Tuesday, September 11, 2007

Fashion Week: Sexy, Crazy, American Heatherette

Para ti, J.








Fotos@ Manuel Santelices

Fashion Week: Custo Barcelona





Fotos@Manuel Santelices

Fashion Week: Chez Carolina Herrera...

En este dia de tantas tragedias, algo para levantar el espiritu...







Fotos@Manuel Santelices

Monday, September 10, 2007

Fashion Week: Backstage with the Hiltons



Si usted no ha visitado nunca el backstage de un desfile de modas durante la fashion Week de Nueva York, prepárese a encontrar a treinta modelos colgadas de sus celulares y blackberries, dos docenas de fotógrafos, un ejercito de estilististas y peluqueros, cuatro productoras al borde del ataque de nervios, un chihuahua, dos Yorkies, cinco cajas de Veuve Clicquot, un maquillador inglés que responde al nombre de “Kabuki” y una “porn star”.

Ese fue al menos el ambiente en el backstage de “Nicholai”, la nueva línea diseñada por Nicky Hilton – sí, la hermana menor de Paris- que se presentó anoche durante la semana de la moda en Bryant Park. Gracias a una invitacion de M.A.C Cosmetics, Medio en Silencio estuvo ahi.

Mientras Isabeli Fontana, con su hijo en los brazos y la reputación de ser una de las mas apetecidas modelos de “Victoria’s Secret”sobre sus hombros, revisaba sus mensajes en su celular al mismo tiempo que un maquillador y dos peluqueros jugaban con ella como si fuera una Barbie viviente, los padres de la diseñadora, Rick y Kathy Hilton, se abrían paso por la muchedumbre.

Alguien les preguntó cuál era el consejo que le habían dado a su hija en esta noche tan especial. Kathy, que es la que habla en esta pareja- Rick solo sonríe, sin importar las circunstancias-, aseguró entonces que su consejo era el mismo para todos sus hijos: “Trabajen duro y trabajen bien’.

Paris, aparentemente, ha seguido esta lección al pie de la letra, convirtiendo su mala conducta, sus mil y un romances, y hasta sus infracciones de tránsito, en una fructífera carrera que la tiene siempre ocupada y en las primeras paginas de la prensa.

Nicky, a su lado, parece la seria. Y aparte de un fugaz matrimonio en las Vegas hace unos años, su conducta ha sido siempre ejemplar.

Para una Hilton, al menos.

La severa ética laboral del clan y los desesperados esfuerzos de Kathy por salvar los últimos retazos de ese estropajo que es la dignidad familiar, quedaron por el piso cuando, de pronto, Jenna Jameson hizo su aparición para saludar a su amiga Nicky.

Jenna Jameson, en caso que no esté enterado, es la estrella porno mas famosa del mundo, la protagonista de filmes como “Up and Cummers” o “Like a Geyser”, y la autora de “Como Hacer el Amor Como una Porn Star”, su autobiografía que ocupó durante largos meses los primeros lugares en la lista de Best Sellers de The New York Times.

Mírela por la espalda, y verá un tatuaje que parte a las alturas de sus nalgas y termina en su nuca. Mírela de frente, y se encontrará un escote se abre como una “V” desde su ombligo.

En cuanto la vio, y en la forma mas diplomática posible, Kathy tomó a su marido de la mano y ambos desaparecieron rápidamente.

Es imposible no imaginarse a esta matriarca despertando en algún momento en la noche preguntandose, ¿Por qué yo?.

Jenna llegó acompañada de Brandon Davis, el nieto del magnate de Hollywood Marvin Davis, que saltó a la fama internacional llamando “firecrotch”- un término que un sitio familiar como Medio en Silencio se niega a traducir- a Linsay Lohan después de una noche de juerga en Los Angeles.

La colección de Nicky- minúsculos shorts, perfectos tops (si uno trabaja como hostess en algún hotel de Las Vegas)- pasaron a segundo lugar en medio de esta explosión de tabloide.

¿Dónde esta Paris?, ¿Dónde esta Paris?, preguntaron todos durante la noche.

Paris estaba en los MTV Video Music Awards, en Las Vegas. Quizás para no opacar a su hermana, prefirió mantenerse lejos y observar, en cambio, a ese piano lanzado de un sexto piso que fue Britney Spears y su show.

Just another day with the Hiltons.








All photos @ Manuel Santelices

Thursday, September 6, 2007

It's Fashion Week!!



Como dice Candace Bushnell en los primeros párrafos de “Lipstick Jungle”, la excitación se siente en el aire en los primeros días de Septiembre en Nueva York, cuando un centenar de editores, modelos, fotógrafos y diseñadores se reúne en las carpas blancas de Bryant Park para celebrar una nueva Fashion Week.



La semana comenzó con los desfiles de Nautica, BCBG, Erin Fetherson, la fiesta que Tommy Hilfiger ofreció en el MoMa para lanzar su nuevo libro “Iconic America”, la que Diana Von Furstemberg organizó para Nina- Project Runway- García, y la conferencia de prensa de Calvin Klein como celebración de 25 años de sus “underwear models’. La legendaria campaña tiene esta temporada a Djimon Hounsou en “undies” por todo Manhattan.

Photos @ Getty

Wednesday, August 29, 2007

Those Blue Eyes


La última vez que alguien coqueteó conmigo fue el 3 de noviembre del 2006. Sé que es la fecha exacta, porque la anoté en mi calendario.

Yo estaba con mi amigo A en “Schiller’s”, un bistro en el Lower East Side, listo para ordenar mi Steak & Eggs y una copa de Mimosa, cuando me encontré con los coquetos ojos azules y la blanca y amplia sonrisa del mozo.

Mi primera reacción, obviamente, fue de desagrado.

“Esta gente está dispuesta a cualquier cosa por una buena propina”, pensé, considerando mis 46 años y mi cabeza llena de canas.

Pero las sonrisas y miradas continuaron durante todo el almuerzo, e incluso después que dejé el estricto 20% de propina sobre la mesa, el mozo me siguió con sus ojos celestiales hasta la puerta.

A estas alturas no es lo común. Y aunque el episodio, quizás, debería haber alimentado mi ego, lo único que sentí fue nostalgia.

I was adored once.

A veces camino por Williamsburg o Nolita, y veo a esos vendedores/ diseñadores, camareros/actores, cuidadores de perros/ músicos que, inevitablemente, me recuerdan esos días en que mi pelo llegaba hasta los hombros, usaba camisas “small” sin problemas y podía comer un tarro completo de Häagen Dazs sin despertar a la mañana siguiente con un estómago similar al de una mujer con cinco meses de embarazo.

Los jeans talla 28, los cigarrillos fumados a escondidas en la vereda, las carcajadas lanzadas a pito de nada, y hasta esos pequeños departamentos en un quinto piso sin ascensor calentados por un radiador que sonaba como la turbina de un 767, me parecen, a veces, románticos.

Hubo un tiempo en que no necesitaba ocho horas de sueño.

Vendía ropa de once a ocho en Barneys, luego comía una ensalada, trabajaba hasta la medianoche haciendo traducciones y escribiendo artículos para revistas, me daba una ducha, fumaba un cigarro, y salía a la una a buscar aventuras en Manhattan.

A las nueve de la mañana del día siguiente despertaba, solo Dios sabe cómo, listo para empezar un nuevo día.

Cuando pienso en esa época, no pienso en la bacanal de vodka & tonics, el constante tambor que agitaba la pista de baile en “Crowbar”, “Sugar Babies’ o “Pyramid”, y ni siquiera en los ojos de ese DJ en “Tunnel” que me obligaba a acarrear 12 cajas de discos antes de terminar en su departamento, de madrugada, en Alphabet City.

En lo que pienso, es en la libertad.

Durante mas de una década, nunca se me ocurrió que podía enfermarme, que quizás no tendría dinero para la renta o que debía ahorrar para mi jubilación.
La vida era un campo abierto de posibilidades, y, como Alicia, me sumergí en ese país de las maravillas que es Nueva York con el entusiasmo y despreocupación de un adolescente.

Y entonces llegó la madurez.

Soy un afortunado. Tengo alguien a mi lado que adoro y que me adora. Vivo en un lugar hermoso y cómodo. Tengo amigos, a mis padres, mi hermana, mis sobrinos y mis gatos. Y aun así, de vez en cuando, sueño con un par de ojos claros que no prometen nada mas que irresponsabilidad, juventud y diversión.

Friday, August 24, 2007

The Perfect Mrs. X



“Tu problema”, me dijo una vez un terapeuta, “es que esperas demasiado de la vida. Esa es la receta perfecta para una existencia llena de desilusiones”.

Dicho esto, me dio un abrazo, un beso y terminó la relación de dos años que llevábamos.

Me quedé sin novio, sin terapeuta y con una extraña sensación de culpabilidad. El que no supiera aceptar sus infidelidades ni sus rabietas era una muestra clara de que era yo el que había puesto, equivocadamente, la vara demasiado alta en nuestro romance.

Con el tiempo y los años aprendí mi lección.
Ahora no espero llamados en mi cumpleaños ni una fiesta memorable para el año nuevo. No espero que nadie me felicite por un trabajo bien hecho, ni aumentos de sueldo, cartas románticas o préstamos sin interés.
Ni siquiera espero que mis gatos se lancen a abrazarme solo porque soy yo el que los alimenta con comida orgánica “grado humano” de “Wellness”, a $1.25 el tarro.

Pero si hay algo en lo que no he aprendido a transar, es en esas elegantes comedias de Hollywood.

Me bastó leer, por ejemplo, que Meryl Streep había aceptado el papel de Miranda Priestley en “The Devil Wears Prada” para que la ansiedad comenzara a corroerme de inmediato. La urgencia de ver esa película se hizo por momentos casi insoportable, y solo fue aliviada cuando, gracias Dios y a 20th Century Fox, fui invitado al screening de prensa dos semanas antes de que el Diablo llegara a los cines.

En esa ocasión, todas mis expectativas fueron cumplidas.
Meryl fue el mejor demonio que pude haber imaginado.

“That’s all”.

Cuando hace unos meses me enteré que estaban filmando “The Nanny Diaries”, volví a sentir una sensación parecida.

Aunque el libro no me pareció especialmente fascinante, mi corazón es débil cuando la historia trata de dos enemigas luchando en las trincheras de Park Avenue y la calle 72. ¿Qué importa un cliché mas, cuando la villana está vestida en Oscar de la Renta? ¿El final es predecible? Bueno, lo mismo podría decirse de ‘Ana Karenina”, “El Gran Gatsby” o cualquier cuento de Dickens.

En historias como “The Nanny Diaries” o “The Devil Wears Prada”, mis simpatías nunca están del lado de la heroína.
Son las malas, no las buenas, las que me conmueven. Y fue así desde que vi mi primera teleserie venezolana a los siete u ocho años, sentado a dos centímetros de mi televisor.

Es una deficiencia hereditaria, supongo, y sin antídotos.

Cuando supe que el papel de la malvada en “The Nanny Diaries”- Mrs. X- había terminado en manos de Laura Linney sentí la misma sensación que me produce un Vodka & Tonic demasiado aguado: rabia, tristeza, y ese inconsolable dolor de saber que una magnifica oportunidad ha sido perdida.

Laura Linney es una estupenda actriz, sin duda, pero sus mejores papeles – “The Squid and the Whale”, “You Can Count on Me”, “Kinsey”- son los de la mujer sufrida que debe conformarse con las circunstancias que le tocó vivir y seguir adelante, aunque sea cojeando, vestida en algun modelito de Laura Ashley de segunda mano.

¿Qué puede saber Laura- pensé- sobre una mujer que obliga a su hijo a celebrar su séptimo cumpleaños en francés y que llora porque sus Manolo Blahnik no están correctamente organizados por color en su walking closet?

“The Nanny Diaries” es una terrible película, créanme. Scarlett Johansson, como la nanny, tiene el encanto de una máquina lavadora en “spin mode” y ni siquiera el penthouse de Mrs. X y su familia es TAN espectacular.

Pero Laura Linney…

Cuando aparece por primera vez en la pantalla- en un abrigo de pitón de Dior y lentes oscuros en medio de Central Park- uno espera que la cámara sea compasiva con la audiencia y no la abandone nunca mas.

Desde el perfecto rubio conseguido a $500 dólares en el salón de Frederick Fekkai hasta la punta de sus Christian Louboutins, Laura es la perfecta socialite (of a certain age) del Upper East Side.
Nina Griscom, Joanne de Guardiola y Cece Kieselstein-Cord deberían demandarla por derecho de autor, porque todo, desde la fotogénica y falsa sonrisa hasta la cartera de cocodrilo colgada del hombro como una metralleta, parece haber sido robado del repertorio de esas reinas de Madison Avenue.

La neurosis de la perfección es tan palpable en Laura, que es imposible no rogar que las peonias estén frescas en el “drawing room” y las sábanas bien planchadas en su dormitorio, porque, de otro modo, esta mujer puede tener un ataque de pánico ahí mismo, frente a nuestros encandilados ojos.

Su desesperada lucha para mantener en medio del caos el mundo que conoce y que controla es conmovedor

He visto, y en ocasiones conocido, mujeres como Mrs. X. Mujeres que viven un mundo pequeño y perfumado, con cojines de seda perfectamente inflados sobre su cama, un perro que recibe mas atenciones que sus niños, y que pueden pasar días y meses planeando una comida. Vaya al segundo piso de Bergdorf Goodman- o, mejor aun, al restaurant de esa exclusiva tienda- y ahí las verá, meditando concentradas frente al menú, como si decidir entre la “Lobster Salad’ o la “Club Salad” fuera asunto de vida o muerte.

Y por lo mismo, porque para el resto de nosotros ese universo parece tan distante y ridículo, es fácil reírse de ellas.

Pero cada uno tiene su afán. Y yo, que soy incapaz de mantener un closet en orden o poner dos flores en un florero, me saco el sombrero- si lo tuviera- frente a aquellas que viven condenadas a crear un mundo perfecto.

Si en un principio pensé que Susan Sarandon, Nicole Kidman o Catherine Zeta- Jones habrían sido mas adecuadas para el papel de Mrs. X, ahora me muerdo la lengua

Perdón, Ms. Laura Linney. You are the perfect Mrs. X.

Wednesday, August 22, 2007

A black, sad, chic day




Solo Dios sabe cuando la muerte tocará mi puerta. Pero para cuando ese momento llegue, quiero estar preparado.

Ha llegado la hora de planear mi funeral.

Lo primero es elegir el sitio adecuado. Y, considerando los veinte cigarrillos que fumo al día y los dos martinis antes de comida todas las noches, he llegado a la conclusión que el estadio Olímpico de Beijing, diseñado por Herzog & De Meuron, está fuera de discusión.

No estará listo hasta el 2008. Sorry, too late.

Mi plan B tiene contemplados la basílica de San Pedro en El Vaticano, el Taj Majhal en India, y “The Box” en el Lower East Side de Nueva York, un club pequeño, privado, pero que reúne los dos requisitos básicos para mi funeral: una sección VIP y un sexy portero.

Dependiendo del presupuesto, me gustaría que el lugar fuera decorado, en orden descendente, por:

1-Jean Paul Goude
2- Hedi Slimani
3- Grace Coddington
4- Julian Schnabel

El ambiente del “memorial”, que debe reflejar la estética de mi vida, será un homenaje al “middle class chic circa 1983”, con sillas “mid-century” de Michael Graves mezcladas con calas y claveles en floreros “faux-baccarat” y televisores “Sony Trinitron” repartidos por todas partes que transmitirán durante todo el sepelio imágenes de mi existencia.

Como en los Oscar, los invitados al funeral tendrán un estricto orden de llegada a la Black Carpet.

Mis ex compañeros de colegio, mi contador y mi profesora de acordeón llegarán primero, ocupando los últimos sitios en el “seat assigment”.
Luego vendrán mis compañeros de trabajo, editores y familiares distantes, que llevarán en sus cuellos una credencial clase B en amarillo- restricted access- , y que tendrán que firmar, 48 horas antes, un contrato de confidencialidad que les impedirá hablar sobre el evento con la prensa. (Nota to Security: mi tía Nena está incluida en esta lista).

Inmediatamente después- solo diez minutos antes de que todas las campanas de la ciudad elegida comiencen a sonar- entrarán las celebridades.
Mis queridos amigos que algo de fama tienen tendrán que abrirse paso por una larga lista de “guest stars” que incluirá- presupuesto mediante- a Gonzalo Valenzuela y Juanita Viale, Benjamín Vicuña y Pampita, el ministro Andrés Velasco y Consuelo Saavedra, y Celine Reymond.
Si el 5 resulta ser el numero de suerte esta semana en la loteria de Nueva York, preparen sus camaras para Posh & Becks.

Finalmente aparecerá mi familia, toda vestida- gracias a un canje de COSAS- con trajes de Thom Browne para ellos y severos vestidos negros de Balenciaga (by Nicolas Ghesquiere) para ellas.

De acuerdo a conversaciones con mi florista, si nos desprendemos de 10,000 claveles, quizás, y solo quizás, podríamos costear a Cecilia Bolocco para que haga la eulogia.

¿No seria maravilloso escucharla decir… “Sin lugar a dudas, su presencia en este mundo no pasó inadvertida. Más aún... hoy su ausencia todavía nos llama”?

La música, como cualquiera que haya visto una película de Taylor Hackford o Merchant Ivory sabe, es fundamental en un funeral. Y el mío, no señor, no va a defraudar a nadie en esas aguas.

Aunque en un principio sentí que “I Will Survive” de Gloria Gaynor seria el soundtrack ideal para la homilía, mi sacerdote y mi encargado de relaciones públicas me han convencido de que una canción sobre la supervivencia no es la mas adecuada para un funeral.
En cambio, hemos decidido que Mahler o Bach serian perfectos para cuando una docena de modelos Abercrombie & Fitch entren acarreando mi ataúd de caoba por la nave central del templo.

Será un momento solemne y glamoroso, coronado por la prédica de Monseñor Goerg Gänswein, el atractivo secretario privado del Papa Benedicto XVI que hace algún tiempo sirvió como inspiración para la colección masculina de Donatella Versace, y que, en esta ocasión, dedicará sus comprensivas palabras hacia aquellos que, como el Papa y yo, supieron apreciar la belleza de Prada.

No quiero ser enterrado. Quiero ser incinerado. Y si es posible, me gustaría que mis huesos se convirtieran en cenizas en la chimenea del cuarto piso de la mansión de Ralph Lauren en Madison Avenue y la calle 72.
Todo el lugar huele a gardenias, y hay millones de cojines en cashsmere y chinchilla donde un fantasma flojo y dormilón, como yo, podría pasar una eternidad.

El resto será repartido- de acuerdo a las instrucciones que le di a mi abogado- en Londres, Tokio, Paris, Santiago y St. Barts.

Y si alguna vez siente un suspiro en su oreja mientras abre la puerta de su suite en el Ritz, no se asuste. Soy yo.

Friday, August 17, 2007

Barneys New York



(Publicada originalmente en www.mylifeintheftrain.blogspot.com)

Años atrás, cuando recién me mudé a Manhattan, conseguí un trabajo como “sales associate” en el apenas inaugurado Barneys New York en Madison Avenue.
No era un trabajo. Era un sueño hecho realidad.
“Tienes tanta suerte”, me dijeron un par de amigas periodistas cuando vieron la enorme sonrisa que tenia en mi cara cuando les di la noticia, “!Quedas contento con cualquier trabajo!”.

¡Cualquier trabajo!

Yo también era periodista, es cierto, pero desde que vine a Nueva York por primera vez de vacaciones, a mediados de los 80’s, mi única ambición era ser uno de esos vendedores en “Rue du Rèves”, “Parachute” o “Comme des Garçons, las super chic tiendas del entonces bohemio SoHo. Altos y delgados, parecían magnificas criaturas flotando entre colgadores y colgadores de bellísima ropa negra con etiquetas europeas o japonesas, los habitantes de un universo de sofisticada perfección.

Ahora, pensé, era uno de ellos.

El nuevo Barneys fue creado como una catedral de la moda por Gene Pressman, heredero del negocio familiar, y Peter Marino, su arquitecto. De los pisos de mármol a los acuarios llenos de peces exóticos en el quinto piso, la tienda parecía el set perfecto para la extravagante bonanza económica de los 90’s, el campo de "shopping" favorito de las hermanas Miller y una generación completa de estrellas de Hollywood.

La inauguración de la tienda ocupó la portada de New York Magazine y The New York Times.

Despues de una entrevista con tres managers, quedé asignado al tercer piso en el departamento femenino, también conocido como “Avant Garde Designers”. Nuestra tarea, como vendedores, era convencer a nuestras clientas que una falda de Dolce de $800 o un vestido de Aläia de $1,600 eran, básicamente, una buena inversión.

Mi primera cliente fue Farrah Fawcett.

Déjenme contarles un poco sobre mi.
Crecí en una familia de clase media en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet. No teníamos libertad, pero teníamos “Charlie’s Angels”.

Volvamos a Farrah.

Llegó con su esperada cara de desorientación. Llevaba puesta el tipo de ropa que las chilenas usan cuando están cuidado a sus niños en la casa, un enorme polerón sobre una gigantesca pollera gitana acompañada de simples zapatillas. Sin joyas.
Su pelo- su célebre pelo- tenía ese reconocible corte y teñido “strawberry blond” que había visto tantas veces en las historias de “What was she thinking?” de los tabloides.

-Necesito algo de ropa- me dijo- ¿Puede ayudarme?

Por supuesto que podía ayudarla- pensé, saboreando desde ya mi cheque de comisión.

Aunque no estaba en el mejor de sus días, Farrah resultó ser una cliente exigente. Nada satisfizo sus altos estándares. ¿Un top de Miyake? Demasiado revelador. ¿Una falda de Donna Karan? Demasiado apretada. Una chaqueta de Viviente Westwood?... ¿Está loco?
Se probó todo lo que había en mi sección. Y también se probó todo lo que en encontré en el tercer, quinto y sexto piso, pero no importó si se trataba de un perfecto traje de Jil Sander o un jean de Diesel, nada iluminó la ampolleta del estilo de Farrah.

Finalmente, después de tres horas de “Hmm, It’s not really me”, llegó a la conclusión de que necesitaba consultarlo con su mamá.

Si, su mamá.

“Vuelvo en un par de horas. Mi mamá necesita ver estas cosas”, me dijo mientras me entregaba una tonelada de ropa, “Por favor guárdelas para mi”.

Estoy seguro que todavía están colgando en el “celebrity closet” de Barneys.

Trabaje ahí durante tres años. Le vendí un traje de Vivienne Westwood a Madonna y un abrigo de cuero de Martin Margiela a Diane Keaton. Sostuve un cenicero para Farah Dibah- la única persona que vi fumar en la tienda en todo ese tiempo- y ayudé a Eva Herzigova a cerrar su “brassiere”.
Liz Hurley y Hugh Grant llegaron a Barneys para recibir su dosis de Aläia y, mientras Liz se probaba unos sexies modelos, Hugh se quedó dormido en una silla con su gorro de béisbol sobre los ojos.

Gwyneth y Brad, Tom y Nicole, e incluso O.J. Simpson y Nicole Brown aparecieron en Barneys tomados de la mano y besándose tiernamente. Y si usted hubiera podido verlos juntos discutiendo el arco de una sandalia de Manolo Blahnik o las ventajas de una chaqueta cruzada de Armani, habría pensado que, de verdad, el amor existe.

“No hagan un alboroto con las celebridades”, nos habían advertido los supervisores durante nuestro entrenamiento como vendedores, “Trátenlos bien, como a cualquier cliente”.

Vaya usted y trate de hacer eso mientras ayuda a Meg Ryan a probarse un jumper de Yoshi Yamamoto.

Meg, en la cúspide de los gloriosos días de “You’ve Got Mail”, era una de esas celebridades que prefieren no ser molestadas. Llegaba a Barneys escondida bajo su melena rubia y unos pequeñísimos lentes de sol, elegía un par de prendas, se las probaba, pagaba por ellas, y se iba sin decir una palabra. Ni una.

“Us Weekly” tiene razón cuando dice que las estrellas son como nosotros.
Ellas también compran un vestido de $2,500 de Vera Wang, lo lucen en alguna fiesta o premiere, se fotografían con él, y lo devuelven al día siguiente todavía oliendo a perfume y champagne.
También, como nosotros, se quejan de lo aburrida que es su vida. “Me encanta este vestido”, dijo una vez Daryl Hannah mientras admiraba un modelo negro y largo de Aläia, “ ¿Pero dónde voy a usarlo?”.
Y, por supuesto, también detestan pagar precios altos. “ ¿Cuánto cuesta esa pulsera de Hermès? ¿$12,0000? Jamás pagaría una suma como esa…”, se quejó una vez Bette Midler.

Todo el asunto era muy “Upstairs, Downstairs”. Uno bajaba al subterráneo, almorzaba en una habitación oscura y sin ventanas conocida como “la cafetería”- ¡Qué celosos estábamos del ‘employee lounge’ de Bergdorf Goodman, con sus increíbles vistas del Central Park!- fumaba un cigarro, alegaba por el precio del arriendo, y regresaba arriba a vender una bufanda de seda de Dries Van Noten de $750.

Inspirados por el descuidado consumo de sus clientes- y aprovechando un conveniente descuento para empleados- los vendedores de Barneys se vestían cada día como si fueran camino a la primera fila de un desfile en Fashion Week.
La mayor parte de lo que se ganaba en Barneys se gastaba en Barneys, y no era raro ver a fabulosas vendedoras en el departamento de zapatos o lingerie, vestidas en Michael Kors de pies a cabeza, buscando desesperadas un par monedas en sus billeteras para pagar el metro.

¡Pero qué importaba! Uno siempre puede caminar a su casa.

La gente dice que los vendedores de Barneys son pesados, fríos y snob. Y, a veces, lo son.
Pero trabajando ahí, es fácil darse cuenta que esto no se debe a un síndrome de alta moda, sino a un puro, simple y claro aburrimiento.
Trate de pasar ocho horas de pie en un día de verano en Barneys, rodeado de ropa en descuento y sin un cliente a la vista- o, peor aun, solo con clientes que buscan lo último del “sale’- y vea como su espíritu y buen humor comienzan rápidamente a derrumbarse.

Usted también ladraría.

Por otra parte, la relación con los clientes a veces se hacía demasiado amistosa. Como cuando la “especialista” en Donna Karan recibió flores y una invitación a salir de parte de una conocida cantante lesbiana (las flores fueron aceptadas. La invitación no). O cuando un entusiasta vendedor del departamento de hombres decidió extender nuestra política de “customer service” a la romántica intimidad del probador.
Sus ventas eran enormes, pero igual fue despedido.

Después de tres años, la magia y fantasía de Madison Avenue comenzó a perder su encanto y renuncié. Mi manager me ofreció un puesto “part time”, dos días a la semana a cargo de la boutique de Hermès en el tercer piso.

Acepté.

Si “Avant Garde Designers” era un mundo extraño, la boutique de Hermès era una lujosa y extravagante casa de locos.

La madura señora a cargo- a la que debía reemplazar en sus días de salida- era un dulce y suave tiburón que protegía su territorio con la ferocidad de un patrulla fronterizo.
Tenia la costumbre de esconder la mercancía mas cara- las carteras Birkin en cocodrilo de $17,000, las escasas bufandas “Butterfly”- en los lugares mas inesperados, rogando que yo no la vendiera y que los clientes interesados regresaran cuando ella estuviera ahí.
Mi primera tarea por la mañana era revisar detrás de las cortinas y debajo de los basureros a ver si encontraba mercancía disponible.

Las Hermèshólicas llamaban desde Hong Kong o Amman buscando la cartera Kelly de trece centímetros en cuero de cerdo en “baby blue”, y yo- desesperado por una venta en un sitio donde las ventas no abundaban- prometía devolverles el llamado en cuanto encontrara una huincha de medir.
Esta gente sabia de qué estaba hablando y era difícil seguirles el paso.

Un día, mientras hablaba por teléfono con un amigo – eso es lo que hacia la mayor parte del tiempo; largas, relajadas conversaciones telefónicas con amigos- vi a Faye Dunaway salir del ascensor y dirigirse directamente hacia mi.

“Tengo que cortar. Faye Dunaway viene en camino”- le dije a mi amigo.

Faye, obviamente, estaba en su día de descanso.
Llevaba puestos un par de pantalones que parecían de pijama. Y una polera. Y el pañuelo en su cabeza no era suficientemente grande como para ocultar los tubos en su pelo.

-No tengo mucho tiempo- informó- necesito la bufanda “Circus” en café y amarillo.

Algo que usted debe saber si algún día se encuentra detrás de un mostrador en Hermès, es que, mas menos, hay aproximadamente 300 estilos diferentes en su bandeja de bufandas.

No tenia la menor idea a que se refería Faye.

Saqué la bandeja y comencé a extender bufandas. Apareció la bufanda “Music”, la bufanda “Vintage Cars”, la bufanda “Greek Mythology”, la bufanda “Exotic Birds”, y cada una de ellas venia en diferentes colores.

Faye comenzó a golpear sus dedos sobre el mostrador de cristal.

-¿Y?

La idea de que estaba haciendo perder el tiempo a la ganadora del Oscar que convirtió el incesto en una leyenda en Hollywood era insoportable.

-No la encuentro- dije aterrado.

-Bueno, ¿Está o NO a cargo de este lugar?- preguntó impaciente.

-Déme un minuto.

Las bufandas siguieron apareciendo: “Explorers of the World”, “Legends of Hollywood”, “Paris Belle Epoque”, “Tigers and Lions”, pero nada que tuviera siquiera un lejano parecido al “Circus” que buscaba.

Para cuando terminé de revisar las bufandas, Faye ya había partido. Seguramente a juzgar a las concursantes de “The Starlet”, el “reality show” donde la vi poco después.

Barneys todavía es mi tienda favorita en Nueva York.
A veces, cuando estoy ahí, reconozco alguna cara familiar. Nos saludamos a lo lejos con un movimiento de cabeza, un signo de complicidad por los viejos tiempos que nos tocó vivir.
Pero en su mayoría, el lugar está lleno de nuevos vendedores. Gente joven, bonita y delgada con tatoos y piercings. Gente que gasta $300 en un corte de pelo y $10 en su comida, que lava a mano sus poleras de $150, que vive en un departamento compartido en Bushwick, y que ayuda a crear esa fantasía neoyorquina de que, sin importar las circunstancias, nada le hará mejor a su vida que una tarde en Barneys.

Thursday, August 9, 2007

Divina, Demente, Diana



Sin ánimo de ser irrespetuoso, y con ocasión del décimo aniversario de su muerte, he decidido que es el momento adecuado para celebrar la magnífica locura de la desaparecida Princesa Diana de Gales.

Como prueban desde Enrique VIII a Isabella Blow, Inglaterra no es un país que haya sufrido jamás escasez de patologías mentales, pero Diana, con su rampante bipolaridad, sus tendencias suicidas, su descarada vanidad y su insufrible necesidad de atención, dejó, sin dudas, la vara alta para las próximas generaciones.

Los signos de cables sueltos son abundantes.

Una mujer cuerda jamás criticaría a su suegra en público, si la suegra es la Reina de Inglaterra.
Una mujer cuerda lanzaría a su marido escaleras abajo para llamar su atención, no se lanzaría ella, como hizo la princesa con tres meses de embarazo.
Y cualquier mujer cuerda, seamos honestos, preferiría cerrar sus ojos y aguantar el trago amargo de una infidelidad antes de perder una corona. Ahí esta Hillary, todavía haciendo gárgaras con agua de mentas, pero a solo dos pasos del Salón Oval.

Pero Diana no es Hillary. No señor.

Con la misma convicción de esas mujeres que anuncian la segunda llegada del Salvador mientras arreglan el macetero que llevan en la cabeza y pintan con lipstick los labios del gato callejero que las acompaña, Diana se lanzó a las calles a anunciar sus tragedias conyugales sin detenerse un minuto a pensar qué estaba haciendo. “!Mi reino por una portada!” aulló, y los editores de Fleet Street aullaron de vuelta, todos enamorados como coyotes a medianoche.

El de la princesa y la prensa fue un amor profundo, genuino y de largo plazo; Orpheus y Euryrice de fines del siglo veinte, ella descendiendo a ese infierno que es la portada de “The Sun” y ellos siguiéndole sus pasos sin liras, pero con las manos llenas de cámaras.

Un amor real. Un amor de locos.

No tengo un doctorado en psiquiatría de la Universidad de Heilderberg, pero el best seller de Tina Brown, “The Diana Chronicles”, parece confirmar mi diagnóstico de que la princesa estaba total e irremediablemente cu-cú.

Entre otras cosas, Tina cuenta que la princesa, enamorada del doctor pakistaní Hasnat Khan, hizo todo lo posible para adaptarse a las costumbres de una esposa musulmana. Mientras Hasnat pasaba las tardes de sábado frente al televisor viendo partidos de fútbol y tomando cerveza, Diana, la Princesa de Pueblo, la madre del futuro Rey, la musa de Versace, pasaba la aspiradora, hacia la cama y limpiaba los platos mientras entonaba la melodía de “Crazy for You”. Lejos de lamentarse de su aburrido romance, Diana, poniendo una guinda en la torta de su demencia, le decía a sus amigas : “Finalmente he encontrado mi paz”.

Llámenme frívolo, pero todo el asunto me huele a Open Door.

Es triste pensar que la temprana muerte de Diana nos privó de las enormes posibilidades que una mujer enajenada y famosa puede ofrecer. ¡Cuantos disparates no cumplidos! Cuantos chascarros que nunca llegarán a You Tube.

Siempre he tenido debilidad por los modelitos imperfectos del Diseño Inteligente, y solo pensar en una Diana envejecida, de ojos saltones y risa histérica, sentada-¿atada?- en una silla de Westminster durante la coronación de William, entibia mi corazón.
“Ya mi Princesa, cómase su papita”, le diría fiel y compasivo su mayordomo, Paul Burell, sentado a su lado en la Catedral mientras- dando un guiño cómplice a Carlos y Camilla- le embute un puré de manzanas aliñado con 10 miligramos de Xanax y 5 de Valium en la boca.

Pero Diana ya no está con nosotros sino en los cielos, saltando de nube en nube con ángeles y querubines, poniendo flores en su pelo, posando para cámaras inexistentes y contestado preguntas que nadie ha hecho.

“God, I’m ready for my close up!”

Friday, August 3, 2007

The Main (Literary) Event


Ahora que después de largas semanas de trabajo finalmente terminé la tercera página de mi próxima novela, ha llegado el momento mas importante del proceso creativo para cualquier escritor: planear el lanzamiento y estrategia de marketing.

Es importante crear “hype” y expectación meses antes de la publicación, me dice mi publicista, y por lo mismo hemos decidido crear un sitio en MySpace donde, como ha hecho con tanta inteligencia Pablo Illanes en losamantescanibales.blogspot.com, podré compartir con mis potenciales lectores las fuentes de inspiración que nutren mi nueva obra.
Ahí podré comentar sobre las películas de mi vida, parafraseando a Alberto Fuguet, y explicar como “The Women”, “Pretty Woman’, “My Fair Lady’, “Four Weddings and a Funeral” y “My Best Friend’s Wedding” han servido como inagotable pozo de ideas para mi novela.
Considerando el éxito de Pablo y que, según me dicen, la violencia esta de moda en la televisión chilena, he decidido que uno de los personajes- una top model checa que sueña con encontrar al príncipe azul en Manhattan- será también una caníbal.
Eso le da un cierto “je ne se qua” peligroso a mi romantic comedy.

Siguiendo lo pasos de J.K. Rowling- una escritora que definitivamente merece que sus pasos sean seguidos- he llegado a la conclusión de que el príncipe azul debe ser azul. Un mutante (nice tie-in with X-Man) con superpoderes, posiblemente interpretado en la versión cinematográfica de mi libro por Matthew Goode, también conocido como “the new Hugh Grant”.
El mutante asiste a una escuela de mutantes en un mundo mágico y extraordinario, no muy distinto al Hogwarts School of Witchcraft and Wizardry de Harry Potter, donde debe aprender los secretos de cómo sobrevivir en el Manhattan del siglo 21 sin que su secreto sea descubierto, cosa nada de fácil si uno es azul.

Ya solucionaré ese problema en los próximos capítulos.

Incorporar lo “increíble” en mi novela, me advierte mi publicista, abre un enorme campo de posibilidades, incluyendo personajes que lucirían estupendamente en cajas de McDonalds y- knock, knock, golpeo madera- una película dirigida por Alfonso Cuarón.

Igual como sucedió con “Snakes in a Plane”, mi sitio en MySpace me permite descubrir que desean mis potenciales lectores antes de finalizar mi producto- el término profesionalmente aceptable para un libro en el mercado editorial- e ir adaptándome sus requerimientos. Eso, aparte de asegurar un mínimo de ventas, me da ciertas luces sobre hacia dónde debo seguir con la historia, qué tipo de portada seria mas comercialmente atractiva y qué personajes deben ser devorados por la top model checa caníbal porque, simplemente, no ‘conectan” con el mercado.

Es un ahorro considerable de genio y energía.

Creo que también es el momento de comenzar a planear entrevistas con la prensa, y, al menos en Chile, mi primer objetivo es ser entrevistado, obviamente, en la revista de Libros de El Mercurio.

Igual que Pablo Simonetti esta semana, podría enfrentarme a las preguntas de Maria Teresa Cárdenas bajo un titulo irresistiblemente seductor. Pablo apareció con “El ego es un animal voraz e insaciable’. Yo sugeriría, para mi propia entrevista, “El sexo es un animal voraz e insaciable”, porque, como cualquier periodista de El Mercurio sabrá, el sexo vende.
He estado practicando, pero mi propio discurso no resulta tan elocuente como el de Pablo, así que he decidido pedir prestadas algunas de sus frases y expresiones para promocionar mi propio libro. Así, hablaré de la “matriz sicológica” de mis personajes (eso ocuparía dos revistas completas cuando se trata de una modelo caníbal y un príncipe mutante), de cómo la historia “comanda el registro” de mis protagonistas, y de la “falacia formal” que es la estructura lineal en una novela.
Así como Pablo dice que le gustaría ser el hijo literario de Sommerset Maugham, Graham Greene y E. M. Forster, yo diría que me gustaría ser el hijo adoptivo de Jackie Collins y Danielle Steele.

El lanzamiento del libro, me sugiere mi publicista, debería estar marcado por una serie de lecturas y presentaciones personales en diversas librerías importantes alrededor del mundo. En Estados Unidos, Barnes & Noble y Wal- Mart (¿quién habría pensando que uno puede comprar papel comfort y Jane Austen en el mismo sitio?).
En Chile, obviamente, seria en la Feria Chilena del Libro de El Golf. Para atraer a la prensa, hemos concluido, seria bueno involucrar celebridades locales que leyeran pasajes del libro y posaran conmigo para las fotos de vida social.
Ya estamos en conversaciones con Rocío Marengo y el Ministro de Hacienda Andrés Velasco.

No olvide reservar su ejemplar de “La Top Model Checa Canibal y su Príncipe Azul” (Working Title) en las mejores librerías del país.

Friday, July 27, 2007

The Suburban Chronicles


Si usted no ha pasado una noche de sábado con cinco mujeres sesentonas judías en una “comunidad para mayores” en un suburbio de New Jersey, así es mas o menos como suena.

-“Larry Zucker se casó…”- dirá una.
-“ ¿Se casó? Yo pensé que estaba muerto…”- dirá otra.
-“No, el que murió fue Morty, su hermano…”- explicará una tercera.
-“ ¿Morty, el médico?”.
-“…Un ataque al corazón. En Florida…”.
-“Nunca he ido a un Bar Mitzvah como el del nieto de Morty. Gastaron fortunas, FORTUNAS, en el buffet. ¡Salmón, herring, roast beef…! Trajeron los bagels especialmente desde Brooklyn…delicioso”.
-“ ¿No era su mujer parapléjica?”- preguntará una.
-“Esa fue su segunda mujer…”.
- “No, la primera…”, explicará otra, “La segunda era azafata. Rubia, pechos enormes, una shiksa”.
-“ ¿Ella heredó el condo en Boca?”
-“No, el condo quedó para la tercera mujer…”
-“ ¿Y que pasó con la shiksa?”
-“!Se casó con Larry!”.

No hay una enfermedad, divorcio, “sale” en el mall o receta de “brisket” que quede ausente de la conversación, y por lo mismo es fácil pensar que la existencia de estas mujeres ha estado siempre cubierta por el filtro del aburrimiento y el privilegio suburbano,
Eso, hasta que cerca de las nueve de la noche comienzan a aparecer otras historias, cuando ya han pasado unas buenas tres horas desde la comida- reservación a las seis de la tarde, “short ribs & potatoes” en el Club House- y la botella de whisky va en la mitad.

Ni Michael Cunningham podría haber imaginado historias como estas.

Partamos diciendo que en el grupo hay una pareja, Donna y Esther, que llevan siete años juntas y enamoradas. Las dos estuvieron casadas durante décadas, tienen hijos y hasta que se conocieron jamás sintieron la necesidad o el interés de compartir su cama con Doris, Selma o Debbie.

“Mi marido era un amor, un hombre buenísimo, pero no estaba nunca en la casa. Y cuando estaba, no nos hablábamos”, dijo Donna, explicando las razones de su divorcio, “Viajaba todo el tiempo, se quedaba hasta las diez de la noche en la oficina…Yo hacia mi vida y no le importaba. Ni siquiera le importó cuando supo que tenia un amante”

-¿Tuviste un amante?-, pregunté, curioso.

“Si, Bob Weinsten. El DOCTOR Bob Weinstein, mi ginecólogo. Fuimos amantes durante 16 años; todo el pueblo lo sabia, y mi marido nunca me dijo nada”.

-¿No te pegó su mujer en un restaurant?- preguntó la anfitriona de la noche, que las conocía a todas desde 1968.

-“No me pegó. Me quebró un vaso en la cabeza. Fue un escándalo….Y aun así, mi marido no dijo nada”.

Cuando Donna decidió finalmente separarse después de 32 años de matrimonio, no fue por Bob, que también estaba casado, sino por Esther. “Espere a que mis niños partieran al college. Fui a la oficina de mi marido- el único lugar donde podía encontrarlo- y le dije que quería divorciarme. Me dijo que si, y no me preguntó nada mas. Ese era su estilo. Cuando después lo hablé con mis hijos, me dijeron ‘ ¿Por qué esperaste tanto tiempo?’”.

“Yo sufrí el problema opuesto con mi marido”, dijo Esther, llenando una vez mas su vaso de Whisky.

-“Tu marido era el hombre mas hermoso del pueblo”, comentó Sandra, otra de las presentes.

“Si, el mas hermoso, pero también el mas aburrido. Todo el día tirado en el sofá, viendo televisión. No me dejaba nunca sola”, se quejó Esther.

-“Los hombres heterosexuales son todos un desastre”- dijo entonces Lisa, la cuarta del grupo, desatando un suspiro general. “Un desastre. No hay uno que valga la pena’.

-“Don era distinto”, explicó Esther.

-¿Don?- preguntó alguien.

-“Si, mi amante. Estuvimos 12 años juntos…”

-¡¿Pasaste de Don a Donna?!- estalló Lisa, divertida.

Dando un sorbo a su vaso, Esther continuó su historia. “Nos juntábamos en las tardes en un hotel en Ocean Grove, o nos íbamos algún fin de semana a Boston. Yo le decía a mi marido que iba a ver a mi hermana a New York…Fueron años maravillosos…hasta que quedé embarazada”.

-Oh, boy- dijo Lisa- ¿Qué hiciste?

-“Un aborto. Fui a la clínica y le dije a mi doctor que estaba embarazada y que quería abortar. Quedamos de hacerlo un martes a las once de la mañana.
Ese día le dije a mi marido que iba a una visita de rutina al médico y que regresaría en la tarde. Pero cuando estaba recuperándome la enfermera lo llamó y, sin avisarme, le dijo que el aborto había salido bien y que fuera a buscarme porque no era bueno que me fuera manejando sola hasta la casa”.

-Oh, boy- repitió Lisa.

-“Le dije que la enfermera se había confundido, que la paciente anterior se había sometido a un aborto, no yo…”.

-¿Te creyó?- pregunte.

-No se si me creyó. Pero no me dijo nada.

-Bueno, podría haber sido hijo suyo- dijo Sandra.

-No, no había ninguna posibilidad. Don se había hecho una vasectomía cinco años antes.

-Oh, boy.

-“Cómo me hubiera gustado tener un hijo con Karen”- dijo entonces Sandra, nostálgica.

Sandra era, sin duda, la mas bonita del grupo. Intensos ojos azules, el pelo rubio corto y bien peinado, fabulosos pómulos y una figura que, incluso a estas alturas, atraía miradas en el Club House.

A los 17 años se casó con el hombre ideal- al menos para su familia. “Había ido al college, estaba en el ejército, tenia su propia casa en Brooklyn…Mi mama no podía creer mi suerte”, contó esa noche, “Yo no estaba enamorada, pero sentí que era lo que tenia que hacer. En esos años, si no estabas casada antes de los 23 eras una solterona”.

El matrimonio duró 24 años que, por lo que contó Sandra esa noche, tuvieron la horrorosa calma que muestra un volcán antes de la erupción. “Hasta que conocí a Karen, nunca supe lo que era un orgasmo. Mi marido no estaba mas enamorado de mi que yo de él; y en ese sentido éramos la pareja perfecta. Dos zombies compartiendo una casa’.

Sandra conoció a Karen unos años después de su divorcio, cuando ambas bordeaban la cuarentena. “Fue el amor de mi vida…Todavía no puedo creer que no esté conmigo”.

Karen murió de cáncer el 2003.

Al día siguiente todas se dirigieron al Club House para el “brunch” dominical, y ahí se encontraron con Sarah e Irving, Flory y Manny, Sheilah, Doris y Eloise, y comentaron los bien que se veía Rose después de su operación de cadera.
Con sus platos repletos de huevos benedictinos, melón cortado y ensalada de betarragas con cebollas rojas, se sentaron junto a sus amigos en una enorme mesa y, mientras bebían sus mimosas, abrieron la conversación.

-“ ¿Supieron que Larry Zucker se casó…?”.

Monday, July 23, 2007

The Lady is a Tramp



A las tres de la tarde de un día miércoles, cuatro mujeres permanecen sentadas en la terraza de “Cipriani”, en el Soho de Nueva York, bebiendo el cuarto Bellini del día y observando sin interés la ensalada de mozarella y tomates y el carpaccio de ostiones que constituye su “lunch”, un ritual diario de cuatro horas que no es mas que una excusa para matar el tiempo que queda entre las sesiones de bronceado y peluquería de la mañana y el “shopping” de la tarde. Las cuatro llevan el pelo largo y las faldas cortas, y hablan en un idioma indescifrable que salta del español al italiano y del inglés al francés sin usar siquiera un punto o una coma. Están cubiertas de aros y colgajos “bohemian chic”, anillos y relojes de Bulgari y Harry Winston y a sus pies decansan dos carteras Hermès, una Fendi y un bolso de paja comprado en un reciente viaje a Grecia. No hay un hombre que pase por su lado que no les dirija una mirada, y ellas, alegres y burbujeantes como el champagne, responden el halago con sonrisas y susurros. La mesa recibe mas audiencias que el Papa en el Vaticano, y la larga lista de actores, modelos, atletas y magnates que llega a presentar sus respetos es inevitablemente recibido con abrazos, dos besos- uno en cada mejilla- y una lluvia de cariñosos sobrenombres; “Honey”, “Baby”, “Sweetheart”, “Darling”, “Sugar” y “Sweetie”. Entre ellos, siempre hay alguno que se ofrece a pagar la cuenta. Y la oferta es siempre aceptada, porque, como dice la celebre canción de Frank Sinatra, estas “ladies” son unas “tramps”.
Las “tramps” son aquellas mujeres que pasan sus diciembres en Gstaad o Aspen, sus eneros en Saint Tropez, sus febreros en St. Barts, sus mayos en el Festival de Cannes, sus julios y agostos en Capri o East Hampton, y el resto del año en Nueva York, Milán, Londres, París o donde sea que esté instalado el yate de un buen amigo, el penthouse de un “ex-novio” o el jet privado de un potencial amante.
En restaurantes o clubs, las “tramps” nunca hacen la fila, esperan en la puerta o pagan la cuenta. Cuando después de una noche de Dom Perignon o Cristal aparece el mozo con el infame papelito, ellas se disculpan sonriendo y, con un guiño de ojos a sus amigas, todas desaparecen rumbo al baño hasta que el peligro haya pasado.
Candace Bushnell, la autora de “Sex & The City” conoce bien a las “tramps” de Nueva York. En su libro “4 Blonds” escribió sobre una de ellas, una modelo de “lingerie” que cada verano elige a su novio dependiendo del tamaño de su casa en los Hamptons. Al final de la historia, ha visitado mas casas que un corredor de propiedades. Esto no es raro en mujeres que no tienen- ni necesitan- un hogar. La casa propia les parece un “ancla”, y en cambio mantienen pequeñas bodegas en París o Manhattan donde guardan sus impresionantes vestidos de Galliano o Stella McCartney y el abrigo de visón que les quedó de recuerdo después de una “relación” con algún magnate de Texas.
Las “tramps”, a diferencia de otras mas abajo en la escala del prestigio femenino, jamás cobran por su compañía. No señor, lo que ellas hacen es recibir “regalos”, pequeñas muestras de cariño o agradecimiento que pueden ir desde un brazalete de zafiros de Harry Winston a un mes de residencia en el “Hotel Costes” de París. El sexo, como todo lo demás, les parece motivo de “diversión”, no de trabajo.
Las “tramps” existen en todas partes, aunque con ciertas variaciones. En Latinoamérica son rubias, adictas al colágeno y la silicona, y muestran una alarmante preferencia por la lycra y los “tops” semitransparentes. Sin las posibilidades económicas de sus contrapartes americanas o europeas, las “tramps” del hemisferio sur comienzan sus carreras en la adolescencia, postulando a concursos de belleza organizados por alguna revista o bronceador, o agitando sus talentos en algún programa de trasnoche en la televisión. Su elección de pareja parece reducirse a tres tipos de hombres: el empresario casado, el hijo del empresario casado o el deportista.
Mientras las europeas viven felices la libertad que les da su soltería, las sudamericanas sueñan con el matrimonio. Un gran matrimonio. El matrimonio más grande que se haya visto en esas tierras, como el Susana Giménez o Cecilia Bolocco. Solo pensar en el anillo, el vestido de novia de Silvia Tcherassi o Ruben Campos, la catedral cubierta de flores y la luna de miel en Tahiti o las Maldivas, las hace llorar de emoción. Cuando el evento ocurre, ocupa la portada de alguna revista que compra “la exclusiva” y que dedica páginas y páginas a los novios y sus invitados. Y si por algún motivo no ocurre, la novia se las arregla para convertir la tragedia en un éxito y llega a los “talk shows” de la televisión a explicar las razones de su fracaso sentimental. Estas vienen siempre acompañadas de frases como “No era el momento”, “Tuvimos que ser fuertes” o, la favorita, “esto es un asunto que involucra mi intimidad, y de mi intimidad yo no hablo”. Dos semanas después, previo pago de una buena suma y dos pasajes en primera clase, la “tramp” aparece fotografiada en Miami o Punta del Este, en traje de baño por supuesto, bajo el titulo “Las razones de la ruptura’.
El matrimonio, aparte otorgar estabilidad emocional y financiera a cualquier “tramp” latinoamericana, les da un aire de orgullo y misión cumplida envidiables, el absoluto convencimiento de que todo el trabajo, las humillaciones y los comentarios de que fueron víctimas, valieron la pena. Esta es una carrera contra el tiempo, porque una “tramp” pasados los treinta ve sus posibilidades de éxito considerablemente disminuidas. A partir de entonces solo quedan dos alternativas, la “opinologia”- el arte de descuerar a otros famosos frente a las cámaras- o la política. De las dos, la política es siempre la más fácil, porque dedicarse a los jardines de una comuna o a la elaboración de leyes contra el abuso de menores en el congreso, nunca ha provocado anticuerpos en la prensa y el público. En la opinologia, en cambio, la “tramp” se ve obligada a nadar en un pequeño estanque lleno de tiburones, a vista y paciencia de miles de telespectadores, atacando en cuanto se le presenta la oportunidad y huyendo cada vez que algún secreto de su pasado- y secretos hay millones- amenaza con salir a la superficie.

Saturday, July 21, 2007

Posh & Becks




Hay muchas formas de desperdiciar una hora en la vida, pero pocas mas inútiles, vacías y tontas que sentándose frente al televisor para observar el reality “Victoria Beckham: Coming to America”, que la semana pasada se transmitió por la cadena NBC.

Perdí una hora que fácilmente podría haber dedicado a hacer pajaritos con trozos de papel comfort, estudiar las pecas entre los dedos de mis pies o tratar de dirigir un ojo a la derecha y otro a la izquierda simultaneamente, actividades que sin duda habrían resultado mas divertidas e intelectualmente estimulantes que seguir los pasos de “Posh’ mientras buscaba una nueva manicurista en L.A o trataba de conseguir una licencia de conducir.

Para esta mujer todo es “Major”. “This is a MAJOR house!”, dijo cuando llegó a la nueva mansión en Bel Air que ahora comparte con su marido, David Beckham (aunque la casa de $22 millones, 1,600 metros cuadrados y seis habitaciones quizás merece el adjetivo. It’s MAJOR!).

“This is a MAJOR change”, agregó después, hablando de su nueva vida. “This is a MAJOR lipstick, a MAJOR shoe, a MAJOR sandwich…”

She’s a MAJOR bore.

Uno solo puede imaginar sus conversaciones con su nueva mejor amiga, Katie Holmes, que desde su matrimonio con Tom Cruise se ha mostrado tan ingeniosa, divertida y aguda como paciente recien salida del quirofano despues de su segunda lobotomia.

Ping…Pong….Ping….Pong…Ping…..Pong….

Así, una tarde completa, sintiendo el sonido vacío de sus palabras rebotar en la privilegiada mesa de su celebridad.


La llegada de los Beckham también fue celebrada en las páginas de “W” que- igual como hizo con Brad Pitt y Angelina Jolie en los primeros días de su romance clandestino- puso a la pareja frente a la cámara de Steven Klein, los despojó de buena parte de su ropa, los lanzó a una cama y publicó el resultado del encuentro en un portafolio de 34 páginas que, para efectos de marketing, fue promocionado como “too hot to handle”.

-“Jamás. JAMAS, vería ese programa”, me dijo mi amiga Rose cuando hablamos del reality, “Tengo 70 años, y no pienso perder el poco tiempo que me queda en personas que no tienen ningún, NINGUN, interés…”.

-“¿No te dan curiosidad, Rose?".

-“Una taza de agua hervida me daría mas curiosidad”- dijo ella.

-Lo que no entiendo- continué- es que NBC haya desperdiciado una hora en algo tan tonto…

-¿Acaso no hiciste lo mismo?- concluyó ella.

MAJOR truth.

Thursday, July 19, 2007

Los Dulces Golpes de Bardem


Hace un tiempo entrevisté a Javier Bardem. Lo encontré tirado sobre un sofá en su suite del Hotel Regency en Park Avenue, promocionado, por esos días, “Mar Adentro”.
(Bardem acaba de estrenar "Goya's Ghost", dirigida por Milos Forman, en Estados Unidos)

-¿Te importa que me quede así?- me preguntó, con los ojos lánguidos mientras daba un nuevo sorbo a su café con hielo.

No, no me importaba nada que se quedara así.

No me importaba si se quedaba así hasta el fin de los días.

El ahí, en sus jeans y polera negra de los Rolling Stones. Y yo, grabadora en mano, sentando a su lado tratando de evitar que el corazón se me arrancara por la boca.

Aquí va parte de la conversación”.


-Tú siempre has sido muy político ¿Sientes que es tu responsabilidad como artista?
-Yo nunca he hablado como artista, sino como ciudadano. Lo que pasa es que, me guste o no, tengo una posición pública. Pero eso no es algo que pueda controlar. Lo uso a mi favor, pero no puedo evitar que suceda, porque las cámaras están siempre ahí para coger mi testimonio. Es algo que uso con cuidado, porque mucha gente puede pensar que hago un uso indebido de mi popularidad para hablar y autopromocionarme.

-¿Has tenido malas experiencias al respecto?
-Sí, pero me da igual. No doy ningún crédito a esos comentarios; me remito a mi derecho como ciudadano.

-¿Te interesa la política como carrera?
-No. Todos quienes han sido seducidos por el poder de la política, pierden un poco la ética y sobre todo el sentido de humanidad. Como ciudadano estoy exento de ese virus y puedo ver la política como debería ser, como una respuesta a una necesidad social. Usted, señor político, trabaja para mí y tiene que hacer lo que yo como ciudadano quiera, no al revés.

-Y hablando de carreras, ¿Cómo sientes tu romance con Hollywood?
-Pues lo siento como la relación de una noche. Si me están ofreciendo una buena diversión, un buen plan, voy y me acuesto con Hollywood.

-¿Qué es un buen plan para ti?
-Un buen personaje. No me dejo llevar por esa belleza o riqueza artística que todos le suponen a Hollywood. Eso es algo que ha ido decreciendo cada vez más. Es una industria que hace 500 películas al año y sólo 30 son buenas. ¿Qué pasa con las 470 restantes? ¿Qué están viendo los adolescentes que mueren en sus High Schools? Mierdas de películas, que ahora también copan todas las pantallas en Europa.
A la cultura hay que protegerla, y la cultura empieza con el lenguaje que es nuestro máximo tesoro. Como Aznar era el perrito faldero de Bush y todo lo que decía la Casa Blanca le encantaba, nunca se ocupó del cine, del teatro o la literatura.
Para mí, un hombre que no se preocupa de la cultura es un hombre sin corazón.

-¿Qué te sucede con la fama o el dinero que puede ofrecer Hollywood?
-A mí todavía no me ha dado ni una cosa ni la otra. Estados Unidos siempre ha sido muy hábil robando ideas de otras culturas, lo que trae cosas muy buenas, como la creación de una sociedad multi- étnica y plural, pero también otras muy malas como la falta de identidad, la conquista de otros pueblos, etc…Eso también sucede en Hollywood con los talentos y el cine. Dicen ¿Y éste que suena tanto, quién es? Para acá. ¿Cómo ganan a los actores europeos? Con cheques. ¿Cómo el actor se deja ganar? Con dinero.
Pero con eso no tengo ningún problema. El día que haya dinero iré a Hollywood, pero todavía no me lo han dado.
Y aparte del dinero también hay que pensar en otras cosas. ¿Quién es el que se levanta a las seis de la mañana para hacer un personaje? Yo. Y más vale que el personaje me guste, porque si no lo voy a pasar mal, porque tengo respeto hacia mi trabajo y porque después de filmar la película durante tres meses hay que pasar otros seis promocionándola. Esa es la lupa que uso para ver la letra en pequeño.

-Uno pensaría que con tanto éxito ahora tienes libertad para hacer lo que quieras…
-Esas son mentiras. Yo pertenezco a ese cinco por ciento de actores que trabajan en el mundo; hay un noventa y cinco por ciento que esta desempleado. Eso ya lo celebro. Pero si además tengo el honor de poder esperar por un buen papel- porque no soy millonario pero tengo una casa y eso ya es mucho en España- ¿Por qué no hacerlo? Ya esperé antes, y eso me llena mucho más que hacer cinco películas de corrido.

-¿La fama que tienes, especialmente en España, te hace más difícil la vida?
-Sí. Yo tengo un gran respeto por la profesión de actor. Mis abuelos eran actores. Los padres de mis abuelos también, en una época donde los actores ni siquiera tenían derecho a ser enterrados en un cementerio porque eran considerados putas y maricones.
Ese respeto lo pongo en mi trabajo, pero cuando no estoy trabajando, voy por la calle y soy un ciudadano más.
Prefiero perder un espectador que un minuto de mi vida. A veces, sobre todo en España donde la gente es muy impetuosa, llegan tipos, me cogen el brazo y me dicen ¡Hola Bardem!. Yo les digo que no me hablen, que no me molesten y me dejen en paz.
Esa persona, obviamente, nunca más a ir a ver una de mis películas, pero yo he ganado un minuto de mi vida.

-¿Y cómo es tu relación con la prensa?
-Hay una prensa repugnante, la prensa rosa, que debería ir a la cárcel. Es una práctica que esta denostando la profesión del periodista. Todo los medios periodísticos están saturados de ese tipo de información, e incluso profesionales muy serios han cedido al poder del rating. Es algo terrible y se ha llegado a niveles absurdos.

-¿Las celebridades no han colaborado en ese juego?
-Este es un pescado que se muerde la cola y todos somos responsables. Pero los máximos responsables son los directores de los medios, que dicen ‘bueno, quizás esto no es muy ético pero nos trae seis millones de espectadores’. El día que muera alguien, que alguien le clave un hacha a un periodista porque se ha metido en su baño a grabarle como caga, ahí se darán cuenta de los excesos a que hemos llegado.

-¿Lees lo que se escribe de ti?
-No, pero me llega igual y me enfurece. Hay gente que vende su vida y allá ellos; que enfrenten las consecuencias. Pero hay otros que no lo hacemos y nos meten en el mismo saco. Eso me parece injusto.

C’mon, Be Honest….Do you Sock Puppet?


John Mackey, el mas alto ejecutivo de los supermercados norteamericanos “Whole Foods Market”, fue descubierto “sock puppeting” en la Internet a altas horas de la noche, cuando su trabajo había terminado, cuando su familia dormía, cuando nadie podía adivinar que estaba ahí, iluminado solo por la luz de la pantalla de su Mac Pro, buscando auto gratificación.

Do you Sock Puppet?

Esta era una práctica mas o menos inocente hasta la llegada de la Internet. Bastaba un calcetín o soquete, una mano desocupada- generalmente la derecha- y, ¡Voilà!, de pronto aparecía un improvisado títere que podía divertir a los niños antes de dormir, a los invitados en la mesa o, si el titerero era afortunado, a su pareja entre las sábanas.

El calcetín, como ocurre con los muñecos de ventrílocuo, servia además de altavoces, un útil micrófono para decir lo que el títeretero-_”sock puppeteer?”- no podía, no quería o no se atrevía a decir por su propia boca.

Llevado a la Internet, “sock puppeting” es el arte de, como dicen los americanos, “blow your own horn”. Es decir, tocar la propia trompeta, alabarse a uno mismo, alardear de sus triunfos, de sus cualidades reales o falsas, sobarse la espalda y, de paso, tirar dardos a los enemigos y contrincantes escondido en una identidad falsa.

En el caso de Mackey, “Rahodeb”.

Rahodeb era un “late- night” visitante a ‘chat rooms’ y ‘message boards’ dedicados a los negocios, que no solo hablaba maravillas de “Whole Food Markets”- y destrozaba la reputación de otras cadenas de supermercados-, sino que, además, inflaba el ego de Mackey con comentarios como: “Me gusta el corte de pelo de Mackey. ¡Se ve bien!”.

¡Cómo debe estar lamentando el ejecutivo ese mensaje!, mas ahora que su afición por las marionetas cibernéticas fue revelada en la primera página de la sección de negocios de “The New York Times”.

Obviamente, no es el único. Según el articulo, el magnate inglés (¿y futuro presidiario? Conrad Black, el fundador de Overstock.com, Patrick Byrne, y el ganador del premio Pulitzer de periodismo, Michael A. Hiltzik, son solo algunos de los ejecutivos, periodistas, escritores y celebridades que han descubierto las ventajas de “sock puppeting”.

Ahora, las autoridades están estudiando si quebraron alguna ley.

Personalmente, no veo nada de malo en crear una imagen positiva de uno mismo en la Internet. Mas aun si, como en mi caso, nadie mas lo esta haciendo.

Esta noche, cuando David se quede dormido, asaltaré el cajón de los calcetines. Elegiré el mas suave, lo pondré cuidadosamente en mi mano derecha como protección, y, escondido en la intimidad de mi oficina, comenzaré mi propio “Sock Puppeting” en la Internet.

Saturday, July 14, 2007

Every Day a Little Death


Todas las mañanas, entre el momento del café y el de la ducha, leo el diario. Y cada día, por lo mismo, parto con mi corazón pesado frente a la larga letanía de tragedias que no por repetidas son menos dolorosas.
Cada día “The New York Times” trae en su primera página otra horrorosa fotografía de Irak.

150 muertos en Amerli, al norte de Bagdad, victimas de un devoto suicida que, con la dulce promesa del martirio y un paraíso lleno de vírgenes, decide correr hacia un mercado repleto de gente en un camión cargado con casi cinco toneladas de explosivos escondidos debajo de sandías, ofreciendo su sacrificio, y el de sus víctimas, a Alah.

El Departamento de Defensa anuncia que, desde el comienzo de la guerra, ha habido 3,588 soldados americanos muertos. Entre las últimas victimas están Steven Daugherty, 28 años, de Barstow, California; Keith Kline, 24 años, de Oak Harbor, Ohio; y Michelle Ring, también de 24, de Martin, Tennessee.

Busco en Google un mapa de Martin, Tennessee, y me encuentro con un poblado de media docena de calles cruzado por la carretera 431.

El pueblo tiene su propio periódico, “The Jackson Sun”, que anuncia en su página web que la policía, en su búsqueda de un asesino en serie, ha decidido registrar camiones en la carretera.

También dice que la ganadora del concurso “Miss Tennesse 2007” es Grace Gore (esta sección viene acompañada de un ‘online special’ con videos y blogs). “Había tantas chicas maravillosas, no puedo creer que tengo una corona en mi cabeza”, declara la reina de belleza.

“The Jackson Sun”, además, ofrece una encuesta a sus lectores, que ahora pueden votar frente a la siguiente pregunta: ¿Cree que America está ahora mas a salvo de los terroristas que en el 2001?

Regreso a “The New York Times”.

Insurgentes en Irak asesinan una madura pareja Iraquí que trabajaba en la embajada americana. Aparentemente, el grupo “Estado Islámico de Irak” secuestró al marido, lo asesinó, y luego mató a su mujer cuando ella apareció con los 1,600 dólares del rescate. “Ella era una dama muy dulce”, dice un funcionario de la embajada, “Esto es increíble”.

Lo increíble es que un funcionario de la embajada americana en Irak todavía encuentre algo increíble.

Recuerdo otro secuestro sobre el que leí hace un tiempo. Otros insurgentes en Irak- o los mismos, quien sabe- secuestraron a un niño de cinco o seis años, lo cubrieron de explosivos, lo amarraron al asiento trasero de un automóvil para despistar a la policía ( ¿quien pensaría que un auto ocupado solo por un niño podría ser tan letal?) y a la distancia, y a través de un celular, lo detonaron.

Sigo leyendo.

Un diluvio deja 660 muertos en India.

Un organismo llamado “The Lower Manhattan Security Initiative” planea instalar 3,000 cámaras en la punta sur de la ciudad como táctica antiterrorista, un sistema parecido al “circulo de acero” que rodea Londres.

Una niña de siete años, Tajahnique Lee, muere asesinada por una bala furtiva disparada durante una pelea callejera entre pandillas en Trenton, New Jersey. Aunque el lugar estaba lleno de gente, no hay testigos.
La propia abuela de la victima dice que no hablará con la policía porque, si lo hace, tendria que mudarse “fuera del país”.

Sigo leyendo.

Buenas noticias: Margaret Hill, una ciudadana británica, fue liberada cuatro días después de haber sido secuestrada por mercenarios armados en Nigeria. “Estaba un poco en trance cuando la recuperamos’, dicen sus padres a la AP, “Creemos que no comió mucho, porque está muy hambrienta. También está cubierta de picadas de mosquitos. Le duelen mucho”.

La victima habló por teléfono con la AP, y declaró que estaba “bien” y muy contenta de ver a su mamá.

Margaret tiene tres años.

Todo esto en un día.

En mi cabeza, mientras me dirijo a la ducha, ronda una canción del musical “A Little Night Music”,

Every day a little death
In the parlor, in the bed
In the curtains, in the silver
In the buttons, in the bread
Every day a little sting
In the heart and in the head
Every move and every breath
And you hardly feel a thing
Brings a perfect little death

Thursday, July 5, 2007

Let's do Drinks in the Library


Una de las ventajas de cambiarse de casa, como hice este 4 de Julio, es la oportunidad de empezar una nueva vida con todo fresco y nuevo.

Esa era al menos la idea.

52 cajas, 16 bolsas, cinco maletas, 2 gatos, David y yo cruzamos el East River de Manhattan a Brooklyn en un gigantesco camión, y a solo un día el nuevo departamento ya tiene ese aspecto cansado y en desorden de un closet olvidado al final del pasillo.

“David, ¿Necesitamos estos cables?”- le pregunté el día de la mudanza, sosteniendo una medusa de enchufes, alargadores y conexiones telefónicas cubiertos de polvo.

“Hmmmm…Llevémoslos, por si acaso…”.

Ahí están ahora, en una bolsa en el armario, seguros de que han encontrado un hogar para la próxima década. Por si acaso..

Las buenas noticias es que ahora tenemos una habitación extra que servirá de oficina, estudio, sala de televisión, pieza de alojados y biblioteca.

Si, biblioteca.

Nunca antes tuve una biblioteca. Solo libros desparramados por todos lados.

“No seria agradable tomar cocktails en la biblioteca y después pasar al comedor cuando tengamos invitados”, sugirió David, que, me temo, ha visto demasiadas obras de Noel Coward. “Let’s do drinks in the library”.

Considerando que la biblioteca estará a la a vista de cualquiera que visite el nuevo departamento y que, como sucede en las películas de Woody Allen, todos pasearán sus ojos por nuestros títulos mientras sostienen un Martíni en la mano, decidí que las repisas debían tener un aspecto elegante y cuidado, y reflejar el amplio espectro de nuestras inquietudes intelectuales.

Abrí la primera caja marcada “books”.

“Gay Guide to the USA” fue el primer titulo que apareció.

Hmmm…Lo puse a un lado, sin saber que hacer con él.

“The Bridget Jones Diaries” venia inmediatamente después, y aunque es uno de mis libros favoritos no me pareció que seria el mas adecuado para impresionar a Andrea, nuestra amiga profesora de Columbia, ambientalista, interesada en política y derechos de la mujer, que en su propia biblioteca tiene una colección de escritos de filósofos alemanes

Estoy seguro que en alguna parte vi un libro de Kant. ¿En qué caja vendrá?

Uno a uno, comenzaron a aparecer los libros de mi propia colección. “The Man Who Was Vogue”, de Carolina Seebohm; la autobiografía de Kitty Carlyle; “Model”, de Michael Gross; “Vogue Dialogues”; “Chic Savages” y “The Fashionable Savages” de John Fairchild; “The Fashionable Mind” de Kennedy Fraser; las biografías de Christian Dior, Halston, Anna Wintour, Jackie Kennedy Onassis, Barbara Hutton, Liz Tilberis, Slim Keith, Irving “Swifty” Lazar; los diarios de Cecil Beaton, de Andy Warhol, de Paris Hilton….

Siguiente caja.

Mi corazón se detuvo cuando vi las cuatro copias de “DV”, la autobiografía de Diana Vreeland; dos en tapa dura, dos en “paperback”, por si pierdo alguno. ¡Cómo amo este libro! …

”I Loathe Nostalgia”, dice el primer párrafo, “One night in Santo Domingo at Oscar de la Renta’s, Swifty Lazar, the literary agent, turned to me and said, “The problem with you, dollface”- that’s what he always calls me- “is that your whole world is nostalgia”. “Listen Swifty, “ I said, “we all have our own ways of making a living, so shut up”.

Puse los cuatro libros en la cuarta repisa de la estantería, el lugar principal, a la altura de los ojos cuando uno se encuentra de pie con un Martini en la mano.

“Four Blondes” y “Sex & The City” de Candace Bushnell venían inmediatamente después, seguidos de “The Mansions of Limbo” de Dominick Dunne, “Circus of Ambition” de John Taylor, y “The Beautiful People” de Coward McCann, los tres dedicados a la sociedad de Nueva York en los ochentas.

¡¿Dónde esta Kant?!

La siguiente caja era de “paperbacks”.

“Snobs” de Jullian Fellowes acumulaba polvo junto a “Los Diarios de Briget Jones” (de nuevo, en paperback, para llevar en los aviones); “Las Brujas de Eastwick” de John Updike, “The Philosophy of Andy Warhol”, y novelas de Jaime Bayly, Pedro Lemebel, Manuel Puig y Alberto Fuguet. Al fondo de la caja había una copia de mi propia novela, “Que Sabe Nadie”, y dos de “Sheila Levine is Dead and Living in New York City”, de Gail Parent, el libro mas importante de mi juventud.

Me senté en el suelo y leí la primera pagina: “A few years ago, on the East Side of Manhattan, not far from Bloomingdale’s, a man set up a business where he sold diet shakes, delicious chocolate milk shakes having only 77 calories…The man was investigated by the Food and Drug Comimission (or whoever it is who does that sort of thing). There were more than 280 calories in those diet shakes!
“I’m commiting suicide. DO YOU WANT TO LIVE IN A WORLD WHERE A MAN LIES ABOUT CALORIES?”.

Solo Dios sabe que vi en Sheila, una solterona gorda, judía, de Nueva York que decide suicidarse porque no encuentra marido. Lo único que se, es que fue mi mas fiel compañera de juventud.

Puse las dos copias junto a la autobiografía de Diana Vreeland, y, para efecto decorativo, instalé entre ellos la foto de “Kitty”, mi adorado gato que se sentaba entre mis pies mirando la ventana mientras yo trabajaba en mi antiguo departamento de la calle 22, en Chelsea.

Kitty murio el 2000.

La siguiente caja era de “coffee table books”, esos gigantescos libros de tapa dura hechos mas como objetos decorativos que como material de lectura: Richard Avedon, Roxanne Lowitt, John Galliano, Lilian Bassman, Chanel, Grace Kelly, Ron Galella, Annie Leibovitz, Faros de Nueva Inglaterra, Departamentos Parisinos, Clubes y Bares, New York 1960, Paris Mon Amour…Un libro detrás de otro, mas pesados que mi “box spring”.

Encontré uno rarísimo, que luce aburrido a pesar de su prometedor titulo: “On the Passage of a Few People Through a Rather Brief Moment in Time”.

Debería revisarlo.

Llego al final del día y aun no había terminado con las cajas de “books”.

“Se que en algún lugar tengo un libro importante”- pense.

“David, ?No teníamos un libro de Kant en alguna parte’?”- David estaba instalando los cables de los televisores en el living y el dormitorio y no contestó.

Hmmm. Abrí una nueva caja y me encontré con una portada que mostraba una cigüeña en diamantes, rubíes, esmeraldas y zafiros bajo el titulo “The Secret Life of the Duchess of Windsor”.

Lo puse en la cuarta repisa, a la vista de todos.