paja comprado en un reciente viaje a Grecia. No hay un hombre que pase por su lado que no les dirija una mirada, y ellas, alegres y burbujeantes como el champagne, responden el halago con sonrisas y susurros. La mesa recibe mas audiencias que el Papa en el Vaticano, y la larga lista de actores, modelos, atletas y magnates que llega a presentar sus respetos es inevitablemente recibido con abrazos, dos besos- uno en cada mejilla- y una lluvia de cariñosos sobrenombres; “Honey”, “Baby”, “Sweetheart”, “Darling”, “Sugar” y “Sweetie”. Entre ellos, siempre hay alguno que se ofrece a pagar la cuenta. Y la oferta es siempre aceptada, porque, como dice la celebre canción de Frank Sinatra, estas “ladies” son unas “tramps”.
Las “tramps” son aquellas mujeres que pasan sus diciembres en Gstaad o Aspen, sus eneros en Saint Tropez, sus febreros en St. Barts, sus mayos en el Festival de Cannes, sus julios y agostos en Capri o East Hampton, y el resto del año en Nueva York, Milán, Londres, París o donde sea que esté instalado el yate de un buen amigo, el penthouse de un “ex-novio” o el jet privado de un potencial amante.
En restaurantes o clubs, las “tramps” nunca hacen la fila, esperan en la puerta o pagan la cuenta. Cuando después de una noche de Dom Perignon o Cristal aparece el mozo con el infame papelito, ellas se disculpan sonriendo y, con un guiño de ojos a sus amigas, todas desaparecen rumbo al baño hasta que el peligro haya pasado.
Candace Bushnell, la autora de “Sex & The City” conoce bien a las “tramps” de Nueva York. En su libro “4 Blonds” escribió sobre una de ellas, una modelo de “lingerie” que cada verano elige a su novio dependiendo del tamaño de su casa en los Hamptons. Al final de la historia, ha visitado mas casas que un corredor de propiedades. Esto no es raro en mujeres que no tienen- ni necesitan- un hogar. La casa propia les parece un “ancla”, y en cambio mantienen pequeñas bodegas en París o Manhattan donde guardan sus impresionantes vestidos de Galliano o Stella McCartney y el abrigo de visón que les quedó de recuerdo después de una “relación” con algún magnate de Texas.
Las “tramps”, a diferencia de otras mas abajo en la escala del prestigio femenino, jamás cobran por su compañía. No señor, lo que ellas hacen es recibir “regalos”, pequeñas muestras de cariño o agradecimiento que pueden ir desde un brazalete de zafiros de Harry Winston a un mes de residencia en el “Hotel Costes” de París. El sexo, como todo lo demás, les parece motivo de “diversión”, no de trabajo.
Las “tramps” existen en todas partes, aunque con ciertas variaciones. En Latinoamérica son rubias, adictas al colágeno y la silicona, y muestran una alarmante preferencia por la lycra y los “tops” semitransparentes. Sin las posibilidades económicas de sus contrapartes americanas o europeas, las “tramps” del hemisferio sur comienzan sus carreras en la adolescencia, postulando a concursos de belleza organizados por alguna revista o bronceador, o agitando sus talentos en algún programa de trasnoche en la televisión. Su elección de pareja parece reducirse a tres tipos de hombres: el empresario casado, el hijo del empresario casado o el deportista.
Mientras las europeas viven felices la libertad que les da su soltería, las sudamericanas sueñan con el matrimonio. Un gran matrimonio. El matrimonio más grande que se haya visto en esas tierras, como el Susana Giménez o Cecilia Bolocco. Solo pensar en el anillo, el vestido de novia de Silvia Tcherassi o Ruben Campos, la catedral cubierta de flores y la luna de miel en Tahiti o las Maldivas, las hace llorar de emoción. Cuando el evento ocurre, ocupa la portada de alguna revista que compra “la exclusiva” y que dedica páginas y páginas a los novios y sus invitados. Y si por algún motivo no ocurre, la novia se las arregla para convertir la tragedia en un éxito y llega a los “talk shows” de la televisión a explicar las razones de su fracaso sentimental. Estas vienen siempre acompañadas de frases como “No era el momento”, “Tuvimos que ser fuertes” o, la favorita, “esto es un asunto que involucra mi intimidad, y de mi intimidad yo no hablo”. Dos semanas después, previo pago de una buena suma y dos pasajes en primera clase, la “tramp” aparece fotografiada en Miami o Punta del Este, en traje de baño por supuesto, bajo el titulo “Las razones de la ruptura’.
El matrimonio, aparte otorgar estabilidad emocional y financiera a cualquier “tramp” latinoamericana, les da un aire de orgullo y misión cumplida envidiables, el absoluto convencimiento de que todo el trabajo, las humillaciones y los comentarios de que fueron víctimas, valieron la pena. Esta es una carrera contra el tiempo, porque una “tramp” pasados los treinta ve sus posibilidades de éxito considerablemente disminuidas. A partir de entonces solo quedan dos alternativas, la “opinologia”- el arte de descuerar a otros famosos frente a las cámaras- o la política. De las dos, la política es siempre la más fácil, porque dedicarse a los jardines de una comuna o a la elaboración de leyes contra el abuso de menores en el congreso, nunca ha provocado anticuerpos en la prensa y el público. En la opinologia, en cambio, la “tramp” se ve obligada a nadar en un pequeño estanque lleno de tiburones, a vista y paciencia de miles de telespectadores, atacando en cuanto se le presenta la oportunidad y huyendo cada vez que algún secreto de su pasado- y secretos hay millones- amenaza con salir a la superficie.

Saturday, July 21, 2007

Posh & Becks




Hay muchas formas de desperdiciar una hora en la vida, pero pocas mas inútiles, vacías y tontas que sentándose frente al televisor para observar el reality “Victoria Beckham: Coming to America”, que la semana pasada se transmitió por la cadena NBC.

Perdí una hora que fácilmente podría haber dedicado a hacer pajaritos con trozos de papel comfort, estudiar las pecas entre los dedos de mis pies o tratar de dirigir un ojo a la derecha y otro a la izquierda simultaneamente, actividades que sin duda habrían resultado mas divertidas e intelectualmente estimulantes que seguir los pasos de “Posh’ mientras buscaba una nueva manicurista en L.A o trataba de conseguir una licencia de conducir.

Para esta mujer todo es “Major”. “This is a MAJOR house!”, dijo cuando llegó a la nueva mansión en Bel Air que ahora comparte con su marido, David Beckham (aunque la casa de $22 millones, 1,600 metros cuadrados y seis habitaciones quizás merece el adjetivo. It’s MAJOR!).

“This is a MAJOR change”, agregó después, hablando de su nueva vida. “This is a MAJOR lipstick, a MAJOR shoe, a MAJOR sandwich…”

She’s a MAJOR bore.

Uno solo puede imaginar sus conversaciones con su nueva mejor amiga, Katie Holmes, que desde su matrimonio con Tom Cruise se ha mostrado tan ingeniosa, divertida y aguda como paciente recien salida del quirofano despues de su segunda lobotomia.

Ping…Pong….Ping….Pong…Ping…..Pong….

Así, una tarde completa, sintiendo el sonido vacío de sus palabras rebotar en la privilegiada mesa de su celebridad.


La llegada de los Beckham también fue celebrada en las páginas de “W” que- igual como hizo con Brad Pitt y Angelina Jolie en los primeros días de su romance clandestino- puso a la pareja frente a la cámara de Steven Klein, los despojó de buena parte de su ropa, los lanzó a una cama y publicó el resultado del encuentro en un portafolio de 34 páginas que, para efectos de marketing, fue promocionado como “too hot to handle”.

-“Jamás. JAMAS, vería ese programa”, me dijo mi amiga Rose cuando hablamos del reality, “Tengo 70 años, y no pienso perder el poco tiempo que me queda en personas que no tienen ningún, NINGUN, interés…”.

-“¿No te dan curiosidad, Rose?".

-“Una taza de agua hervida me daría mas curiosidad”- dijo ella.

-Lo que no entiendo- continué- es que NBC haya desperdiciado una hora en algo tan tonto…

-¿Acaso no hiciste lo mismo?- concluyó ella.

MAJOR truth.

Thursday, July 19, 2007

Los Dulces Golpes de Bardem


Hace un tiempo entrevisté a Javier Bardem. Lo encontré tirado sobre un sofá en su suite del Hotel Regency en Park Avenue, promocionado, por esos días, “Mar Adentro”.
(Bardem acaba de estrenar "Goya's Ghost", dirigida por Milos Forman, en Estados Unidos)

-¿Te importa que me quede así?- me preguntó, con los ojos lánguidos mientras daba un nuevo sorbo a su café con hielo.

No, no me importaba nada que se quedara así.

No me importaba si se quedaba así hasta el fin de los días.

El ahí, en sus jeans y polera negra de los Rolling Stones. Y yo, grabadora en mano, sentando a su lado tratando de evitar que el corazón se me arrancara por la boca.

Aquí va parte de la conversación”.


-Tú siempre has sido muy político ¿Sientes que es tu responsabilidad como artista?
-Yo nunca he hablado como artista, sino como ciudadano. Lo que pasa es que, me guste o no, tengo una posición pública. Pero eso no es algo que pueda controlar. Lo uso a mi favor, pero no puedo evitar que suceda, porque las cámaras están siempre ahí para coger mi testimonio. Es algo que uso con cuidado, porque mucha gente puede pensar que hago un uso indebido de mi popularidad para hablar y autopromocionarme.

-¿Has tenido malas experiencias al respecto?
-Sí, pero me da igual. No doy ningún crédito a esos comentarios; me remito a mi derecho como ciudadano.

-¿Te interesa la política como carrera?
-No. Todos quienes han sido seducidos por el poder de la política, pierden un poco la ética y sobre todo el sentido de humanidad. Como ciudadano estoy exento de ese virus y puedo ver la política como debería ser, como una respuesta a una necesidad social. Usted, señor político, trabaja para mí y tiene que hacer lo que yo como ciudadano quiera, no al revés.

-Y hablando de carreras, ¿Cómo sientes tu romance con Hollywood?
-Pues lo siento como la relación de una noche. Si me están ofreciendo una buena diversión, un buen plan, voy y me acuesto con Hollywood.

-¿Qué es un buen plan para ti?
-Un buen personaje. No me dejo llevar por esa belleza o riqueza artística que todos le suponen a Hollywood. Eso es algo que ha ido decreciendo cada vez más. Es una industria que hace 500 películas al año y sólo 30 son buenas. ¿Qué pasa con las 470 restantes? ¿Qué están viendo los adolescentes que mueren en sus High Schools? Mierdas de películas, que ahora también copan todas las pantallas en Europa.
A la cultura hay que protegerla, y la cultura empieza con el lenguaje que es nuestro máximo tesoro. Como Aznar era el perrito faldero de Bush y todo lo que decía la Casa Blanca le encantaba, nunca se ocupó del cine, del teatro o la literatura.
Para mí, un hombre que no se preocupa de la cultura es un hombre sin corazón.

-¿Qué te sucede con la fama o el dinero que puede ofrecer Hollywood?
-A mí todavía no me ha dado ni una cosa ni la otra. Estados Unidos siempre ha sido muy hábil robando ideas de otras culturas, lo que trae cosas muy buenas, como la creación de una sociedad multi- étnica y plural, pero también otras muy malas como la falta de identidad, la conquista de otros pueblos, etc…Eso también sucede en Hollywood con los talentos y el cine. Dicen ¿Y éste que suena tanto, quién es? Para acá. ¿Cómo ganan a los actores europeos? Con cheques. ¿Cómo el actor se deja ganar? Con dinero.
Pero con eso no tengo ningún problema. El día que haya dinero iré a Hollywood, pero todavía no me lo han dado.
Y aparte del dinero también hay que pensar en otras cosas. ¿Quién es el que se levanta a las seis de la mañana para hacer un personaje? Yo. Y más vale que el personaje me guste, porque si no lo voy a pasar mal, porque tengo respeto hacia mi trabajo y porque después de filmar la película durante tres meses hay que pasar otros seis promocionándola. Esa es la lupa que uso para ver la letra en pequeño.

-Uno pensaría que con tanto éxito ahora tienes libertad para hacer lo que quieras…
-Esas son mentiras. Yo pertenezco a ese cinco por ciento de actores que trabajan en el mundo; hay un noventa y cinco por ciento que esta desempleado. Eso ya lo celebro. Pero si además tengo el honor de poder esperar por un buen papel- porque no soy millonario pero tengo una casa y eso ya es mucho en España- ¿Por qué no hacerlo? Ya esperé antes, y eso me llena mucho más que hacer cinco películas de corrido.

-¿La fama que tienes, especialmente en España, te hace más difícil la vida?
-Sí. Yo tengo un gran respeto por la profesión de actor. Mis abuelos eran actores. Los padres de mis abuelos también, en una época donde los actores ni siquiera tenían derecho a ser enterrados en un cementerio porque eran considerados putas y maricones.
Ese respeto lo pongo en mi trabajo, pero cuando no estoy trabajando, voy por la calle y soy un ciudadano más.
Prefiero perder un espectador que un minuto de mi vida. A veces, sobre todo en España donde la gente es muy impetuosa, llegan tipos, me cogen el brazo y me dicen ¡Hola Bardem!. Yo les digo que no me hablen, que no me molesten y me dejen en paz.
Esa persona, obviamente, nunca más a ir a ver una de mis películas, pero yo he ganado un minuto de mi vida.

-¿Y cómo es tu relación con la prensa?
-Hay una prensa repugnante, la prensa rosa, que debería ir a la cárcel. Es una práctica que esta denostando la profesión del periodista. Todo los medios periodísticos están saturados de ese tipo de información, e incluso profesionales muy serios han cedido al poder del rating. Es algo terrible y se ha llegado a niveles absurdos.

-¿Las celebridades no han colaborado en ese juego?
-Este es un pescado que se muerde la cola y todos somos responsables. Pero los máximos responsables son los directores de los medios, que dicen ‘bueno, quizás esto no es muy ético pero nos trae seis millones de espectadores’. El día que muera alguien, que alguien le clave un hacha a un periodista porque se ha metido en su baño a grabarle como caga, ahí se darán cuenta de los excesos a que hemos llegado.

-¿Lees lo que se escribe de ti?
-No, pero me llega igual y me enfurece. Hay gente que vende su vida y allá ellos; que enfrenten las consecuencias. Pero hay otros que no lo hacemos y nos meten en el mismo saco. Eso me parece injusto.

C’mon, Be Honest….Do you Sock Puppet?


John Mackey, el mas alto ejecutivo de los supermercados norteamericanos “Whole Foods Market”, fue descubierto “sock puppeting” en la Internet a altas horas de la noche, cuando su trabajo había terminado, cuando su familia dormía, cuando nadie podía adivinar que estaba ahí, iluminado solo por la luz de la pantalla de su Mac Pro, buscando auto gratificación.

Do you Sock Puppet?

Esta era una práctica mas o menos inocente hasta la llegada de la Internet. Bastaba un calcetín o soquete, una mano desocupada- generalmente la derecha- y, ¡Voilà!, de pronto aparecía un improvisado títere que podía divertir a los niños antes de dormir, a los invitados en la mesa o, si el titerero era afortunado, a su pareja entre las sábanas.

El calcetín, como ocurre con los muñecos de ventrílocuo, servia además de altavoces, un útil micrófono para decir lo que el títeretero-_”sock puppeteer?”- no podía, no quería o no se atrevía a decir por su propia boca.

Llevado a la Internet, “sock puppeting” es el arte de, como dicen los americanos, “blow your own horn”. Es decir, tocar la propia trompeta, alabarse a uno mismo, alardear de sus triunfos, de sus cualidades reales o falsas, sobarse la espalda y, de paso, tirar dardos a los enemigos y contrincantes escondido en una identidad falsa.

En el caso de Mackey, “Rahodeb”.

Rahodeb era un “late- night” visitante a ‘chat rooms’ y ‘message boards’ dedicados a los negocios, que no solo hablaba maravillas de “Whole Food Markets”- y destrozaba la reputación de otras cadenas de supermercados-, sino que, además, inflaba el ego de Mackey con comentarios como: “Me gusta el corte de pelo de Mackey. ¡Se ve bien!”.

¡Cómo debe estar lamentando el ejecutivo ese mensaje!, mas ahora que su afición por las marionetas cibernéticas fue revelada en la primera página de la sección de negocios de “The New York Times”.

Obviamente, no es el único. Según el articulo, el magnate inglés (¿y futuro presidiario? Conrad Black, el fundador de Overstock.com, Patrick Byrne, y el ganador del premio Pulitzer de periodismo, Michael A. Hiltzik, son solo algunos de los ejecutivos, periodistas, escritores y celebridades que han descubierto las ventajas de “sock puppeting”.

Ahora, las autoridades están estudiando si quebraron alguna ley.

Personalmente, no veo nada de malo en crear una imagen positiva de uno mismo en la Internet. Mas aun si, como en mi caso, nadie mas lo esta haciendo.

Esta noche, cuando David se quede dormido, asaltaré el cajón de los calcetines. Elegiré el mas suave, lo pondré cuidadosamente en mi mano derecha como protección, y, escondido en la intimidad de mi oficina, comenzaré mi propio “Sock Puppeting” en la Internet.

Saturday, July 14, 2007

Every Day a Little Death


Todas las mañanas, entre el momento del café y el de la ducha, leo el diario. Y cada día, por lo mismo, parto con mi corazón pesado frente a la larga letanía de tragedias que no por repetidas son menos dolorosas.
Cada día “The New York Times” trae en su primera página otra horrorosa fotografía de Irak.

150 muertos en Amerli, al norte de Bagdad, victimas de un devoto suicida que, con la dulce promesa del martirio y un paraíso lleno de vírgenes, decide correr hacia un mercado repleto de gente en un camión cargado con casi cinco toneladas de explosivos escondidos debajo de sandías, ofreciendo su sacrificio, y el de sus víctimas, a Alah.

El Departamento de Defensa anuncia que, desde el comienzo de la guerra, ha habido 3,588 soldados americanos muertos. Entre las últimas victimas están Steven Daugherty, 28 años, de Barstow, California; Keith Kline, 24 años, de Oak Harbor, Ohio; y Michelle Ring, también de 24, de Martin, Tennessee.

Busco en Google un mapa de Martin, Tennessee, y me encuentro con un poblado de media docena de calles cruzado por la carretera 431.

El pueblo tiene su propio periódico, “The Jackson Sun”, que anuncia en su página web que la policía, en su búsqueda de un asesino en serie, ha decidido registrar camiones en la carretera.

También dice que la ganadora del concurso “Miss Tennesse 2007” es Grace Gore (esta sección viene acompañada de un ‘online special’ con videos y blogs). “Había tantas chicas maravillosas, no puedo creer que tengo una corona en mi cabeza”, declara la reina de belleza.

“The Jackson Sun”, además, ofrece una encuesta a sus lectores, que ahora pueden votar frente a la siguiente pregunta: ¿Cree que America está ahora mas a salvo de los terroristas que en el 2001?

Regreso a “The New York Times”.

Insurgentes en Irak asesinan una madura pareja Iraquí que trabajaba en la embajada americana. Aparentemente, el grupo “Estado Islámico de Irak” secuestró al marido, lo asesinó, y luego mató a su mujer cuando ella apareció con los 1,600 dólares del rescate. “Ella era una dama muy dulce”, dice un funcionario de la embajada, “Esto es increíble”.

Lo increíble es que un funcionario de la embajada americana en Irak todavía encuentre algo increíble.

Recuerdo otro secuestro sobre el que leí hace un tiempo. Otros insurgentes en Irak- o los mismos, quien sabe- secuestraron a un niño de cinco o seis años, lo cubrieron de explosivos, lo amarraron al asiento trasero de un automóvil para despistar a la policía ( ¿quien pensaría que un auto ocupado solo por un niño podría ser tan letal?) y a la distancia, y a través de un celular, lo detonaron.

Sigo leyendo.

Un diluvio deja 660 muertos en India.

Un organismo llamado “The Lower Manhattan Security Initiative” planea instalar 3,000 cámaras en la punta sur de la ciudad como táctica antiterrorista, un sistema parecido al “circulo de acero” que rodea Londres.

Una niña de siete años, Tajahnique Lee, muere asesinada por una bala furtiva disparada durante una pelea callejera entre pandillas en Trenton, New Jersey. Aunque el lugar estaba lleno de gente, no hay testigos.
La propia abuela de la victima dice que no hablará con la policía porque, si lo hace, tendria que mudarse “fuera del país”.

Sigo leyendo.

Buenas noticias: Margaret Hill, una ciudadana británica, fue liberada cuatro días después de haber sido secuestrada por mercenarios armados en Nigeria. “Estaba un poco en trance cuando la recuperamos’, dicen sus padres a la AP, “Creemos que no comió mucho, porque está muy hambrienta. También está cubierta de picadas de mosquitos. Le duelen mucho”.

La victima habló por teléfono con la AP, y declaró que estaba “bien” y muy contenta de ver a su mamá.

Margaret tiene tres años.

Todo esto en un día.

En mi cabeza, mientras me dirijo a la ducha, ronda una canción del musical “A Little Night Music”,

Every day a little death
In the parlor, in the bed
In the curtains, in the silver
In the buttons, in the bread
Every day a little sting
In the heart and in the head
Every move and every breath
And you hardly feel a thing
Brings a perfect little death

Thursday, July 5, 2007

Let's do Drinks in the Library


Una de las ventajas de cambiarse de casa, como hice este 4 de Julio, es la oportunidad de empezar una nueva vida con todo fresco y nuevo.

Esa era al menos la idea.

52 cajas, 16 bolsas, cinco maletas, 2 gatos, David y yo cruzamos el East River de Manhattan a Brooklyn en un gigantesco camión, y a solo un día el nuevo departamento ya tiene ese aspecto cansado y en desorden de un closet olvidado al final del pasillo.

“David, ¿Necesitamos estos cables?”- le pregunté el día de la mudanza, sosteniendo una medusa de enchufes, alargadores y conexiones telefónicas cubiertos de polvo.

“Hmmmm…Llevémoslos, por si acaso…”.

Ahí están ahora, en una bolsa en el armario, seguros de que han encontrado un hogar para la próxima década. Por si acaso..

Las buenas noticias es que ahora tenemos una habitación extra que servirá de oficina, estudio, sala de televisión, pieza de alojados y biblioteca.

Si, biblioteca.

Nunca antes tuve una biblioteca. Solo libros desparramados por todos lados.

“No seria agradable tomar cocktails en la biblioteca y después pasar al comedor cuando tengamos invitados”, sugirió David, que, me temo, ha visto demasiadas obras de Noel Coward. “Let’s do drinks in the library”.

Considerando que la biblioteca estará a la a vista de cualquiera que visite el nuevo departamento y que, como sucede en las películas de Woody Allen, todos pasearán sus ojos por nuestros títulos mientras sostienen un Martíni en la mano, decidí que las repisas debían tener un aspecto elegante y cuidado, y reflejar el amplio espectro de nuestras inquietudes intelectuales.

Abrí la primera caja marcada “books”.

“Gay Guide to the USA” fue el primer titulo que apareció.

Hmmm…Lo puse a un lado, sin saber que hacer con él.

“The Bridget Jones Diaries” venia inmediatamente después, y aunque es uno de mis libros favoritos no me pareció que seria el mas adecuado para impresionar a Andrea, nuestra amiga profesora de Columbia, ambientalista, interesada en política y derechos de la mujer, que en su propia biblioteca tiene una colección de escritos de filósofos alemanes

Estoy seguro que en alguna parte vi un libro de Kant. ¿En qué caja vendrá?

Uno a uno, comenzaron a aparecer los libros de mi propia colección. “The Man Who Was Vogue”, de Carolina Seebohm; la autobiografía de Kitty Carlyle; “Model”, de Michael Gross; “Vogue Dialogues”; “Chic Savages” y “The Fashionable Savages” de John Fairchild; “The Fashionable Mind” de Kennedy Fraser; las biografías de Christian Dior, Halston, Anna Wintour, Jackie Kennedy Onassis, Barbara Hutton, Liz Tilberis, Slim Keith, Irving “Swifty” Lazar; los diarios de Cecil Beaton, de Andy Warhol, de Paris Hilton….

Siguiente caja.

Mi corazón se detuvo cuando vi las cuatro copias de “DV”, la autobiografía de Diana Vreeland; dos en tapa dura, dos en “paperback”, por si pierdo alguno. ¡Cómo amo este libro! …

”I Loathe Nostalgia”, dice el primer párrafo, “One night in Santo Domingo at Oscar de la Renta’s, Swifty Lazar, the literary agent, turned to me and said, “The problem with you, dollface”- that’s what he always calls me- “is that your whole world is nostalgia”. “Listen Swifty, “ I said, “we all have our own ways of making a living, so shut up”.

Puse los cuatro libros en la cuarta repisa de la estantería, el lugar principal, a la altura de los ojos cuando uno se encuentra de pie con un Martini en la mano.

“Four Blondes” y “Sex & The City” de Candace Bushnell venían inmediatamente después, seguidos de “The Mansions of Limbo” de Dominick Dunne, “Circus of Ambition” de John Taylor, y “The Beautiful People” de Coward McCann, los tres dedicados a la sociedad de Nueva York en los ochentas.

¡¿Dónde esta Kant?!

La siguiente caja era de “paperbacks”.

“Snobs” de Jullian Fellowes acumulaba polvo junto a “Los Diarios de Briget Jones” (de nuevo, en paperback, para llevar en los aviones); “Las Brujas de Eastwick” de John Updike, “The Philosophy of Andy Warhol”, y novelas de Jaime Bayly, Pedro Lemebel, Manuel Puig y Alberto Fuguet. Al fondo de la caja había una copia de mi propia novela, “Que Sabe Nadie”, y dos de “Sheila Levine is Dead and Living in New York City”, de Gail Parent, el libro mas importante de mi juventud.

Me senté en el suelo y leí la primera pagina: “A few years ago, on the East Side of Manhattan, not far from Bloomingdale’s, a man set up a business where he sold diet shakes, delicious chocolate milk shakes having only 77 calories…The man was investigated by the Food and Drug Comimission (or whoever it is who does that sort of thing). There were more than 280 calories in those diet shakes!
“I’m commiting suicide. DO YOU WANT TO LIVE IN A WORLD WHERE A MAN LIES ABOUT CALORIES?”.

Solo Dios sabe que vi en Sheila, una solterona gorda, judía, de Nueva York que decide suicidarse porque no encuentra marido. Lo único que se, es que fue mi mas fiel compañera de juventud.

Puse las dos copias junto a la autobiografía de Diana Vreeland, y, para efecto decorativo, instalé entre ellos la foto de “Kitty”, mi adorado gato que se sentaba entre mis pies mirando la ventana mientras yo trabajaba en mi antiguo departamento de la calle 22, en Chelsea.

Kitty murio el 2000.

La siguiente caja era de “coffee table books”, esos gigantescos libros de tapa dura hechos mas como objetos decorativos que como material de lectura: Richard Avedon, Roxanne Lowitt, John Galliano, Lilian Bassman, Chanel, Grace Kelly, Ron Galella, Annie Leibovitz, Faros de Nueva Inglaterra, Departamentos Parisinos, Clubes y Bares, New York 1960, Paris Mon Amour…Un libro detrás de otro, mas pesados que mi “box spring”.

Encontré uno rarísimo, que luce aburrido a pesar de su prometedor titulo: “On the Passage of a Few People Through a Rather Brief Moment in Time”.

Debería revisarlo.

Llego al final del día y aun no había terminado con las cajas de “books”.

“Se que en algún lugar tengo un libro importante”- pense.

“David, ?No teníamos un libro de Kant en alguna parte’?”- David estaba instalando los cables de los televisores en el living y el dormitorio y no contestó.

Hmmm. Abrí una nueva caja y me encontré con una portada que mostraba una cigüeña en diamantes, rubíes, esmeraldas y zafiros bajo el titulo “The Secret Life of the Duchess of Windsor”.

Lo puse en la cuarta repisa, a la vista de todos.

Thursday, June 28, 2007

Money, Money, Money


Nunca fui bueno para las matemáticas, una tragedia que mantuvo mi promedio en el colegio a las mediocres alturas del 5.5, que me impidió estudiar diseño en la Universidad- como era mi intención- y que con los años se ha trasladado a mi cuenta bancaria, mis tarjetas de crédito y a mi absoluta incomprensión de las misteriosas reglas que rigen el mundo financiero.

Si tuviera dinero para comprar una acción, no sabría por donde empezar.

Así, sobrevivir en Estados Unidos no ha sido fácil. Aquí hay dinero de sobra, es ofrecido con mas facilidad que el pan, y los americanos parecen genéticamente predispuestos a balbucear palabras como “portafolio” o “interés” desde que abandonan los pañales. He estado en comidas donde la conversación incluye mas números y porcentajes que palabras, sintiéndome como uno de esos enanos en “Tierra de Gigantes”, completamente inadecuado y en constante peligro de ser aplastado.

Mi primer trabajo de verano fue a los catorce años, cuando fui contratado en una boutique de niños en la calle Guardia Vieja para limpiar pisos, ordenar mercadería y hacer los mandados. Para cuando terminó el verano, tuve que trabajar una semana gratis para pagar los adelantos que me había dado mi flamante patrona y que ya había gastado, desde el primer día, en poleras de rugby de “Palta” y la banda sonora original de “Jesucristo Superestrella”.

Antes de que cayera la primera hoja del otoño, estaba nuevamente sin un peso.

Quizás eso- y la monumental deuda en tarjetas de crédito que acumulé en Estados Unidos- me enseñaron la primera regla económica: uno no debe gastar lo que no tiene.

Pero, ¿Cómo resistir esa camisa en “sale” en Paul Smith?

Igual como esos gordos que aseguran que lo suyo es hormonal, mi gasto compulsivo esta enraizado en mi ADN. No importa si voy al tercer piso en Bergdorf Goodman o a la ferretería de mi barrio, siempre encuentro algo que quiero comprar. Después de todo, ¿Cómo puede sobrevivir uno sin un taladro eléctrico?

Los índices económicos son un jeroglífico imposible. Según la edición de hoy de “The New York Times”, el S&P 500 bajó a 1,492.89, el Nasdaq composite a 2,574.16 y el 10 Year Treasury Yield está a un 5.08%.

¿Qué significa todo eso? ¿Van a subir los cigarros?

Mis propios índices no son auspiciosos. Redondeando- que es como saco siempre mis cálculos- tengo dinero suficiente para pagar mi arriendo de Julio, salir a comer dos veces por semana y asaltar el “sale” de J. Crew.

Ya veremos como viene Agosto.

En lo que se refiere a economía, soy un conservador recalcitrante. Jamás invertiría en la bolsa, donde, por lo que he escuchado, un día uno es rico y al otro pobre, sin saber como pasó de una a otra categoría en cuestión de horas. Solo Dios sabe cuando viene un “lunes negro” y todos los ahorros terminan convertidos en papel.

No, lo adecuado es invertir en bienes raíces. Y eso seria lo haría si tuviera dinero: un loft en el Soho, un pied- a- terre en Paris, una casa de playa en Zapallar para aprovechar las temporadas opuestas con el hemisferio sur.

Por el momento, y hasta que reúna dinero suficiente para el loft, el residuo de 25 años de trabajo permanece bien guardado en un cajón del closet, billetes frescos cuidadosamente doblados en un sobre de cuero rojo de Valentino que me regalaron en alguna fiesta en esa boutique.
Si todo sale bien, la suma aumentará el próximo mes.

Para mi sorpresa- y la de todos los que me conocen bien- he logrado no solo costear mi vida hasta ahora, sino también evitar la cárcel.

Solo los ciegos que cruzan la Alameda sin terminar atropellados han tenido mas suerte.

Mrs. President


Aunque parezca increíble, en Estados Unidos no son pocos los que se preguntan si el país está preparado para una presidenta mujer.

Dos siglos de Democracia; treinta años de liberación femenina; mujeres en el espacio, en Wall Street, Harvard y Hollywood, y el país todavía haciéndose una pregunta que no solo es anacrónica, sino también injusta. ¿Podría una mujer cometer mas errores que el puñado de hombres blancos que controla los laberintos del poder en Washington?

Difícil.

Hillary Clinton ha resultado ser una pionera en esta aguas- otra notable excepción es Nancy Pelosi, la “speaker of the house”-, y por lo mismo su carrera presidencial ha estado plagada de contradicciones. Después de mostrarse fuerte en sus convicciones y dura en su mandato, como se supone que hacen los hombres, tuvo que bajar el tono enfrentada a encuestas que la acusaban de fría, ambiciosa y oportunista, todas características que pueden ser muy apreciadas en un político tradicional, pero que son consideradas definitivamente “poco femeninas”.

Buscando revertir el daño, Hillary lanzó su candidatura oficial en su sitio de Internet- como se hace por estos días- rodeada de jarrones de flores, cojines bordados y fotografías familiares, hablando con el tono coloquial, entre dulce y severo, de una abuela cuenta-cuentos. Siguiendo las indicaciones de sus asesores, suavizó el corte de pelo, bajó el tono de voz y se colgó un collar de perlas. Y en su mas reciente táctica publicitaria, además, recreó en un video la escena final del último capitulo de “The Sopranos”, sentada en un Diner junto a Bill, esperando la llegada de Chelsea. Una imagen familiar, inspirada por la mafia.

Como dice una amiga mía, “hoy en día todo es show bussiness”.

Si el país estuvo preparado para elegir- o nombrar, seria la palabra acertada- en dos oportunidades a un Presidente que tiene dos dedos de frente solo si habla de meñiques, ¿Por qué no lo estaría para Hillary?

La nueva feminidad de la Clinton ha encontrado un bravo rival en Barak Obama, que, como si fuera una ex Miss postulando a un puesto ejecutivo, está haciendo grandes esfuerzos para demostrar que su belleza y elegancia natural no son sus únicos atributos. La tarea no es fácil, especialmente después de haber ocupado las portadas de “GQ” y “Vogue” en perfectas camisas rayadas e impecables pantalones grises sujetos con suspensores “preppy”.
Barak se ve tan cómodo frente a las cámaras, que resulta imposible no adivinar las profundidades de su vanidad.

Con estos dos candidatos la lucha por el Salón Oval se ha convertido en la batalla del sexo ambiguo, un sitio donde los roles tradicionales no corren y donde todo está por verse.

La elección de Hillary- si ocurre- le acarreará un nuevo set de dificultades y prejuicios. Como ha sucedido como Michelle Bachelet en Chile, deberá integrarse a un club de hombres y soportar, como si fuera una aeromoza o secretaria, abrazos y sobadas de espalda que, disfrazadas de caballerosidad, no son mas que condescendencia de parte de otros mandatarios.

Igual que a Michelle, se le exigirá que actúe como hombre sin dejar de ser mujer; que ponga al país por delante, pero sin abandonar sus deberes familiares; que sea dulce, pero fuerte; que esté presente, pero que no estorbe; que se vea bien, pero que no muestre ninguna preocupación por su apariencia. Y cualquiera de sus errores- y de esos habrá, inevitablemente- será culpado a su condición de mujer, no de político.

Si su gobierno resulta mediocre, como dicen que ha sido el de Bachelet en Chile, Hillary cerrará la puerta no solo a su carrera política, sino a las posibilidades de cualquier mujer que venga detrás de ella.

“Las mujeres no sirven para gobernar”, dirán engominados políticos en Washington o Santiago, satisfechos con el fracaso, “Ya probamos, y no resultó”.

Y dicho eso, volverán a montarse en el caballo del poder y correrán a todo galope.

Tuesday, June 19, 2007

A Chorus Line


Si alguien me pregunta que sucedió en Chile entre 1976 y 1978, no tengo idea.

La mayor parte de esos años- exceptuando mis horas de clases y un recreo de media hora los martes para ver “Los Angeles de Charlie”- los pasé encerrado en mi pieza, dibujando, leyendo revistas y con mis oídos cubiertos con dos gigantescos audífonos por donde estallaban los acordes de la banda original de “A Chorus Line”.

Nunca fui mas feliz.

Mirando por la ventana podía adivinar los peligros que había allá afuera. Mi padre había muerto unos años antes, la calle era un hervidero de violencia política, el colegio me parecía una cárcel y mi cuerpo, a los trece o catorce años, empezaba a cocinarse en un incómodo caldo de hormonas que, por ese entonces, me parecía el presagio de una vida triste y a solas. Pero, como me advertían los parlantes de mi stereo Panasonic…

“Everything was beautiful at the ballet…”.

Para ser honesto, solo entendía un par de palabras en todo el cassette (si, el cassette), pero eran suficientes para darme cuenta de que el musical estaba hablando, obviamente, de mi.

“He said, ‘Maggie, you wanna dance?’, and I said ‘Daddy, I would love to dance…”

“If Troy Dunahue could be a movie star, then I could be a movie star”.

“Suddenly I'm seventeen and,
Suddenly there's a lot I am not certain of,
Goodbye twelve, goodbye thirteen, hello loooove…”


En las mañanas corría al baño con mi radio-cassette, apretaba ‘play’, abría la ducha y pasaba quince minutos bajo el agua cantando el himno de mi vida, “One”, la canción principal y mas célebre del musical.

“One singular sensation, every little step she takes 
One thrilling combination, every move that she makes 
One smile and suddenly nobody else will do 
You know you'll never be lonely with you-know-who..”

Los gritos de mi mamá escaleras abajo rogando que apagara la radio quedaban sepultados bajo el Ta-Ta-Ta-Tán del número final, conmigo mojado y envuelto en una toalla frente al espejo, abriendo los brazos hacia el público y saludando en éxtasis a todo Broadway que continuaba aplaudiendo mientras bajaba el telón.

Y de ahí a un nuevo día, tan gris como el anterior.

Tuesday, June 12, 2007

Medio en Silencio, en exclusiva, con Mr. Oscar Wilde

-¿Es usted un creyente, Mr. Wilde?

-Creer es muy aburrido. Dudar es increíblemente enriquecedor. Estar alerta es estar vivo; ser seducido a la seguridad es morir.

-¿No atenta eso contra el sentido común?

-El sentido común es el enemigo del romance. Cualquiera puede tener sentido común, siempre y cuando no tenga imaginación. Actualmente la gente muere con un terrible sentido común, y descubre, cuando es demasiado tarde, que lo único de lo que uno nunca se arrepiente es de sus errores.

-Pero los errores pueden ser peligrosos…

-Una idea que no es peligrosa no debería ser llamada idea. Todo es peligroso…Si no fuera así, la vida no merecería ser vivida.

-¿Es un anarquista, entonces, Mr. Wilde?

-El descontento es el primer paso en el progreso de un hombre o una nación. La desobediencia, a los ojos de cualquiera que haya leído historia, es la virtud original del hombre. Es a través de la desobediencia que se ha alcanzado el progreso. Desobediencia y rebelión. En arte, como en la política, hay solo un origen para todas las revoluciones: el deseo del hombre por una forma de vida mas noble.

-¡Cuantos soñadores han perdido su vida en esas conquistas, Mr. Wilde….!

-El primer deber de un caballero es soñar. Un soñador es aquél que puede encontrar su sendero con la luz de la luna, y su castigo es que ve el amanecer antes que el resto.

-¿Qué nos puede decir del periodismo y los periodistas?

-Los malos modales hacen al periodista. Los periodistas modernos siempre se disculpan en privado por lo que han escrito de uno públicamente. La conciencia de un editor es puramente decorativa.

-¿Algún consejo final sobre la vida, Mr. Wilde?

-La vida es demasiado importante para hablar seriamente sobre ella. Y la vida nunca es justa.

-¿Y el amor?

-El amor es siempre una tragedia. Los malentendidos son la base del amor. No puedo vivir sin la atmósfera del amor. Debo amar y ser amado, sin importar el precio que tenga que pagar.

The People Vs. Nan Kempner


Aunque soy un convencido partidario de las ventajas de la Democracia, cuando se trata de medios me parece que no hay mas opción que la “mano dura’.

Evidencia A:
Kike Morandé en Chile, que hace alarde de su misoginia, homofobia y mal gusto sin que nadie- ni siquiera su muy severo y conservador jefe, Ricardo Claro- se atreva a poner freno a los escotes por terror a perder el rating.

Evidencia B:
Los “top five” de la taquilla norteamericana todos los fines de semana, donde la película mas estúpida acaba, inevitablemente, en el primer lugar producto de alguna campaña de marketing descomunal y un estreno en 3,000 salas repletas del segmento “Male 18-24”.

Evidencia C:
“Locos por el Baile”- “Dancing with the Stars’. “Gran Hermano”- “Big Brother”. “Soy famoso, Sáquenme de Aquí”- “I’m a celebrity, Get me Out of Here”…Y cualquier otro “reality” cuya fórmula arrase de Santiago a Timbuktú.

Evidencia D:
Angelina Jolie en todas las portadas de las revistas americanas este mes, ofreciendo un vistazo a su intimidad- y otras partes- a cambio de promoción para su último filme, “A Mighty Heart” que, dicho sea de paso, trata del asesinato del periodista del “Wall Street Journal” Daniel Pearl a manos de terroristas Pakistaníes, un tema cuya seriedad se contradice con la semidesnudez- siempre bienvenida, que quede claro- de Angelina en la portada de “Esquire’.

Evidencia E:
La muerte de Anna Nicole; la prisión de Paris Hilton; el último romance de Jennifer Aniston con su modelo inglés y cualquiera sea el escándalo que en este mismo minuto está ocupando las pantallas de “Fox News” y “Us Weekly”.

Evidencia F:
La ausencia de tributos a Nan Kempner después de su muerte, hace casi dos años.

¿Nan qué?, dirá usted, con justa razón.

A riesgo de parecer un aguafiestas, creo que ha llegado la hora de la dictadura. Enciendan las luces, paren la música, y que las chicas de Claro... perdon, de Kike, vuelvan a ponerse la ropa.

Nan Kempner, vestida en Valentino e Yves Saint Laurent, está lista para aparecer en pantalla. Siempre lo estuvo- si uno se guía por las innumerables fotos sociales en “Vogue” y “W” que la acompañaron durante toda su vida-, pero en los medios masivos, para que hablar de los chilenos, nunca tuvo una silla donde sentarse.

Mas de alguien podrá decir que estoy promoviendo aún mas frivolidad en medios que se ahogan en el soponcio de la ignorancia y la tontera, pero esas son personas que, sin duda, no escucharon nunca las lecciones de vida que esta mujer, que parecía un espárrago envuelto en chiffón, podría haber dado.

Por motivos de tiempo y espacio, solo diremos que salió siempre a la calle con su pasaporte en la cartera, “porque nadie sabe donde puede terminar la noche’.

¡Cómo adoro a mujeres como ésta! Y solo puedo imaginar la frustración de tantos cuando su filósofo, su escritor, su poeta, su bailarina clásica, su pintor, su director de orquesta, su diseñador o arquitecto favorito no encuentran un lugar en las pantallas u otros medios de comunicación. Aterrados de perder un peso o un dólar, sus jerarcas se someten a los designios de un pueblo que no sabe qué se está perdiendo

Nan Kempner
1930- 2005

Sunday, June 10, 2007

Tres Tristes Rubias

Hace unos años, caminando al final del día por Madison Avenue, ví de pronto el cielo iluminarse con varias explosiones de luz, como relámpagos, seguidas por los gritos de una mujer.

“!Un asalto!”, pensé.

Y era un asalto.

Annette Benning, la estrella de Hollywood casada con Warren Beatty, aullaba “Noooo!” en medio de la calle protegiendo a sus tres pequeños hijos del lente de un paparazzi, que, quizás sordo y mudo, seguía disparando sin dar ninguna importancia a las súplicas de su presa.

La compasión que sentí estaba dividida en partes iguales entre la privilegiada estrella que debe soportar los inconvenientes de su propia fama, y por el fotógrafo que debe perseguirla a cambio de un salario que, con suerte, le permite arrendar un departamento de un dormitorio en Queens.

Esa no fue, por supuesto, la única vez que observé a celebridades y paparazzis en su afiebrada danza mediática, pero sí fue la primera en que quedaba absolutamente claro que, al menos una de las partes, simplemente no tenia ganas de bailar.

No es lo común.

Aunque es cierto que ningún famoso quiere tener fotógrafos acampando entre los arbustos de su jardín, su presencia constante no siempre es considerada un estorbo. Después de todo, una cámara puede ser una buena herramienta para promover una película o un perfume, conseguir un aumento de salario o elevar el perfil público justo cuando el agente está negociando un nuevo contrato publicitario o temporada televisiva.

Este es un acuerdo faustiano que produce desconfianza en las dos partes- famosos y paparazzis-, que se ven, sin embargo, obligados a seguir en su matrimonio disfuncional porque no tienen otra alternativa de supervivencia. Es, en definitiva, un amor a golpes.

Eso nos lleva al peliagudo asunto de la privacidad.

Cuando una mujer, como ha ocurrido con alguna conocida diva, ha sacado durante décadas provecho comercial y profesional de sus momentos mas íntimos, ¿Puede quejarse después de algún fotógrafo la descubra con el hombre equivocado en situaciones comprometedoras, la fotografie a la distancia y luego venda las imagenes a un tabloide?
Cuándo sus matrimonios han sido subastados al mejor postor, y asuntos como su maternidad o sus escandalillos sentimentales han sido ventilados hasta el cansancio en “exclusivas” que, a menudo, coinciden con la llegada de un nuevo programa o una nueva empresa, ¿Puede alegar que ha sido manipulada por la prensa?
¿O el alegato llega solo cuando no recibe un pedazo de la torta?

Ahora, que se cumple el décimo aniversario de la muerte de la Princesa Diana y que las imágenes de Paris Hilton esposada y llorando a mares camino a la cárcel han opacado la cobertura de asuntos como la cumbre del Grupo de los Ocho o la Guerra en Irak, los inesperados peligros de la relación entre celebridades y prensa son mas evidentes que nunca.

Según “The Diana Chronicles”, el nuevo libro sobre la Princesa Diana escrito por Tina Brown, ex editora de “Vanity Fair” y “The New Yorker”, Diana- una lectora compulsiva de tabloides y revistas de chismes- supo usar a su favor a la prensa desde los primeros días de su fatídico matrimonio con el Príncipe Carlos, reuniéndose a menudo con editores para almorzar, sirviendo como anónima fuente para la cobertura de su propia vida, usando las páginas de "The Sun" o "News of The World" como campo de batalla en la lucha contra sus enemigos dentro y fuera de Buckingham.

Paris Hilton, está demás decirlo, nacio mediatica. Esta rubia no existiría en la conciencia colectiva si no fuera porque su foto aparece constantemente en las revistas, la televisión y la Internet. Su falta de talento para cualquier cosa que no sea el shopping, el paseo por la ‘red carpet” o, aparentemente, el sexo, es abismal. Es una Narcisa enamorada de su propia imagen en “Page Six” o “E!”, e incluso su fotografía como reclusa, donde aparece con la sonrisa misteriosa de una Mona Lisa, los labios húmedos, la mirada semivacia y el pelo cuidadosamente lanzado a un costado, parece haber sido pensada para el consumo masivo y no, como era la intención de fotógrafo, para los registros penitenciarios.

Hasta donde recuerdo, ninguna de estas tres rubias- Diana, Paris o la Diva- grito jamás “!Nooo!” en la mitad de la calle para proteger su intimidad o la de su familia. O al menos, no lo hicieron cuando el lente que las perseguía era adulador, les abría una nueva oportunidad comercial o simplemente les ofrecía la irresistible promesa de una nueva portada.

Who’s crying now?

Thursday, June 7, 2007

Gay, 46

La palabra y el número que sirven de titulo a esta nota no deberían ir nunca juntos. Es como decir “Boy Scout, 21”. O “Fubolista, 30”. O “Animadora de Televisión, 35”. En definitiva, la prueba de que la vida útil en el campo mencionado ha llegado a su fin.

Siempre pensé que iba a ser un de esos hombres que envejecen con dignidad. ¿Qué importaban un par de arrugas y un estómago creciente, cuando, en cambio, habría ganado tanta sabiduría y experiencia? En mis sueños me veía como Diana Vreeland, excéntrico y vibrante; mi cara agrietada como la de una tortuga madura, pero feliz; un ejemplo para las generaciones posteriores. Como ella, saldría cada noche y me sentaría, quizás en un caftán, a dar lecciones de vida a adorables artistas, escritores y cineastas que anotarían mentalmente cada una de mis excentricidades y “bon mots’.
El sueño duró hasta que una mañana, sin aviso previo, el pakistaní que todos los días me entrega mi café en el “Deli” me dijo “sir’ y no “wassup?”, el familiar saludo con que me recibía generalmente.

No fue el único.

De pronto, el universo entero se puso de acuerdo para anunciar mi decrepitud, y el barman en el bar, el cajero en el banco y el taxista en el taxi comenzaron a tratarme de “sir”.

“Yes, sir’, “Of course, sir”, “Can I get a cab for you, sir?”. Incluso ancianas en silla de ruedas comenzaron a insultarme de esa manera.

“Es una forma de respeto”, me dijo David cuando me quejé una noche mientras arreglábamos la cama para irnos a dormir. “No quiero respeto”, le contesté, “Quiero lo contrario del respeto. Quiero deseo, quiero atropello, quiero vergüenza…David, ¡Quiero juventud!”.

Todavía estoy pensando en un “bon mot”, y no se me ocurre ninguno.

Una vez escuché a Joan Rivers decir que después de los cincuenta uno se vuelve invisible. A no ser que un un hombre gay pase seis días a la semana en el gimnasio y no coma nada mas que almendras y lechuga, esa sentencia le llega a los cuarenta.

Hace unos días, atrapado por seis horas en un aeropuerto, encontré un alma gemela en las páginas de “I Feel Bad About My Neck (And Other Thoughts About Being a Woman), el último libro de Nora Ephron.
Nora, que fue la guionista de dos de mis películas favoritas, “When Harry Met Sally” y “Sleepless in Seattle”, tiene sesenta y tantos años (entrar en detalles a estas alturas es de mal gusto), y entre sus maridos tuvo a Carl Bernstein, el periodista de “Watergate” que, si uno cree todo lo que dice Nora en su novela “Heartburn”, gastó toda su gasolina ética en su vida profesional sin dejar una gota para la personal.

Nora se siente mal sobre su cuello. Yo no soporto mi estómago.
Nora se está quedando ciega. Yo no puedo manejar de noche sin lentes.
Nora ha aprendido que una mujer nunca debe casarse con un hombre del que no quiera estar divorciada y que los muebles jamás deben estar cubiertos por nada que no sea mas o menos beige.
Yo he aprendido que los ex pueden ser amigos y que hasta el mas ocioso de los gatos puede destrozar un sofá.

Gay, 46 y Woman, 60 something….separados al nacer.

Wednesday, June 6, 2007

Miss Journalist (Confesiones de Amor)

Si mi caprichoso corazón hubiera querido otra cosa y no palpitara tan decididamente por David, lo mas probable es que, tarde o temprano, habría terminado enamorado de una periodista.

Y posiblemente de una periodista chilena.

Aunque en mi curso de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile el atractivo de mis colegas no era obvio a primera vista, todo cambió cuando Elizabeth Subercaseaux llegó a reemplazar a Verónica López, que había partido a Washington a mitad de semestre, como profesora de un seminario llamado “Revistas y Empresa”.

Elizabeth- que un par de años después me llevó a “Cosas” y que hasta hoy es una de mis mas queridas hadas madrinas- no tenia nada que ver con las mujeres que había conocido hasta entonces. El primer día de clases apareció con una pollera café hasta la rodilla, botas de montar, un sweater negro de cuello alto, un collar dorado y el mejor corte de pelo que ví en la década de los ochenta. (Liso, con chasquilla y hasta los hombros).
Esta mujer, a la que fácilmente podía imaginar en las oficinas de “Vogue”, sacó una grabadora de su cartera, apretó “play”, y todo el curso quedó hipnotizado con el sonido de los disparos que la semana anterior nuestra flamante profesora había grabado mientras cubría un nuevo golpe de Estado en Bolivia. (En esos tiempos había uno cada quince días).
La imagen de esta Jane Bond desafiando peligros en una exótica ciudad latinoamericana despertó de inmediato mi curiosidad. había encontrado una nueva heroína, y, a diferencia de las anteriores, esta no pasaba sus noches en algún nightclub de Nueva York o Paris, sino en el mundo real, con dictadores y guerrilleros. Y aun así, mantenía un perfecto corte de pelo.

Mi llegada a “Cosas” en 1983 confirmó mis sospechas de que el periodismo era territorio de amazonas. Aunque el editor general era hombre, la revista estaba controlada casi exclusivamente por mujeres.
Margarita Serrano era la periodista de economía, un área fría donde ella, astutamente, entraba armada con una sonrisa irresistible y la calidez de sus ojos claros. Malú Sierra era la madre tierra, mucho antes de que la madre tierra se pusiera de moda. Raquel Correa tenia una mirada que en algunas ocasiones podía resultar aterradora, pero que no alcanzaba a ocultar un corazón sorprendentemente vulnerable. Angélica Arndt era la “Alexis Carrington” del grupo, apareciendo siempre atrasada en las reuniones de pauta –“!El jardinero se enfermó!”-, envuelta en capas y fedoras, y luciendo joyas que hacían que la reunión se detuviera por una buena media hora para admirarlas. Y Patricia Moscoso y Soledad Miranda, que hoy es mi editora, me parecían la encarnación del movimiento feminista que habían heredado de la década anterior.

Sobre todas ellas, por supuesto, estaba Mónica Comandari, la directora.
What a crush!!
Cuando la conocí estaba, como la mayoría de los alumnos en práctica por esos días, en el piso recortando periódicos cuando de pronto ví unas piernas bien torneadas a mi lado que me preguntaban, ¿Y tú quién eres?
Les di mi nombre.
“Yo soy Mónica Comandari”, dijo entonces Mónica, “Y dicen que tengo las mejores piernas de Chile”.
El romance, al menos por mi lado, fue inmediato y dura hasta hoy.

Con los años, mi convicción de que las periodistas son una casta especial quedó ampliamente confirmada.
Andrea Lagos escondía su mente de genio detrás de unos vestiditos tan frágiles y ligeros que hasta un gay convencido, como yo, estaba obligado a prestar atención.
Paula Coddou sigue siendo mi rubia (natural) favorita, la heredera de un lugar que hasta su aparición estaba ocupado por Carole Lombard. Si no hubiera estado casada- y si yo hubiera nacido con otra ecuación de X’s e Y’s,- quizás habría terminado una noche en su puerta, borracho como una aceituna en un vaso de Martini, rogándole amor, igual como lo hice en alguna ocasión con un malvado rubio.
De Jimena Villegas me enamoré el día que cambió sus tradicionales pantalones y sweaters por un coqueto vestido y perlas, solo para acompañarme a una aburrida fiesta familiar,. ¡Como la amé!.
Karen Poniachik, que llegó a la revista a hacer la práctica con esa determinación que solo los primeros del curso tienen, pudo haberme conquistado fácilmente con su asombrosa inteligencia. Pero no fue su capacidad para nombrar, de corrido y de memoria, los países africanos y sus capitales lo que me sedujo, sino las carcajadas que lanzaba cada vez que imaginábamos los zapatos, las joyas, vestidos y sombreros que usaría para llegar a alguna cita a la Moneda. Who Knew!

Mi última conquistadora fue Andrea Palet, a la que conocí- como se conoce la gente por estos días- a través del email cuando aceptó publicar mi novela. La he visto solo dos veces en persona, pero el flechazo es genuino. La mente es una herramienta de seducción eficaz, pero cuando viene acompañada de corazón es irresistible.

With love, sincerely

Manuel

God is not great, Mr. Hitchens, but you are

Durante años he mantenido un “crush” silencioso y a la distancia con Christopher Hitchens, el periodista inglés radicado en Washington que, a pesar de vivir envuelto en una nube de tabaco y alcohol, posee una de las mentes mas claras y brillantes que conozca. Su libro sobre la Madre Teresa de Calcuta, “The Missionary Position”, es, partiendo por su titulo, una daga punzante, irreverente y divertida al corazón de esa mujer con aspiraciones de Santa que, según Chris, usó la pobreza de sus fieles y su bien publicitada caridad como peldaños para alcanzar su propia fama y poder. (La posición misionaria, para quienes no estén enterados, es una conocida posición sexual). Mientras mantuvo silencio frente a los piedrazos que cientos de mujeres enfrentan en India cada día por pecados como la infidelidad o el sexo sin matrimonio- la mayoría dados por sus propios familiares-, la Madre Teresa no tuvo problemas en aparecer frente a las cámaras para defender a su amiga, la Princesa Diana de Gales, en circunstancias similares...Pero eso es otra historia.

El último libro de Chris- ¿Puedo llamarte Chris?- es “God is not Great” (Dios no es Grande), y lleva un certero y adecuado epígrafe que dice: “La religión lo envenena todo’.
Como cualquiera que haya enfrentado fanatismos religiosos de Belfast a Karachi sabe, este es un veneno que no tiene antídotos fáciles.
¿Cómo puede uno, después de todo, razonar con un mártir dispuesto a envolverse en dinamita y detonarse en medio del metro a cambio de un paraíso repleto de vírgenes? ¿Cómo discutir las ventajas de los anticonceptivos con un miembro del Opus Dei convencido que el sexo no tiene otro objetivo que la concepción? ¿Cómo convencer de los derechos gay a un pastor que siente que Dios le ha dicho, de primera mano y en secreto, que la homosexualidad es inhumana y aberrante?

Hasta ahora, mi párrafo favorito en “God is not Great” (aun no he terminado el libro) esta en la página 23. Es ahí donde Chris hace un análisis comparado de todas las vírgenes, un personaje misógino que parece repetirse en cada religión.

La católica Virgen Maria quedó embarazada del Espíritu Santo que, para efectos prácticos y artísticos, es frecuentemente encarnado por una paloma blanca.

El semidiós griego Perseo nació cuando el Dios Júpiter bañó a la virgen Danaë con una ducha de oro.

Budha nació de la costilla de su madre.

Caclitus, la hechicera azteca, atrapó una bola de plumas del cielo, la escondió en su escote, y concibió al Dios Huitzilopochtli.

La virgen Nana comió la fruta de un árbol regado con la sangre de Agdestris, la puso en su escote (un útero popular cuando se trata de religión), y dio a luz al dios Attis.

La hija virgen de un rey Mongol despertó una noche envuelta en una brillante luz, lo que la llevó a concebir a Genghis Khan.

Khrisna nació de la virgen Devaka, Horus de la virgen Asís, Mercurio de la virgen Maia, y Rómulo de la virgen Rhea Sylvia.

Who believes in this stuff?

Como fanático de leyendas y cuentos de hadas, no dejo de apreciar la imaginación de estas historias. Pero el asunto es menos divertido cuando en algún lugar del mundo algún Papa, Rabino, Pastor, Mullah, Jihadista, Ayatollah o Gurú decide que, siguiendo los designios de Dios, cualquiera que no cumpla sus leyes está condenado a las penas del infierno. Y no hay mayor infierno que la furia de un santón.

Como dice Chris, “Dios no creó al hombre. El hombre creó a Dios”.

Tuesday, June 5, 2007

Bayly on the Rocks

Aqui una entrevista con Jaime Bayly, a quien admiro y adoro, y que nunca fue publicada.

JAIME BAYLY


Después de diez libros, centenares de crónicas, columnas y artículos, e incontables apariciones en televisión y entrevistas, Jaime Bayly continúa siendo un misterio. El escritor peruano usa su ironía como una espada y su pluma como un escudo en esa guerra de escándalos que ha sido su carrera, y cuando sus lectores- que no son pocos- piensan que ya lo han descubierto todo sobre él y que secretos no le quedan, pues bien, Bayly abre una nueva puerta que hasta entonces nadie había visto ni imaginado y hace pasar a todos a un nuevo campo de batalla. “No se lo Digas a Nadie”, su primera novela, no mantuvo la promesa de su titulo, se convirtió en la comidilla del mundo literario latinoamericano y una sinopsis de los temas y obsesiones que desde entonces se han convertido en sus constantes. La opresión de la burguesía limeña donde creció, el dolor que le produjeron las garras del Opus Dei, los flirteos con las drogas, los romances inconvenientes y la bisexualidad, lo han acompañado novela tras novela, creando, como ocurre solo con los grandes escritores- o los muy insistentes- un universo propio fácilmente reconocible. Su fama de “enfant terrible” ha aumentado con los anos. Después de su matrimonio con su ex-mujer, Sandra, que vive en Perú y con la que tiene dos hijas, Bayly se instaló en Miami y actualmente mantiene una relación con el periodista y escritor argentino Luis Corbacho. “Mi Amado Mr. B”, se llamó el “Roman a Clèf” que Corbacho escribió hace poco mas de un año, revelando el romance entre un joven periodista y un célebre y egocéntrico escritor que, considerando el titulo de la novela y la identidad de su autor, todos reconocieron como Bayly. “Cuando la leí, me reí mucho y amé más a Luis, a pesar de que hizo un retrato bastante crudo y demoledor de mí”, dice Bayly, “Pero sentí que no podía haberme retratado de otra manera y que era de una justicia poética que por fin alguien hiciera conmigo lo que yo había hecho con tantos y tantos amantes y amigos y enemigos, es decir recrear sus vidas sin compasión en la literatura”.
-¿Te parece que cine y literatura son buenos compañeros?
-Sí, claro, son amantes, amantes apasionados, aunque a veces, la mayor parte de las veces, son amantes infieles, amantes traicioneros, algo que, por lo demás, está en la naturaleza misma de los amantes.
-Si algún día hicieran la película de tu vida, ¿Cuál seria el titulo? ¿Quién seria el director perfecto? ¿Quién te interpretaría?
-“Las mujeres que hay en mí”, dirigida por Sophia Coppola y actuada por el chico que hace de Harry Potter (algunos de mis amigos más dipsómanos me dicen Harry Potter).
-¿Qué te mueve a escribir?
-La rabia, el desasosiego, la infelicidad que siento cuando no escribo.
-El periodista Jorge Ramos dijo una vez que había que ser muy valiente para escribir libros como los tuyos. ¿Estás de acuerdo?
-Jorge dice esas cosas excesivas porque es un amigo generoso al que aprecio y admiro mucho. Yo no soy valiente, soy muy cobarde. El coraje no ha sido nunca una de mis virtudes. Yo sólo he sido lunático, imprudente, kamikaze. No me interesa la aventura de estar vivo sin la excitación deliciosa de correr riesgos creativos y personales.
-¿Qué has perdido y qué has ganado revelándote tanto en tus libros?
-He perdido por completo la buena reputación y el sentido mínimo del decoro, si es que los tenía, cosa harto discutible. He perdido ciertos amigos, ciertos amantes, el afecto de ciertos parientes. He ganado una carrera literaria. He ganado algunos premios menores. He ganado la tranquila satisfacción de haber hecho con mi vida lo que en verdad quería. He ganado algunos amigos mejores que los que perdí y algún amante infinitamente mejor que todos los amantes que perdí.
-Tus novelas a veces parecen intentos de despercudirte de los demonios de tu niñez y tu adolescencia. ¿Las sientes así?
-Sí, absolutamente. Cada novela es una catarsis, un viaje peligroso al corazón de uno mismo, una montaña rusa de emociones encontradas. Cuando termino, siento que he perdido un pedazo de vida en ese viaje vertiginoso y brutal y, al mismo tiempo, que he renacido, que he salido purificado y fortalecido de ese descenso a los infiernos.
-De todas ellas, ¿Cuál es la que mejor refleja tu propia existencia?
-“Yo amo a mi mami”, porque recrea el mundo contradictorio y feliz de mi infancia, de mis afectos, de mis dos familias, la biológica y la de los sentimientos.
-Tu creciste en medio de una familia burguesa, católica, latinoamericana. ¿Que te queda de esa herencia?
-Nada o casi nada. No veo a mis padres ni hablo con ellos hace años. Es una pena, pero son del Opus Dei y tienen por eso una mirada homofóbica que nos ha impedido querernos bien, respetar nuestras diferencias sin lastimarnos. Yo soy agnóstico y creo que la religión católica, como todas las religiones, es profundamente intolerante, machista, homofóbica y antiliberal. Yo creo en la libertad personal y me niego a vivir mi vida intimidado por una determinada religión.
-Cuando miras el ambiente en que creciste, ¿Qué te parece lo peor?
Lo peor fue sin duda sentir que papá no me quería, que se avergonzaba de tenerme como hijo mayor.
-¿Y lo mejor?
-Lo mejor fue sin duda vivir en la casa tan linda que tenían mis padres. A menudo vuelvo a ella en mis sueños y soy extrañamente feliz. Cuántas veces he soñado que compraba esa casa y volvía a vivir en ella y me reencontraba con el jardinero, con la cocinera, con ese mundo maravilloso que se fue y no volverá.
-¿Cuándo comenzaste a mostrar tus primeros signos de rebeldía?
-A los trece años, cuando me escapaba de la casa de mis padres y del colegio. Me escapé tres veces de casa de mis padres y muchas del colegio. No fueron fugas menores. Una de ellas fue minuciosamente planeada y ejecutada: robé una joya de mamá, la vendí o malvendí y pasé un mes inolvidable en hoteles de Lima, hasta que me encontró un detective contratado por papá. Me parece que todo eso ocurrió porque no podía tolerar más ciertos agravios, ciertas humillaciones.
-¿Cuál fue tu relación con la Iglesia Católica cuando estabas creciendo?
-De niño era muy religioso, mi madre me llevaba a clubes del Opus Dei, a misa todos los domingos, me decía que tal vez yo iba a ser cura, que debía oír la voz de Dios en mi corazón. Ahora soy agnóstico, salvo cuando estoy en un avión en una zona de alta turbulencia.
-Tu has dicho que no eres un romántico ¿Lo fuiste alguna vez?
-No, no he sido nunca una persona romántica. Nunca me han gustado las canciones inflamadas de amor o las personas aturdidas o idiotizadas por el amor o la idea convencional del amor en la que hemos sido educados, es decir que uno no puede alcanzar una cierta felicidad a solas, que la felicidad está siempre en otra persona más o menos elusiva, en la vida en pareja, en dormir con esa persona y mirarla embobado media vida. Yo no creo en eso. Soy bastante egoísta, me gusta estar solo, me parece cursi y penosa esa tradición tan nuestra que consiste en cantar a gritos que sin ti la vida no es nada, que cuando te fuiste mi vida se arruinó, que yo soy un inservible o un parásito o un bobo llorón si tú no estás, que si no vuelves me mataré. Yo creo que la vida es mucho más divertida cuando tu amante te deja o no está, porque así tú puedes hacer lo que de verdad te viene en gana. Pero la gente le tiene miedo a la libertad.
-¿El amor, o como quieras llamarlo, que sentiste por tu mujer, es igual al que sientes por Luis?
-No, es muy distinto. A Sandra la amé mucho, pero fue un amor tremendo, suicida, desgarrador, al borde siempre del abismo. Creo que ella sufrió mucho conmigo y me enseñó una forma de amor que yo no conocía y, sabiendo quién era yo y cuáles eran mis debilidades, se atrevió a darme dos hijas maravillosas, y por eso la amaré siempre. A Luis lo he amado y lo amo de una manera más traviesa y tranquila, menos dramática, más libre, pero sobre todo más serena.
- ¿Cual crees que es el más falso de los mitos sobre ti?
-Hay dos ideas sobre mí que son falsas pero que sin embargo me halagan y divierten mucho. La primera es que soy un adicto al sexo. Todo lo contrario: mi vida sexual es tan intensa como la de una planta o una amoeba. Y la segunda es que soy frívolo y glamoroso. Me encantaría serlo, pero la verdad es que casi no hago vida social, no me interesan las fiestas, evito sistemáticamente a la gente feliz, uso todos los días la misma ropa vieja y ahuecada de hace años, me aburre comprar ropa o cosas de lujo y me encanta usar ropa vieja y pasada de moda.
-A diferencia de tantos escritores, tu pareces disfrutar las cámaras de televisión ¿Te parecen un buen medio para promocionar tu literatura?
-Me encanta la tele. Me gusta verla pero más me gusta meterme en ella. Warhol decía eso: alguna gente piensa que la tele se ha inventado para mirarla, otros pensamos que se ha inventado para meternos en ella. Los escritores son muy mentirosos en esto, porque hablan mal de la tele, pero se pasan la vida viendo tele a escondidas y cuando los invitan a la tele, saltan de alegría y van corriendo a hacerse los serios intelectuales. Yo he aprendido más de la vida (y ciertamente me he reído más) viendo los Simpson que leyendo a Carpentier.
-En novelas aparentemente tan cercanas a tu realidad, ¿Cómo evitas cruzar la línea entre la honestidad y el exhibicionismo?
-He cruzado esa línea en casi todas las líneas que he escrito, pero no me arrepiento, porque todo escritor es un exhibicionista más o menos impúdico que baila con las palabras y hace strip tease frente a sus lectores.
-El éxito que has tenido, ¿Te hace más fácil o más difícil empezar una nueva novela?
-No sé si he tenido éxito. Para mí el verdadero éxito consiste en dormir diez horas diarias y esto es algo que no hago a menudo. El éxito es un malentendido, y la frase no es mía. Siempre es difícil comenzar una nueva novela, pero mentiría si dijera que ahora es más difícil que antes: creo que fue mucho más duro escribir “No se lo digas a nadie”, mi primera novela, porque sentía que estaba caminando sobre una cuerda floja, entre rascacielos, sin redes que me sostuvieran si me caía, y sabía que iba a caerme, que estaba cayéndome.
-Y hablando de éxito, ¿Cómo manejas la vanidad?
-Lo mejor es hablar mal de uno mismo. Cuando alguien habla mal de mí, yo inmediatamente coincido con esa persona y le doy toda la razón y celebro su buen gusto. Eso ahorra muchos disgustos y muchas discusiones inútiles. No hay nada más conveniente que tener una mala reputación, y la frase tampoco es mía. Es un estrés pasarse media vida defendiéndose o tratando de demostrar que uno es bueno o virtuoso. La vanidad es por eso un lastre del cual es bueno deshacerse. Nadie es tan importante, al final te mueres y nadie o casi nadie se acuerda de ti.
-La gente se ha acostumbrado a saborear tus “bon mots” y el aire de escándalo que te rodea a ti y tu trabajo. ¿Se te hace una responsabilidad complacerlos?
-Sí, es tremendo, es una responsabilidad agobiante, el peso abrumador de ser siempre irreverente, de decir alguna insolencia suave, de provocar un nuevo escándalo. Y lo que de verdad me escandaliza es que tantas personas se escandalicen con las boberías que escribo y digo por ahí. En Latinoamérica no hace falta mucho talento para escandalizar a las beatas y los santurrones, sólo hace falta un poco de sentido del humor.
-¿Estas de acuerdo con Truman Capote en que “Toda literatura es chisme”? ¿Son todos los escritores unos chismosos?
-Sí, claro, Truman lo supo mejor que nadie, y yo por eso de joven llevaba una foto suya en mi billetera y un día mamá la encontró y pensó que ese señor con sombrero, tan apuesto, de mirada de tan inquietante y herida, era mi amante. Todos los escritores somos chismosos, vanidosos, mentirosos, egomaníanos, niños malcriados, malas personas, gente en la que no se debe confiar. Pero sabiendo todo eso, tiene un encanto irresistible ser amigo de un escritor escandaloso y contarle entre susurros tus pecadillos más inconfesables y rogarle que nunca escriba de ellos sabiendo en el fondo de tu alma torturada que nada te haría más feliz que leerlos en alguna novela suya.
-Cuando te encuentras con alguien que no ha leído tus libros y te pregunta de que se tratan, ¿Qué contestas?
-Es una pregunta atroz, imposible de responder. Pero, si me apuran, miento y digo que tratan sobre el amor.
-¿Estás trabajando en alguna nueva novela? ¿Cuál?
-Estoy empezando a conspirar una novela. Para mí una novela es un complot, una emboscada, un plan de ataque, robo masivo y fuga. La novela perfecta es aquella en la que no te toman prisionero ni pierdes la vida y te llevas el botín y luego lo celebras con tu amante en Río (aunque Buenos Aires tampoco está mal).

Toxic Waste



WARNING: NO TRESPASSING

Esta historia ha sido eliminada por su alto contenido toxico y de contaminacion.

Por favor visite el resto de
www.medioensilencio.blogspot.com

Monday, June 4, 2007

Medio en Silencio recomendamos en Paris

La nueva boutique de Dries Van Noten en el 7 Quai de Malaquais
El Hotel L' Amour, en Pigalle, de los mismos propietarios del ultra hip club "Le Baron".
El restaurant del Palais du Tokyo.

Sunday, June 3, 2007

Golden Girls

Llueve torrencialmente sobre Miami

Dorothy: Pueden creer esta lluvia?

Blanche (romantica y nostalgica): La lluvia me recuerda mi primer beso de amor.


Dorothy: Tu primer beso de amor fue bajo la lluvia?


Blanche: No, fue en la ducha.

a medio is born

Bienvenidos a Medio en Silencio, que ha nacido con forceps a las 5:04 de la tarde del domingo 3 de Junio en Nueva York, producto de una conversacion con amigos y dos Mimosas en el brunch .
(Mimosa: tres cuartos de champagne, uno de jugo de naranja)
Aqui cabe todo lo que no cabe en los tres medios para los que colaboro, o que, aunque cabe, no tiene espacio porque no es comercial, ofende a los avisadores, es demasiado gay, demasiado serio, demasiado frivolo, demasiado elitista o, a ultima hora, ha sido reemplazado por otra entrevista con otra estrellita de 'reality'.